Herido pero intacto
Álvaro Serrano cae corneado por el tercer novillo de su encerrona en Las Ventas.
Hasta ese momento había dejado una grata impresión con capote y muleta.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Prensa Plaza 1
Madrid. Sábado, 10 de octubre. 5ª de la Feria de Otoño. Casi lleno. Novillos de Domingo Hernández, alegre y noble; Fuente Ymbro, noble pero blando; Conde de Mayalde, molesto; Luis González Conde, noble; Montealto, manso y noble; y Julio de la Puerta, encastado. Álvaro Serrano, ovación tras petición, silencio y herido; y los sobresalientes Héctor Roberto; silencio en el que mató por Serrano y ; y Aitor Fernández, ovación tras aviso y silencio tras aviso.
Saludaron en banderillas Iván García y Víctor del Pozo.
Parte médico de Álvaro Serrano: “cornada de 20 centímetros en su pierna derecha que contusiona arteria femoral y produce destrozos en músculos aductores e isquiotibiales. Pronóstico grave”.
Cuando, con la pierna inmóvil y la taleguilla empapada de sangre, Álvaro Serrano era llevado a la enfermería, la misión a la que obligaba una apuesta de tal calibre estaba ya cumplida. Porque el novillero había dejado una notable impresión hasta ese momento fatídico en el que el novillo del Conde de Mayalde confirmó lo que venía avisando. Hasta dos veces el pitón le había marcado la pierna en esa tanda con la derecha y, en el pase de pecho de remate, pese a que Álvaro le había tapado perfectamente la cara, le pegó la tarascada y le metió medio pitón a la altura de la corva.
Al grito de miedo siguió una sensación de lamento que recorrió toda la plaza, sabedora de que el argumento sobre el que giraba la tarde se desvanecía de golpe y porrazo. Serrano, además, estaba gustando: resuelto, variado y muy torero en todo momento. Solo una extraña forma de hacer la suerte de matar, queriendo pasar antes de meter el brazo, generaba serias dudas acerca del éxito numérico de esta encerrona.
Pródigo en quites —hasta cuatro en tres novillos—, Serrano mostró en su faena al buen primero maneras, firmeza y sentido de la medida, quizá demasiado. La basó en la mano derecha y fue de menos a más, con una excelente cuarta y última tanda de toreo fundamental. La cerró con toreros muletazos ayudados antes de dejar una estocada entera y defectuosa. La petición, entre eso y que faltó una tandita más, no cuajó.
Ese primer novillo fue quizá el mejor del sexteto, alegre y noble, pero, en general, la novillada se dejó torear prácticamente en su totalidad. El que le siguió, de Fuente Ymbro, quiso más que pudo, pero, cuando Álvaro lo tocó suave, tuvo muy buen aire por el lado izquierdo, por el que el joven madrileño dibujó templados naturales sueltos. Con la espada marró. Luego, el galope del tercero hizo concebir esperanzas, pero el del Conde de Mayalde hizo carne en un certero pitonazo cuando el joven toreaba con quietud y valor, dando al traste con las ilusiones de Álvaro Serrano y abriendo la puerta de la oportunidad a los sobresalientes Héctor Roberto y Aitor Fernández.
Con bastante voluntad e incluso con apuntes de buen toreo —tanto Héctor como, sobre todo, Aitor—, ambos resolvieron la papeleta con dignidad, respetados por el público y a pesar de la falta de sitio habitual en estos casos. Mientras, en la enfermería operaban a Álvaro Serrano, herido pero intacto de cara al futuro. En una encerrona en Madrid hay que salir por una puerta o por otra.