Héctor Gutiérrez: “Nadie me puede ganar en ilusión”

“Estar por encima del mejor torero de la Historia es imposible”

“Para mí fue un orgullo confirmar en Madrid sin que nadie tuviera que levantar un teléfono”

“El gran problema de México es el bajo nivel del toro y la falta de competencia entre los toreros”

Por Álvaro Acevedo / Fotos: Mauricio Berho

Vino a España siendo casi un niño, a la escuela taurina de Badajoz, y dice que en Ecuextre le regalé dos revistas de Cuadernos de Tauromaquia, una con José Tomás y otra con El Juli en portada. Fueron cinco meses bonitos, pero también duros: tenía 14 años y vivía solo, a miles de kilómetros de su familia. Luego regresó cada año a torear lo que podía, primero erales y luego novilladas picadas. Fue como un máster que duró más de un lustro, hasta 2021, cuando tomó la alternativa. Pero siguió regresando ya como matador: en realidad, el objetivo de Héctor Gutiérrez no era acomodarse en su país, sino ser figura del toreo en España.

Las cosas en México tampoco se le pusieron fáciles, pese a que primero lo apoderó ETMSA y luego un empresario y ganadero del prestigio de Juan Pablo Corona. Paradójicamente, cuando tenía menos apoyos fue cuando se destapó en España. Tras año y medio en solitario, la Copa Chenel le ha cambiado la vida.

Días antes de su regreso a Las Ventas, el lunes 12 de octubre con Morante de la Puebla y Aarón Palacio, hablamos con él en casa de Victoriano del Río, donde tentó cuatro vacas fuertes y bravas ante las que no volvió la cara. Un prueba muy seria a las puertas de la tarde más importante de su vida.

—Cuando te dijeron que eras uno de los elegidos para torear la Copa Chenel, ¿pensaste en ganar o simplemente en llegar lo más lejos posible?

—El año pasado me plantearon que echara los papeles, pero preferí esperar porque aún no me sentía preparado y el tiempo me ha terminado dando la razón. Ya este año, cuando me dijeron que estaba seleccionado, el primer pensamiento fue el de ganarla, pero luego me fui dando cuenta de la competencia tan fuerte que había. Siempre ha sido así, pero este año especialmente: Javier Cortés, Mario Navas, Fabio Jiménez… Había mucho nivel y sabía que en cualquier fase podía quedar eliminado.

—Ahora toca volver a empezar. El 12 de octubre tienes una corrida que es clave, pero la Copa Chenel te ha cambiado la vida de forma bastante notoria.

—Me ha dado mucho, sobre todo visibilidad aquí, donde no me conocía nadie. Ahora, por lo menos, ya van ubicando mi nombre.

—En la Copa Chenel te has enfrentado a toros de muy distintos encastes y has ido resolviendo las dificultades de manera muy brillante. ¿Cómo lo has conseguido?

—Desconectando. Por ejemplo, tenía que pasar de un toro de Adolfo Martín a otro de Castillejo de Huebra y me mentalizaba como si empezara otra corrida nueva, olvidándome de lo que había hecho y procurando estar muy enchufado para el siguiente toro.

—Eso es mentalmente. ¿Y técnicamente?

—Ahora somos muy afortunados de tener muchos vídeos, mucho material. Buscaba corridas antiguas del encaste que correspondiera y me fijaba en todo: su comportamiento en líneas generales, pero también todos los matices: lo que hacían con el capote de salida, cómo había que picarlos, las alturas, la colocación… Todo. Después, toreando de salón, imaginaba que estaba enfrente de un toro de ese encaste y entrenaba enfocándome en ello. La idea era llegar a cada corrida con todos esos detalles muy frescos en la memoria.

—¿Son muy distintas las sensaciones previas a aquella final en Las Ventas de las que tienes ahora, ante el 12 de octubre?

—Es todo muy distinto. Para mí, la final de la Copa Chenel, que además suponía mi confirmación de alternativa en Las Ventas, era un premio. Nadie tuvo que levantar el teléfono para que un torero mexicano confirmara en Madrid. Esa fue la satisfacción más grande que tuve. Llegué porque tuve el mérito y las agallas de abrirme camino. Suena egoísta, pero lo había conseguido por mí mismo. Aquella tarde la viví con mucha ilusión y muy satisfecho. Esta la vivo con el compromiso de saber que todos los ojos del toreo van a estar mirándome. Y eso pesa.

EN MADRID Y CON MORANTE…

—Otra vez en Madrid, pero ahora además con Morante y con un torero nuevo, pero arrollador, como Aarón Palacio. ¿Qué pasa por tu cabeza?

—Muchísimas cosas. Es como el sueño de aquel niño que un día dice: «Yo quiero llegar ahí». Pero claro, luego viene la realidad y es algo muy fuerte. Es la responsabilidad más grande y la oportunidad más importante que voy a tener en mi vida.

—¿Duermes bien?

—Duermo muy bien, pero durante el día tengo momentos de incertidumbre, de no saber qué va a pasar, de no verme capaz. La mente divaga por muchos escenarios, unas veces negativos y otras, positivos. Hay momentos en los que me digo: «Voy a triunfar, me van a salir las cosas de categoría». Cuando me vienen los malos, intento darme información positiva a mí mismo. Decirme que estoy capacitado, que no es la primera vez que me voy a poner delante de un toro, que llego con los deberes hechos. Llevo años dedicando mi vida a torear. Ojalá Dios me acompañe y tenga la suerte de poder hacer algo bonito.

—¿El mejor escenario es pegarle un baño a Morante?

—¡Ja, ja, ja! Estar por encima del mejor de toda la historia es imposible, ¿no? Hacer ese día algo importante me va a relanzar muchísimo, pero no pienso en otra cosa.

—¿Qué te preocupa más?

—A mí, personalmente, el toro. Porque al final el maestro Morante puede salir y cuajar un toro, cortarle un rabo, pero él ya tiene un camino hecho. Aarón también vendrá a por todas, pero tiene su carrera enfocada. Yo lo que necesito es que con los dos toros que tengo pueda estar a un nivel que interese al aficionado.

—¿En qué flaqueas y cuál es tu principal arma?

—Flaqueo en la experiencia, claro. En experiencia me gana cualquiera; en ilusión no me gana nadie. Soy un torero nuevo y voy a entregarlo todo para poder estar a la altura que exige una tarde de esta relevancia.

—¿Te basta con llegar a ser figura del toreo en México?

—No, mi sueño es ser figura del toreo en España, sin ninguna duda. México ahora mismo no está en su mejor momento taurino y creo que el nivel que hay aquí es muy superior en muchos aspectos. Ser alguien importante aquí es muy difícil, pero es mi objetivo y es mi sueño.

—¿Para la Fiesta en México hace falta que un torero del país se convierta en una gran figura en España?

—Muchísima falta. Hace falta por la trascendencia que tendría, porque los niños se volverían a ilusionar y los aficionados volverían a ir a la plaza. Con la Plaza México cerrada, tristemente, tampoco puedes posicionarte en México. El único escenario para que la gente de México vuelva a ilusionarse está aquí.

MÉXICO, O CUANDO EL PROBLEMA ESTÁ DENTRO

—Sobre el panorama taurino mexicano, por un lado me llegan informaciones bastante pesimistas, pero a la vez hay gente que no ve la situación tan complicada ni tan inquietante. ¿Tú qué opinas?

—Yo creo que lo más preocupante, desde mi punto de vista, es que el nivel de las ganaderías es muy bajo y la competencia entre los toreros es escasa. Estas dos cosas son las primeras que hay que arreglar.

—¿Y eso cómo se arregla?

—Profesionalizándonos. Por ejemplo, los tentaderos se han vuelto más una fiesta popular que una prueba para las vacas, y la selección ha ido decayendo. Es muy triste que de una feria de Aguascalientes con catorce corridas te acuerdes de un toro, de dos toros. Antes de la final de la Copa Chenel, el maestro Capea me hablaba de su época, en la que llegaban a una feria en México e iban a por todas porque sabían que iban a embestir un montón de toros. Eso ahora mismo no existe.

—Pero además, casi todos los toreros están en las mismas manos y eso, inevitablemente, genera comodidad…

—Por supuesto. Yo creo que los toreros tenemos que ponernos al máximo nivel. Nos hemos conformado, hemos entrado un poco en un bucle. Muchos saben que, hagan lo que hagan en una feria, al año siguiente van a volver. Yo creo que hace falta un poco de rebeldía por parte de los toreros en mi país.

—¿Crees entonces que el problema fundamental del toreo mexicano es interno, más que externo?

—Sí, así lo creo. Si el espectáculo volviera a generar interés en los aficionados, la Fiesta saldría reforzada.

—En España te conocemos poco a nivel personal. Háblame de tus orígenes.

—Soy de Aguascalientes, una tierra muy taurina. Mi familia no tenía nada que ver con el toreo, aunque mi abuelo es muy aficionado. Mi vecino era Mario Aguilar, que en paz descanse, y a mí me impactaba verlo salir de su casa con el capote, la muleta y la cornamenta para entrenar. Yo creo que entre mi abuelo y Mario me envenenaron.

—Dices que tu abuelo es muy aficionado…

—Sí. Grababa las corridas en vídeo y tenía puestos los toros todo el día en la televisión. Yo me sentaba con él a verlos. Estoy viendo vídeos de toros desde que tenía cinco años. Él fue también el que me llevó por primera vez a una plaza.

—¿Qué te dice ahora?

—Lo está viviendo todo con muchísima pasión y, aunque lógicamente pasa malos ratos, está muy orgulloso de mí. He tenido la fortuna de que me haya podido acompañar dos tardes a Aguascalientes a verme torear y se emociona muchísimo. Él es un loco de los toros. Yo creo que es lo que más le gusta en la vida.

—Has estado sin apoderado un tiempo, pero ahora te has puesto en manos de José Luis Alatorre. ¿Por qué?

—En primer lugar, porque es una gran persona, alguien que va recto por la vida. En ese sentido me ha cautivado. Y luego, porque vengo observando su trayectoria profesional desde hace tiempo y me llama la atención que todo lo hace con mucho interés y cariño. Por todo ello fui a buscarle.

—¿Podríamos decir que existe cierto paralelismo entre tu carrera y la de Alatorre?

—Sí, él empezó también desde cero. Creo que los dos venimos un poco desde la nada y nos hemos ido posicionando. Eso es bueno también para saber tener los pies en la tierra, ser consciente de que el éxito puede ser efímero. Lo veo como una persona sencilla y humilde, que no alardea de nada. Rodearte de gente así también te aporta grandes cosas.

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