Apuntes sin remate
Natural de Sergio Rollón.
La solvencia muletera de Nacho Torrejón y la calidad de Sergio Rollón con la mano izquierda, merecen las únicas ovaciones de la tarde. Buena entrada de público y ambiente sin embargo frío ante los novilleros.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Prensa Plaza 1
Madrid. Jueves, 1 de octubre. 1ª de la Feria de Otoño. ¾ de entrada. Novillos de El Retamar, en general bien presentados y de juego variado, aunque predominando cierta nobleza. Los mejores el 1º y sobre todo el 5º. El Mene, silencio y silencio; Nacho Torrejón, silencio y ovación; y Sergio Rollón, ovación y silencio.
Esta plaza inmensa a veces parece comerse a los novilleros. Fue la sensación que tuve al ver torear al inminente matador de toros El Mene, del que yo creo que todos esperábamos mucho, pero quizá Las Ventas lo engullera esta vez o es que el primero de la tarde le cogió todavía frío.
El caso es que se le escapó. Montado arriba, con cierta pose altiva, luego acudía alegre y se desplazaba, mejor por el izquierdo, protestando más en corto. Lo recibió con buenos lances y, ya con la muleta, cuando El Mene acertó con la distancia y el pulso, lo toreó bien en una serie de naturales, pero el resto del trasteo fue deslavazado y ligerillo, sin cogerle la medida al animal. Fue muy aplaudido en el arrastre y silenciado el novillero, que no tuvo posibilidad alguna de revancha frente al insípido utrero que se lidió en cuarto turno.
Se le fue la tarde entre silencios, mientras que Nacho Torrejón y Sergio Rollón recogieron desde el tercio las únicas ovaciones de la tarde, muy merecidas, por cierto, ante un público que no regaló nada. Torrejón es un muletero solvente que le pega pases a lo que salga. De hecho, su primer enemigo parecía un barrabás en los primeros tercios y en la muleta del jefe de filas parecía otro. ¿Qué hizo Nacho que no hiciera, por ejemplo, Rollón en el quite? Esperarlo. Y así, con la muleta muy bien puesta y quedándose en el sitio, ligó dos buenas tandas por el derecho y una mejor todavía por el izquierdo, que era el pitón más claro del novillo. Debió empezar por ahí para no perder tiempo, porque luego el de El Retamar se fue aburriendo y la faena decayó.
El quinto, feote de estampa, tuvo, sin embargo, veinte arrancadas excelentes y Torrejón las aprovechó. Ejecutando un toreo de perfecto acople, limpio, mandón y ligado, volvió a torear con una impecable técnica en redondo y con un gran trazo al natural, cuajando una serie realmente notable tras la que el animal aflojó. A partir de ahí la faena perdió ligazón y ya llegó menos al público, pero, en cualquier caso, le hubiesen pedido la oreja de matar a la primera.
Si el quinto fue el mejor de la tarde, el descompuesto sexto me pareció el más difícil, y con él Sergio Rollón anduvo decidido, pero sin poder evitar que los gañafones de su enemigo le alcanzaran continuamente la muleta. En el anterior, en cambio, dejó los mejores muletazos del festejo. La diferencia con su compañero es que Sergio no necesita ligar los pases para conectar con los tendidos. Tras soportar una discreta y, sobre todo, premiosa lidia, ser mal picado y después de sufrir una vuelta de campana, ese mansote pero noble tercero llegó con el fuelle justo a la muleta, lo preciso para que el joven Sergio dibujara una buena serie en redondo y, sobre todo, tres o cuatro naturales magníficos, con expresión, trazo y vuelo. Fueron de uno en uno, con el animal ya venido a menos, pero allí rugió la plaza. Aparte del pequeño gran milagro que supone torear en Madrid un año después de una cornada brutal, lo más interesante de este chico es que con la mano izquierda es gente.