Un torero superior a los otros
Daniel Luque destaca técnica y artísticamente en una tarde sentenciada por el cambio de ganadería. Sebastián Castella desaprovecha al mejor toro de una descastada corrida de El Vellosino.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Plaza 1
Madrid. 14 de mayo. 6ª de la Feria de San Isidro. “No hay billetes”. 6 toros de El Vellosino, mal presentados por su tremenda desigualdad y en general deslucidos y sin raza. El mejor fue el 4º. Sebastián Castella, silencio y silencio tras dos avisos; Daniel Luque, aplausos y gran ovación tras petición; y David de Miranda, silencio y silencio.
Cuando una ganadería con buena fama se sustituye por otra con la etiqueta exactamente contraria en una plaza como la de Madrid, la tarde está vista para sentencia de antemano, y no digamos si las previsiones se van cumpliendo toro a toro. Y si por lo que sea un torero se sale del guion previsto y se le ocurre acercarse al triunfo, ya habrá quienes desde el tendido se encarguen de reventar la cosa. No es casualidad, o sea, que las protestas más sonoras de cierto sector del tendido fueron contra Daniel Luque, de largo, el torero que mostró una superioridad técnica y estética aplastante con respecto a sus compañeros.
Porque la historia oficial de la tarde contará que la corrida de El Vellosino fue sosa y blanda, y que con esos toros es imposible hacer algo que interese al público de Las Ventas, y sin embargo Luque fue capaz de hacerlo. En sus dos toros. En el polo opuesto, la lidia de un adefesio de pelo colorao ojo de perdiz lidiado en cuarto turno al que Sebastián Castella le pegaría no menos de cincuenta pases que el animal aceptó sin poner una pega, fijo, noble y sin doblar una mano. Al margen de su limitado mensaje artístico, el atasco del francés con muleta, espada y descabello fue escandaloso, pese a lo cual ganará la opción de que el toro no dijo nada embistiendo. Ni Sebastián toreando, tendríamos que añadir.
Bastante peor, por desequilibrado e incómodo, fue por ejemplo el segundo de la tarde, y sin embargo Daniel Luque fue capaz de embeberlo en la muleta y llevarlo muy medido en naturales excelentes, los mejores de la tarde, que agradeció el público por su temple, ajuste y estilo. En sus manos, cualquier toro de los que salieron hubiese parecido mejor, y así sucedió en los dos de su lote; mientras que con el colorao que había toreado Castella pasó al contrario.
La superioridad de Luque quedó de manifiesto ya sin ningún tipo de dudas en su faena al mastodóntico animal que saltó en quinto turno, tan grande que hasta en un pase de pecho tiró al suelo a Daniel con sus cuartos traseros. De embestida a medias entre reservona y noble, Luque le arrancó series costosas a base de provocarlo mucho y esperarlo más todavía, pisándole los terrenos en el tercio del tendido 5. Su técnica, indiscutible, quedó esta vez sin embargo en un segundo plano, y fueron su ambición y raza las bases de una obra muy meritoria rematada de estocada en todo lo alto, como la que cobró en su primer toro. Hasta en esto fue mejor que sus compañeros, que se tiraron a los bajos de manera descarada, pero tras petición insuficiente de oreja no le dejaron dar una vuelta al ruedo que se había ganado con creces.
Con Luque empezó y acabó la tarde. David de Miranda tiene una segunda tarde para sacarse la espina de su voluntariosa pero intrascendente actuación frente a un lote deslucido. Sebastián Castella, también.