Aarón Palacio replica a las figuras
Morante, Manzanares y Aarón Palacio, a hombros en Marbella.
Excelente actuación del torero maño en la Corrida de los Candiles de Marbella. Salió a hombros junto a un imperial Morante y a un muy mejorado Manzanares. Nobilísima corrida de Cayetano Muñoz.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Aritz Arambarri
Marbella. Viernes, 7 de agosto. Corrida de los Candiles. "No hay billetes". 6 toros de Cayetano Muñoz, justos de presencia, medidos de fuerza pero nobilísimos. Con algunos matices, embistieron los seis. Morante de la Puebla, oreja y oreja; José Mari Manzanares, dos orejas y silencio; y Aarón Palacio, dos orejas y oreja.
La plaza de Marbella estaba cerrada hace pocos años y ahora se pone el "no hay billetes" al reclamo de Morante. Esto puede ser casualidad o el resultado de hacer bien las cosas, con categoría. Yo me inclino por la segunda opción, pero en lo que no hay duda es en el acierto a la hora de idear el cartel: una promesa al lado de dos toreros afamados, fórmula tan poco habitual entre los mismos empresarios que luego dicen que no salen toreros nuevos. La elección fue en este caso perfecta, Aarón Palacio, un ejemplo de talento y ambición.
Abriendo plaza, Morante deleitó con un torillo de Cayetano Muñoz que en otras manos hubiera quedado en el anonimato. No es que fuese malo, al revés, pero tuvo tan poco empuje y tanta calidad, que si cae en manos de un matatoros lo desgracia. Lo saludó con lances acompasados y lo toreó luego de muleta a las mil maravillas, acariciándolo más que otra cosa. Veinte muletazos exquisitos, a veces a cámara lenta al son de la adormecida arrancada del animal, y una estocada al segundo intento, le valieron la primera oreja de la noche.
Otra se llevó del segundo por una faena literalmente inventada. Faltó de celo y mermado por una mala caída, acometía el animal muy a su aire, sin ganas de pelea, pero como este Morante de hoy casi nunca pierde la motivación, lo fue encelando en su muleta, tapándole la cara, y finalmente alegrándolo con un tranquito hacia delante, hasta hacerlo ir por donde no quería. Derrochando además gusto y gracia, nueva salida a hombros con un lote que no le hubiera valido a nadie más.
Le acompañaron Aarón Palacio y un esperanzador Manzanares. A José Mari le veo mucho mejor desde la corrida de Victorino de Alicante, y hoy lo volvió a demostrar. Todavía un poquito escayolado a veces, pero ya toca a los toros más suave, y sobre todo con la izquierda los coge y los suelta, no se los echa encima. Acompasó su toreo de acompañamiento a la embestida muy templada de su primero, toreándolo con elegancia y empaque. Y entendió muy bien al quinto, otro buen toro aunque no tan definido desde primera hora, logrando buenas tandas sobre todo al natural, aunque con este falló llamativamente con la espada.
Pero la gran noticia de la noche –al menos para quien que no lo conociera– fue Aarón Palacio, que desplegó con una soltura admirable todas sus cualidades. Frente a un nobilísimo lote de Cayetano Muñoz, se destapó como un gran capotero tanto a la verónica como por chicuelinas, demostrando que lo de Santander no fue casualidad; y como un excelente torero con la muleta. Dueño de una inteligencia privilegiada y de un valor que exhibe con desparpajo, ejecutó un toreo asentado y natural, sin retorcerse, sobrado de temple y gusto, clásico por naturales y redondos, muy bonito en el toreo de adorno, bordándolo en ayudados, cambios de mano y pases de trinchera. Dos faenas de menos a más, impropias de un principiante, siempre en torero, apretando con agallas, sin dejarse ganar la pelea, pero sin perder nunca sus muy buenas maneras. Desde los ayudados de rodillas de su primer toro hasta las manoletinas con las que abrochó la faena al sexto, todo lo que hizo estuvo muy bien hecho. Pese a pinchar una vez a sus dos toros cortó tres orejas y, lo más importante, lo vio toda España, aunque estas corridas de pueblo jamás deberían televisarse...