Un manifiesto anticaspa

Gran muletazo de Diego Mateo.

El salmantino Diego Mateos corta la única oreja de la tarde y acaricia la Puerta Grande. La floja novillada de Adelaida Rodríguez condiciona la brillantez del festejo.

Por Ana Pedrero / Foto: BMF Toros

Salamanca. Viernes, 18 de septiembre. 4ª de abono. ¼ de entrada. Novillos de Adelaida Rodríguez, bien presentados, con clase pero faltos de fuerza. El 1º fue devuelto tras partirse un pitón por la cepa. El 5º, inválido. ​Pedro Andrés, ovación y ovación tras aviso; ​Mario Vilau, ovación y ovación; y Diego Mateos, oreja y vuelta al ruedo tras petición.

La novillada de Salamanca, en el papel, era un manifiesto anticaspa digno para disparar las iras de los anti-todo. Un novillero del País Vasco; otro de Barcelona, catalán, que brindó su primero a Antonio Barrera, un sevillano hecho en Cataluña; la solemnidad del himno de España antes de romper el paseíllo; la grada de sol y parte del tendido con centenares de jóvenes que apoyan, viven el toreo. Elementos todos para disparar el cortisol de la charocracia patria, las iras de los podemos que no pueden y demás prohibicionistas.

 ​En lo ganadero, se lidió un encierro de Adelaida Rodríguez, con novillos con mucha clase en sus embestidas pero condicionado de principio a fin por una manifiesta falta de fuerzas que lastró el desarrollo de los trasteos. ​Pedro Andrés rozó el percance al punto de ser cogido en la puerta de chiqueros por el que abría plaza, un novillo devuelto tras partirse el pitón por la cepa. Aguantó con firmeza la salida del sobrero, con casi hechuras y cara de toro, y que lo midió mucho ya desde el recibo. Fue un animal complicado, deslucido y sin entrega, ante el que el novillero poco más pudo hacer que intentarlo. Tampoco logró acoplarse con el cuarto, novillo que requería otro temple, otra distancia y otro toque, y al que no vio claro en ningún momento aunque rubricó su faena con una efectiva estocada.

​Con otro son, ritmo y alegría salió el segundo de la tarde, que prometía buenas cosas pero se vino abajo estrepitosamente en la muleta de Mario Vilau por su endeblez. El novillero catalán lo puso todo de su parte: acortó distancias, buscó las cercanías sin guardarse nada y mostró una excelente disposición. En el quinto, un colorado vareado de carnes pero bien armado, Vilau se fue a portagayola. El de Adelaida resultó ser un inválido que el presidente mantuvo en el ruedo. Con más oficio que acierto, el novillero empeñó su trasteo en prolongar una faena de pases p’acá y p’allá que no llegó a romper.

​La primera y única oreja del festejo llegó en el tercero, un novillo aquerenciado pero que regaló nobles embestidas. Diego Mateos tiró de disposición, por momentos atropellado, por esas ganas sin domar de triunfar en casa. Faltó ajuste, pero dibujó buenos muletazos. El sol, la juventud y el paisanaje soplaban a favor y una espada efectiva hizo el resto. Con esa misma hambre se fue a la puerta de chiqueros a recibir al que cerraba plaza, al que meció luego a la verónica en los lances más bonitos de la tarde. En la muleta, aunque faltó ajuste general, Mateos echó mano del temple por el pitón izquierdo y dejó naturales de buena factura y sensaciones muy notables. Pese a su corto bagaje, el salmantino demostró que hay novillero y se ha ganado por derecho propio volver a La Glorieta.

 

 

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