Roca Rey desentierra el tomahawk

Andrés Roca Rey

Heroica tarde del diestro peruano, en figurón del toreo. Con tres orejas sale por la Puerta de los Cónsules.

Texto y Fotos de Mauricio Berho

Plaza de toros de Nimes. Primera de la Feria de la Vendimia. Casi lleno. Toros de Victoriano del Río, Jandilla (3º y 4º) y Toros de Cortés (6º),  muy bien presentados y desiguales de comportamiento. ALEJANDRO TALAVANTE, silencio tras aviso, ovación y silencio. ROCA REY, silencio tras dos avisos, dos orejas tras aviso y oreja. Agustín de Espartinas y Viruta saludaron.

 

Roca Rey alumbra la tarde de Carmen. En su primer toro estuvo allí, cumpliendo su papel, por encima del bien y del mal, sin alcanzar ni al bien ni al mal. Fumando la pipa de la paz. Pero en el segundo apareció ya el Roca que gusta y se reivindica como figurón del toreo: el que está por encima del mal, incluso cuando el toro no acompaña, el que entiende que cada toro exige su propia lidia, su propia pelea, y que, si se hace el esfuerzo, a veces la tarde cambia de dimensión.

Ante ese segundo toro, un bravo Verbenero, de Jandilla, Roca apostó de verdad. El toro era exigente y se topó con un auténtico figurón que asumió su papel. Apostó y lo consiguió. Desde los pases cambiados en el centro hasta las tandas por los dos pitones, y sobre todo cuando decidió pisar el terreno del toro, arrastrando la muleta, la faena fue creciendo hasta poner la plaza en pie. Dos orejas después de una estocada hasta las cintas. Una faena rotunda, de las que levantan definitivamente una tarde.

Pero donde volvió a aparecer ese Roca que inspira respeto fue en el sexto, un toro de Cortés, áspero, incierto, despegado del suelo, chivatón, como dicen los entendidos, de esos que no regalan una embestida. Cada pase era un toma y daca. Y, aún así, Roca sacó esa mirada que aparece cuando hay que ir más allá. Y fue más allá. Se jugó la vida de verdad, sufrió una voltereta impresionante y quedó durante unos instantes a merced del toro. Se levantó, ciertamente mermado de facultades, echó a todo el mundo con rabia, desenterró el tomahawk, volvió delante del morlaco y siguió mandando, apostando lo indecible. No estuvo mucho tiempo porque ya no podía más. El suficiente para demostrar quién mandaba allí. Una oreja después de un pinchazo hondo y la Puerta de los Cónsules abierta. Antes de empezar la faena le había brindado la muerte del toro a su padre.

Son tardes a las que yo me apunto. Me apunto a Roca, aunque esté mal visto ser partidario de Roca. Parece que hoy es más fácil demostrar que uno es buen aficionado siendo detractor de Roca que reconociendo lo que hace cuando alcanza esa dimensión. Yo soy partidario de Roca cuando saca esa imagen distinta, esa manera de llegar donde llegan muy pocos. Porque cuando llega, llega de verdad. Y entonces pone todo el mundo de acuerdo, menos algunos de por allí abajo.

Después se entretuvo con el descabello y el toro tardó en doblar, pero eso no cambia lo esencial. Estuvo tremendo de entrega. Y eso, esta tarde en Nîmes, no lo puede negar nadie.

Talavante tuvo menos suerte con su lote, pero no por ello dejó de plasmar su sello en la tarde. En su primero, un toro de Victoriano del Río con buen fondo aunque escaso de emoción, fue construyendo una faena a más, con temple, armonía y, sobre todo, un toreo al natural que tuvo momentos de mucha categoría, antes de cerrarla por luquesinas. El tercero, de Jandilla, tuvo un peligro sordo aunque no transmitió demasiado, pero Talavante volvió a mostrar su disposición desde el capote y dejó un cambio de mano de categoría y algunos naturales de mucho gusto. El quinto, de nuevo de Victoriano, fue probablemente el peor del encierro, muy agarrado al piso, basto de embestida, cansino y de hechuras muy de Bayones, con la raza justa. Allí el extremeño poco más pudo hacer que enseñarlo por los dos pitones. No tuvo suerte, pero sí estuvo.

Pero esta tarde tenía un nombre. Roca Rey. No por haber cortado tres orejas ni por haber abierto la Puerta de los Cónsules. Sobre todo por haber cruzado la frontera, por no administrar el riesgo, por asumirlo y por pisar esos terrenos comprometidos con una verdad apabullante. Es ahí donde yo quiero ver a Roca. Es ahí donde, para mí, aparece el figurón. Porque cuando cruza esa frontera, cuando llega hasta ahí, llega de verdad.

Y que conste: hoy, aquí, en Nîmes, se ha lidiado una corrida muy desigual de hechuras, pero muy seria. Y eso también forma parte de la tarde.

 

 

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