La ignorancia da la felicidad

Puerta Grande para Roca Rey y Marco Pérez, muy por debajo de varios toros excelentes de Garcigrande. Talavante hace lo único de calidad de toda la tarde.

Por Álvaro Acevedo / Foto: BMF Toros

Salamanca. Domingo, 13 de septiembre.  3ª de feria. "No hay billetes". 6 toros de Garcigrande, bien presentados y de buen juego en general. Los mejores, 2° y 6°, este premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. Alejandro Talavante, silencio tras aviso y oreja; Roca Rey, oreja y dos orejas; y Marco Pérez,  oreja tras aviso y dos orejas.
Roca Rey y Marco Pérez, a hombros.
Saludaron en banderillas Viruta, Elías Martín y Pablo García "El Añojo". Estupenda lidia de Agustín de Espartinas.

Algunos incomprensibles silbidos acompañaron la faena de Talavante al primero de la tarde, un toro noble y de escaso fuelle al que el extremeño toreó sin despeinarse, con algunos muletazos sueltos excelentes y unos pases de pecho perfectos. Las discrepancias del público que llenaba la plaza entiendo que serían por contemplar al extremeño como telonero de la figura del cartel y del fenómeno de la tierra, así que cuanto antes acabara mejor.

Desde luego, la actitud con Roca Rey fue radicalmente distinta. También el toreo del peruano frente a un toro un punto remiso pero que cuando embestía era una máquina de comerse la muleta, con una clase y entrega excepcionales. Andrés lo muleteó rápido y rectilíneo con la izquierda, haciendo luego la noria con la derecha, recurriendo en cuanto pudo a una retahíla de circulares primero y a unas bernadinas después, antes de un bajonazo indecoroso. Por esto hubo hasta quien pidió las dos orejas...

No paseó evidentemente más que una, y otra rebañó Marco Pérez pese a un pinchazo antes de la estocada y media faena muy pueblerina al primero de su lote. Comenzó con toda la cuerda dada yéndose a portagayola, si bien cuando vino el toro soltó el capote y se echó al suelo precipitadamente. Tuvo un buen inicio de faena, porque al toro le costaba y Marco lo empapó bien en el engaño obligándolo a ir por donde no quería. Luego empezó a abusar de pases en círculo en los que pareció un tiovivo, cerrando con un arrimón final de poco fuste.

Comparada la siguiente faena firmada por Talavante con todo lo anterior, las diferencias fueron evidentes. Sin cuajar nada redondo, los diez o doce muletazos repartidos entre ambas manos que le dio a un burel toreable, temperamental y yo entiendo que falto de ritmo tuvieron esa calidad que no se había podido ni siquiera intuir en los otros trabajos, dicho sea esto de trabajo con toda la intención del mundo. Completó una faena irregular, con algunos tropezones en la muleta, pero en lo que lo bueno fue muy bueno, más ligado con la derecha pero también dejando inconexos naturales de gran estilo. Buena estocada y oreja lógica, no como las que llegaron antes y las que vendrían después.

Desde los parámetros de la emotividad, el momento más intenso de la tarde llegó en la lidia del quinto, cuando se le vino fuerte al Viruta para que banderilleara de poder a poder y saludara luego una gran ovación. Su jefe de filas le hizo un sentido brindis antes de arrancar la faena con unos arriesgados pases de rodillas por la espalda. Recuperada la vertical todo volvió a su ser, o sea, un toreo de dominio sin eco a un toro fijo y noble, de mucha duración. La faena se dilató hasta el hartazgo con pases y más pases por ambos pitones entre la indiferencia general, hasta que un arrimón final y un desplante lleno de arrogancia levantó al público de sus asientos. ¿Había estado mal Roca Rey? Ni bien tampoco, pero el caso es que hasta que no acortó la distancia, se dejó rozar los pitones y se descaró con la gente, allí no le pegó un ole ni la familia. Le dieron dos orejas tras estocada a modo de puñetazo.

Más grave fue lo de Marco. Dispuesto a no quedarse atrás, se volvió a ir a los chiqueros para saludar al sexto, ejecutando ahora sí la larga cambiada con mucha limpieza. Ligó a continuación unas alegres chicuelinas, midió al toro en el caballo, quitó con vistosidad y muleteó a velocidad de vértigo. Su faena dejó muchísimo que desear: metido siempre en la pala del pitón con la mano derecha y despegadísimo con la izquierda, desperdició a un toro excelente con un toreo resultón, comunicativo, abundante en recursos, escaso de sello, ajuste y pureza. En una palabra, decepcionante. Tras media estocada mortífera, le dieron otras dos orejas y empatado a tres con Roca Rey, ambos salieron por la Puerta Grande entre la felicidad de la gente. Si en ese momento les digo que el que estuvo medio bien fue Talavante, me mantean delante de la estatua de El Viti.

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