Marco Pérez, solo contra seis

Derechazo de Marco Pérez

Hay encerronas que se ganan con los toros y hay encerronas que se ganan contra los toros. La de Marco Pérez esta mañana en Nimes pertenece, en buena medida, a la segunda categoría.

Texto y Fotos de Mauricio Berho

Plaza de toros de Nimes. Corrida de toros. Cuarto festejo de la Feria de la Vendimia 2026. Tres cuartos de entrada. Toros, por orden de lidia, de El Freixo, Santiago Domecq, Juan Pedro Domecq, Pagés Mailhan, El Pilar y Jandilla, bien presentados y desiguales de juego. MARCO PÉREZ, oreja, silencio, oreja tras aviso, silencio tras aviso, oreja con petición de la segunda tras aviso y dos orejas tras aviso.

 

Cinco orejas y la Puerta de los Cónsules dicen una cosa. La corrida, sin embargo, contó otra. Los seis toros, de seis ganaderías diferentes, tuvieron un denominador común bastante menos brillante que el resultado: nobleza, sí, pero poca fuerza, poco fondo y, sobre todo, escasa transmisión algunos y falta de clase otros. Marco tuvo que inventarse buena parte de la intensidad que les faltaba a sus oponentes

Y eso cambia la lectura de una encerrona que, sobre el papel, podía parecer diseñada para el triunfo.

El El Freixo le permitió comenzar con cierta solvencia y terminó cortándole una oreja. El Santiago Domecq, noble pero muy justo de fuerzas, no tuvo apenas recorrido. Con el Juan Pedro Domecq, un bonito jabonero, Marco tuvo que esperar hasta el final para encontrar las mejores series. El Pagès-Mailhan, noble pero corto de viaje, acabó refugiándose en las tablas. Con el El Pilar, recibido a portagayola, volvió a aparecer el Marco que entiende que cuando el toro no pone la emoción hay que buscarla en otro sitio. Y el sexto, un Jandilla que tampoco terminó de romper, cerró la mañana con dos orejas después de otra portagayola, variedad con el capote y una estocada de las que sostienen una actuación.

Quizá ahí esté lo más interesante de esta encerrona. No hubo un toro que se llevara por delante la mañana. No hubo tampoco una faena que pudiera explicarlo todo. Hubo algo más difícil de medir: la capacidad de un torero de dieciocho años para permanecer dentro de la tarde durante seis toros que, por diferentes razones, apenas le ayudaron.

Marco no tuvo seis enemigos de seis características distintas. Tuvo seis toros que, cada uno a su manera, le obligaron a tirar de oficicio aunque es sorprendente hablar de oficio con un torero de tan corto recogido.

La espada, además, fue decisiva. Cinco estocadas eficaces en los cinco últimos toros terminaron convirtiendo en trofeos muchas cosas que durante la faena se habían quedado a medio camino. La contundencia con la espada terminó de ponerle número a una mañana que, por su contenido, merecía ser leída con algo más de calma que la simple suma de las cinco orejas.

Hay otro dato que no debería perderse. Marco llegaba de Murcia, donde la noche anterior había cortado cuatro orejas y un rabo. Después de nueve horas de carretera volvió a vestirse de luces en Nimes para encerrarse con seis toros. Nueve toros en menos de veinticuatro horas. Eso convierte la encerrona en algo más que un cartel llamativo: fue también una prueba física y mental que el joven salmantino consiguió atravesar sin dejar que el cansancio apareciera como excusa.

Nimes, además, empieza a ocupar un lugar particular en la historia de Marco Pérez. Aquí tomó la alternativa hace un año. Aquí cortó después dos rabos consecutivos. Y aquí, esta mañana, decidió quedarse solo frente a seis.

Cinco orejas después, salió por la Puerta de los Cónsules.

Pero quizá lo que más importe no sean las cinco orejas. Quizá sea haber entendido que una encerrona no consiste únicamente en tener seis toros delante. Consiste en aceptar que durante dos horas y media nadie puede compartir contigo la responsabilidad de que aquello suceda.

Esta mañana, en Nimes, Marco Pérez estuvo verdaderamente solo contra seis.

 

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