Arles: una tarde al filo del abismo con un Roca Rey pletórico
Derechazo de Roca Rey
Durante unos segundos, en el Coliseo de Arles dejó de existir la corrida. No hubo orejas, ni música, ni pañuelos. Sólo un torero en el suelo y un toro que acababa de llevárselo por delante con una violencia que hizo pensar en lo peor.
Texto y Fotos de Mauricio Berho
Plaza de toros de Arles, Francia. Corrida Goyesca. Feria del Arroz 2026. Casi lleno. Toros de Jandilla, Vegahermosa (2º) y Román Sorando (4º bis) de buen juego en su conjunto, mejores el tercero y el quinto, ambos premiados con la vuelta al ruedo. JUAN ORTEGA, oreja y silencio ROCA REY, oreja y dos orejas y rabo, MARCO PÉREZ, dos orejas y ovación
Roca Rey había apostado fuerte con el quinto y el toro le respondió de la manera más cruda. Lo zarandeó, lo levantó, lo tuvo prendido del pitón y convirtió por un instante una tarde de triunfo en una escena de angustia. La plaza entera contuvo la respiración.
Lo sobresaliente vino después.
Roca Rey volvió a levantarse y regresó a la cara del toro. No lo hizo para cumplir, sino para continuarla, para acabar lo que había comenzado. Dolorido, visiblemente castigado, regresó al centro del ruedo y siguió toreando. En ese momento ya no se trataba solamente de la calidad o de la largura de los muletazos. Había algo más profundo: la voluntad de no permitir que la cogida decidiera el desenlace de la tarde. El peruano terminó imponiendo nuevamente su ley, alargando los muletazos, bajando la mano y llevando la faena hasta unas manoletinas finales de escalofrío que levantaron al Coliseo. La estocada puso el punto final. Dos orejas y rabo. El toro, además, fue premiado con la vuelta al ruedo
Ese quinto le dio mejor que cualquier estadística la dimensión de la tarde de Roca Rey, que salió convertido en el gran protagonista de una Goyesca que quedará asociada a su capacidad para sobreponerse al riesgo. Ya había cortado una oreja al segundo, un Vegahermosa exigente pero con fondo, al que consiguió someter en una faena construida desde el centro del ruedo.
La corrida, además, ofreció materia para que otros dos toreros dejaran su impronta. Marco Pérez salió de Arles con la sensación de haber dado un paso importante. No fue sólo la rotundidad de las dos orejas del tercero. Fue la manera de construir una faena ante un Jandilla bravo y con clase, el mejor de la tarde, un toro que permitió al joven salmantino mostrar una tauromaquia asentada sobre la autoridad y la capacidad de ligar. Especialmente al natural, Marco Pérez encontró una dimensión de mando que ya no parece la de un torero al que se espera, sino la de uno que empieza a ser esperado. Se le dio la vuelta al ruedo al magnífico ejemplar de Borja Domecq.
Con el sexto quiso se fue a la puerta de chiqueros, dispuesto a no ceder terreno, y después tuvo que enfrentarse a un toro más exigente y de menor recorrido. Lo buscó hasta el final, incluso cuando las fuerzas del animal comenzaron a desaparecer. Tres pinchazos dejaron en ovación lo que podía haber sido otro premio.
Juan Ortega recorrió un camino diferente. El sevillano puso en la tarde aquello que no necesita imponerse para permanecer: la expresión. Su primer toro le permitió dibujar un recibo de capa de enorme calidad y, después, algunos muletazos en los que apareció ese toreo suyo de trazo limpio y natural. El animal se complicó, pero Ortega supo buscarle las vueltas y encontró belleza donde otros habrían buscado únicamente dominio. Cortó una oreja.
El cuarto, devuelto por partirse un pitón, dejó paso a un sobrero de Román Sorando poco apto para el lucimiento. Hubo, especialmente al natural, momentos de gran calidad. No fue una faena para el resultado, pero sí para la memoria de quienes saben reconocer un muletazo cuando aparece.
Y así fue una Goyesca que tuvo algo más que una buena tarde de toros. Hubo toros que embistieron, dos de ellos premiados con la vuelta al ruedo, hubo tres toreros capaces de dejar huella y hubo, sobre todo, un instante que cambió la percepción de la tarde.
Roca Rey estaba en el suelo. Durante unos segundos nadie sabía cómo iba a terminar aquello. Después se levantó.
Y volvió a ponerse delante del toro y la armó.