EL QUE TIENE TEMPLE, ES PORQUE TIENE VALOR  

Derechazo de David de Miranda

Puerta Grande para un lanzado David de Miranda. Emilio de Justo la pierde con la espada ante el mejor lote. Sin suerte Urdiales, deja muletazos de mucho sabor.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Vanesa Santos

Salamanca. Sábado, 12 de septiembre. 2ª de feria. Menos de media entrada. 6 toros de Domingo Hernández, en general bien presentados y de juego dispar. Destacaron 2° y 5°. Diego Urdiales, ovación y silencio; de Justo, oreja y ovación; y David de Miranda, silencio y  dos orejas. Salió a hombros.

Se presentaba en Salamanca David de Miranda y lo hizo desplegando sus principales virtudes, que son el valor y el temple. Sin lo primero es difícil que haya de lo segundo. La corrida de Domingo Hernández no estaba sirviendo con el capote, muy suelta y aquerenciada, pero en la muleta habían roto dos toros, ambos en el lote de Emilio de Justo.
No había valido el primero del onubense, bonito pero escaso de trapío y manseando en exceso. David no perdió mucho tiempo con él, decisión inhabitual y siempre de agradecer, pero el sexto si fue un buen toro, repetidor, alegre y noble.  David se hizo pronto con él,  lo llevó con mando en redondo, muy cosido a la muleta, pero la faena cogió más fuerza con la izquierda, sobre todo en unos naturales excelentes, reduciendo la embestida con un temple tremendo.  David de Miranda ha evolucionado en cuanto al control de las embestidas, su toreo ya no es deslavazado, cada vez se reúne más con los toros, y apoyado en su tremendo valor, los espera muchísimo y los desengaña. Fue una faena de menos a más que terminó con unas mondeñinas tremendas, casi sin sacar la muleta del cuerpo, como disfrutando de la cercanía del toro mientras asustaba a la gente. Estocada hasta la bola y Puerta Grande en la tarde de su presentación en Salamanca.
Los toros de más clase fueron segundo y quinto, ambos en el lote de Emilio de Justo. Le hizo cosas buenas al primero con la mano derecha, los doblones iniciales, unos redondos echado en los riñones al principio, y otra serie final con la derecha, ahora sin espada, antes de coger la espada. En mitad de la faena, sobre todo con la izquierda, perdió el pulso.  La estocada fue de ejecución bellísima. Le pidieron las dos orejas pero con una estuvo bien.
El quinto era gigante, pero todo lo que tenía de grande lo tenía de noble. Se sintió mucho el extremeño con ese toro, que era de seda, en una faena limpia, de plantas asentadas y toreo muy acoplado con ambas manos. Tres pinchazos le quitaron la salida a hombros.
La suerte en cambio le dio la espalda a Diego Urdiales desde que salió su primer toro, descoordinado, que tuvo que ser devuelto. Se corrió turno y el que iba a ser cuarto dio guerra, bruscote y sin entrega. Mejor por el izquierdo, Diego le dio unos naturales excelentes, los de más sabor de la tarde, y media estocada en la yema. El sobrero era sobrero por algo, fue el peor con diferencia del sexteto, y el riojano lo mató pronto y bien.

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