Fortesmanía en La Malagueta
Fortes torea por naturales al primero de su lote.
Fortes sale a hombros tras sendas faenas plenas de entrega y la concesión de tres generosas orejas. Gran tarde de Morante de la Puebla sin premio final. Urdiales, con la suerte de espaldas.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Tauroemoción
Málaga. Jueves, 20 de agosto. “No hay billetes”. 6 toros de Núñez del Cuvillo, desiguales de presentación y de escaso juego en general. Los peores, 2º y 5º. Destacó por bravo y serio el 6º. Morante de la Puebla, gran ovación en ambos, en su primero tras petición y en su segundo, tras aviso; Diego Urdiales, ovación en ambos; y Fortes, oreja y dos orejas. Salió a hombros.
Saludó en banderillas Curro Vivas, Juan José Trujillo y Javier Gómez Pascual.
Tres toreros en realidad muy distintos pero sustentados en ese don que es la pureza pusieron en Málaga el primer “no hay billetes” de la Feria. Esto, con Morante al frente del milagro, dejará de ser posible en unos años incluso aunque el maestro siga toreando. El buen gusto ha sido toda la vida una cuestión minoritaria, aunque ahora esté de moda.
A Morante le bastó la media arrancada del primer toro de la tarde para hacer una faena modélica, de una serenidad pasmosa, metido en los terrenos del toro y dibujando redondos lentos y ligados y algún natural suelto excelente. Con una colocación colosal. Tan confiado estaba que el de Cuvillo le echó mano al volverse de un pase de pecho y encontrarse la pierna del torero, así que no tuvo más que alargar la gaita y pegarle una voltereta de esas de latiguillo. Lo tuvo a placer para, en el suelo, haberlo rematado, pero el toro estaba tan falto de agresividad que no quiso. Volvió Morante a la cara de su oponente con la misma calma, y tras un par de tandas pasándose ya de faena, lo mató bien y la petición no cuajó por lo que decía antes, porque el buen gusto es tan minoritario como lo de Veragua.
Lo del cuarto fue digamos que una mezcla entre excelencia y caos desde el primer lance, sublime, con el que Morante recibió a un animal plagado de incomodidades entre las que destacaban su carácter andarín y su falta de fijeza, pendiente de todo menos de la muleta. Esta informalidad quedaba compensada con una clase especial al meter la cara, o sea, una especie de garcigrande con el hierro de Núñez del Cuvillo. Aquí aconteció lo mejor de la tarde en medio de no pocos enganchones y altibajos. Una manera de ralentizar los muletazos, de ajustarse con el toro, de derrochar hondura y cadencia sólo en manos de este genio de la Puebla del Río. Su última serie, por inmensos naturales, ahí quedó para insistir en lo de que después de Morante nadie. Pinchazo hondo y esta vez ni un pañuelo. Es decir, acudir a la misa y no entender la homilía.
Más empuje que el lote de Morante tuvo de salida el segundo, bajo y bonito, pero el fuelle le duró una chispa. Fortes le hizo un buen quite por chicuelinas en su turno, y Diego Urdiales le pegó una serie impecable en redondo. Después, la aflicción que experimentó el animal me pareció de índole enfermiza. Pinchazo y gran estocada. No mejoraron las cosas cuando apareció por la puerta de chiqueros el quinto, un perfecto adefesio que embistió a pezuñazos. Urdiales lo intentó a base de recursos, que no es lo suyo, y dejó media espá en su sitio, saliendo el buey muerto de los vuelos de la muleta.
Hay una especie de fortesmanía en Málaga, y eso es bueno aunque a veces pueda llevar a engaño. O sea, Saúl cortó tres orejas porque su generosa entrega encontró una exagerada reciprocidad en el tendido, pero su actuación quedó lejos de otras tardes, sencillamente memorables, que ha protagonizado el malagueño en este mismo ruedo.
En su primer turno, Fortes lanceó asentado a un toro suelto de carnes que apuntó clase en los primeros tercios porque cogía los capotes por fuera. Parecía ser de carril, pero después de un tremendo inicio de faena, con el malagueño hincado de rodillas toreando en redondo, el animal comenzó a desentenderse de los avíos aun manteniendo la movilidad. Entre eso y el viento, que arreció ahí sin misericordia, la faena fue más intención que otra cosa. Toreó Saúl con valentía y ganas, pero los muletazos no iban más allá del embroque, con el toro desentendido en los remates y la muleta engurruñada por el aire. Sólo las manoletinas, al ser una suerte rematada por arriba, ocultaron la falta de codicia del toro, que fue muerto de pinchazo y media estocada. Le dieron a Fortes una cariñosa oreja.
Otra cosa fue lo del sexto, un toro costoso, pero con la bravura y el carácter que no tuvieron sus hermanos. La faena de Fortes tuvo la emoción que suele derivarse del choque entre un torero valiente y un toro de verdad. Con tandas ligadas sobre todo por el pitón derecho, que era el pitón bueno, Fortes se entregó sin reservas aunque el toreo no fluyera como otras veces, con la honestidad primando sobre la clarividencia. Muy de verdad, pero un poquito amontonado.
Un golletazo no fue óbice para que le dieran incluso las dos orejas; y antes de empezar la corrida, en ese mismo ruedo, habían homenajeado al presidente de un equipo de fútbol. Mientras discutimos si la Malagueta debe ser de primera o de segunda categoría, cada día que pasa se parece más a una de tercera.