El toreo al natural según Emilio de Justo.
Natural de Emilio de justo
El toreo al natural por ambos pitones de Emilio de Justo salvó una tarde abocada al fracaso por el mal juego de los toros de Victoriano del Río, desiguales en presentación pero parejos en comportamiento.
Por Irene Martín Moya / Foto: Tauroemoción
Plaza de toros de La Malagueta. 7ª de abono. Casi lleno. Toros de Victoriano del Río, desiguales en presentación, mansos y rajados, a excepción del quinto, manejable. Alejandro Talavante, silencio y silencio; Emilio de Justo, ovación y dos orejas; Roca Rey, ovación y silencio.
Saludó en banderillas Viruta.
El toreo al natural por ambos pitones de Emilio de Justo salvó una tarde abocada al fracaso por el mal juego de los toros de Victoriano del Río, desiguales en presentación pero parejos en comportamiento.Con dos toreros de la terna haciendo doblete en el abono, que esta corrida saliera mala no acaba con las esperanzas puestas en la traca final de la feria, esperando aún el "no hay billetes" pero con dos puertas grandes acumuladas. Volveremos a ver al peruano y al triunfador de hoy, y se queda sin nueva oportunidad Talavante, que lidió con el peor lote de una tarde para el olvido de no ser por un único toro...
El burraco que hizo quinto humilló en el capote pero sin desplazarse en exceso, y tras lancearlo de salida, De Justo brindó al público al verle posibilidades. En efecto, Emilio aprovechó que metía la cara para comenzar la faena sin probaturas, entendiendo que, si seguía la tónica de la tarde, se rajaría pronto. Tuvo que sostener mucho el muletazo, sin bajarle la mano e instrumentando los pases de pecho al hombro contrario. Fueron dos series por el derecho antes de buscar la pureza del trazo al natural, que enganchó definitivamente al público. Y así, pulseando la embestida, tres series más, llevando la muleta de abajo arriba y en tandas de más a menos, hasta que en la última serie el toro comenzó a mirar a tablas. Ya con la espada, le enganchó una gran tanda con la derecha al natural que gustó al respetable, y aunque la espada quedó trasera, le concedieron las dos orejas que le abrían la Puerta Grande.
El resto de la tarde fue para parar de contar… El segundo, bien hecho, se rajó a mitad de faena, huyendo a tablas. El animal había tenido nobleza hasta entonces, pero quizás lo más reseñable ocurrió en el capote, con el ramillete de verónicas, soltando el capote a una mano para finalizar, las chicuelinas galleando al caballo o el vistoso quite de Roca Rey por chicuelinas y tafalleras. Mató el extremeño de media estocada.
Corto y despegado del suelo, el inválido tercero se salvó por la cara y fue devuelto tras dos pares de banderillas. Salió un sobrero que fue todo lo contrario: largo, más hondo y corto de cuello. El peruano lo saludó en el tercio rodilla en tierra y se fue a buscarlo a los medios. Por el derecho se vino cruzado. Estaba ya la tarde tan dispersa como los toros y las lidias, pero Roca Rey brindó al público, atrayendo todas las miradas y propiciando la expectación para el inicio a dos manos combinado con pase cambiado por la espalda. También el toro se centró en la muleta, momentáneamente, con ese punto de desplazarse por fuera, a nada de rajarse, como ocurrió cuando cogió la zurda, sin dar opciones a mucho más. Pinchó antes del estoconazo final.
El sexto, mejor hecho pero ancho de sienes, se desplazó sin humillar. Esa condición del toro hizo que le faltaran los finales a los muletazos y mayor transmisión a la labor en conjunto. Se hizo el silencio en el inicio, con toda la plaza esperando, y deseando que Roca Rey pudiera responder al triunfo de su compañero. Pronto se agotó y terminó por no pasar, salvo cuando lo hizo buscando la escapatoria. Metido entre los pitones, trató de exprimir al toro sin mayor relieve en una faena plana. Mató de media estocada.
El primero de Victoriano del Río se frenó en el capote, sin recorrido y fue así como llegó a la muleta. Talavante se esmeró, pero sin llegar a ligar una sola serie. El cuarto embistió con fiereza, echando la cara arriba en el capote, defendiéndose. Cuando llegó a la muleta, cantó la gallina. El extremeño tuvo que abreviar y no estuvo acertado con la espada.