Morante, paso a paso
Morante, paso a paso
Por Mauricio Berho/ Foto: Aritz Arambarri
Hay fotografías que no necesitan mostrar el toreo para hablar de un torero. Esta es una de ellas. Morante camina por la arena con el capote recogido, la mirada baja, como si acabara de abandonar un lugar al que todavía pertenece. A su alrededor, la plaza se extiende inmensa y vacía. Él parece solo, casi perdido en esa inmensidad, y sin embargo hay en su figura una presencia que llena todo el espacio.
Quizá sea porque Morante nunca termina de estar del todo donde lo vemos. Hay en él una distancia, una especie de misterio que permanece incluso cuando está delante de nosotros. Lo contemplamos, pero nunca llegamos a poseer completamente la imagen que nos ofrece. En ocasiones es el torero; en otras, el hombre que parece caminar detrás de él.
Aquí no hay un pase, ni una verónica, ni ese instante de belleza que tantas veces buscamos en su toreo. Hay algo más difícil de fotografiar: el silencio que queda después. El tiempo detenido entre un momento y otro. El hombre que vuelve a caminar cuando el toreo ya ha terminado. Paso a paso…
Quizá por eso esta imagen me habla tanto. Porque no intenta explicar a Morante. Simplemente lo contempla. Y en esa figura que avanza lentamente por la arena, con el capote bajo el brazo y los ojos perdidos en alguna parte que nosotros no podemos ver, vuelve a aparecer aquello que siempre he querido encontrar al fotografiarlo: ese instante en que el torero deja de ser solamente un torero y se convierte en un misterio.
Aritz Arambarri lo ha conseguido. Ha sabido mirar a Morante precisamente ahí, cuando ya no está toreando y, sin embargo, sigue siendo torero. Cuando la plaza parece vacía, pero su figura todavía la llena. Cuando solo queda el silencio, el paso lento y esa distancia imposible de explicar que hace de Morante, una vez más, un misterio.