Almería, tres tardes para recordar

Redacción / Fotos: Eduardo Porcuna

La Feria de la Virgen del Mar de Almería ha cerrado sus puertas dejando una sensación difícil de resumir solamente en orejas y puertas grandes. Han sido tres tardes distintas, con sus luces y sus sombras, pero también con algunos momentos de verdadero toreo.

La primera tuvo un nombre propio: Daniel Luque. Tres orejas y una demostración del momento que atraviesa, poderoso y con una técnica apabullante que le permite imponerse incluso cuando el toro no termina de acompañar. Castella cortó una oreja y Diego Ventura se quedó sin premio por culpa de los aceros.

La segunda tarde fue otra historia. Morante, Juan Ortega y Pablo Aguado llenaron la plaza pero el toro, salvo alguna excepción, puso demasiados límites. Morante dejó detalles de su tauromaquia, esos momentos en los que parece que el tiempo se detiene, aunque sin encontrar la continuidad que se esperaba. Aguado cortó una oreja meritoria y, sobre todo, Juan Ortega tuvo en el quinto un toro que le permitió expresarse, cuajando el sevillano una faena de otra dimensión. Allí apareció el toreo que quizá más se recuerde de la feria: una faena de gran pureza, especialmente al natural, que le valió la Puerta Grande tras cortarle al toro de García Jiménez las dos orejas.

Y llegó el cierre y con él, la apoteosis.

Manzanares, Talavante y Roca Rey llenaron la plaza en una tarde de esas que justifican por sí solas una feria. Talavante volvió a mostrar una versión profunda y madura, cortando tres orejas. Pero fue Roca Rey quien terminó convertido en el gran triunfador de Almería, con cuatro orejas y una actuación de enorme intensidad. El sexto, “Pitinesco”, de Puerto de San Lorenzo, fue premiado con la vuelta al ruedo después de una faena de mucha conexión con los tendidos

Quizá sea eso, al final, una feria taurina: no una suma de trofeos, sino la memoria de algunos instantes.



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