Galería de la corrida de Don Benito, por Mauricio Berho.
Hay tardes que, sin necesidad de grandes escenarios, recuerdan por qué sigue teniendo sentido la Fiesta. Ayer fue una de ellas en Don Benito. La plaza llena, el ambiente de las grandes ocasiones y un cartel capaz de reunir tres maneras muy distintas de entender el toreo.
Los toros de Victoriano del Río y Virgen María, magníficos de hechuras, no terminaron de dar la respuesta que se esperaba de ellos. El espectáculo tuvo que sostenerse en los toreros. Roca Rey puso su habitual poder, con esa capacidad de imponer tanto su ley que, por momentos, parece que son los toros quienes pasan el mal rato. Diego Ventura, la grandeza de su toreo a caballo. Y Ginés Marín, por encima de todo, dejó la noticia más importante de la tarde.
Volver a verlo fue una alegría. Y también una evidencia: un torero de su categoría no debería estar fuera de las ferias. Ayer, sin el toro de su lado, volvió a enseñar que conserva intactas las condiciones para estar donde siempre debió estar.
Don Benito puso el marco y el público respondió. No fue una tarde redonda, porque faltó toro, pero sí una tarde con personalidad, con toreros y con una noticia que importa: Ginés Marín ha vuelto a recordar que su sitio está entre los grandes.