Dax: Lo que pudo ser y no fue
Redacción / Fotos: Bertrand Caritey
La corrida de Ana Romero propició una tarde desigual. Seria de presentación, hubo toros que apuntaron posibilidades, embestidas que despertaron la ilusión y faenas que encontraron pronto su límite. El público salió de la plaza algo desconcertado.
Morenito de Aranda se encontró con un primero de comportamiento cambiante, más claro por el izquierdo. Por ese pitón llegaron los mejores momentos en naturales templados y ajustados, antes de que la espada cerrara cualquier posibilidad de premio. El cuarto tuvo nobleza, aunque le faltó duración. Morenito insistió por los dos pitones y lo exprimió sin conseguir lucimiento.
El segundo tuvo una virtud que no siempre se encuentra: claridad y recorrido. Juan de Castilla le pegó pases por ambos lados y construyó una faena que fue ganando intensidad hasta que, quizá, quiso alargarla más de lo necesario en busca de un acople que no llegó del todo. La espada volvió a interponerse y todo quedó en palmas.En el quinto, abrevió.
El tercero fue, durante unos instantes, el toro que podía cambiar la tarde. Bravo, noble y con clase en la embestida, llevaba dentro posibilidades de faena grande. Adriano apenas pudo aprovecharlas en dos buenas tandas antes de que el toro se lesionara una mano. Poco pudo hacer entonces el torero. Y el sexto, claro, con recorrido y especialmente agradecido por el derecho, permitió a Adriano encontrar sus momentos de mayor expresión. La faena tomó vuelo y la plaza llegó a sentir que el triunfo estaba cerca. Pero fue una faena de más a menos. Y, una vez más, la espada dejó la historia a medias.
Quedó la sensación de una corrida con más posibilidades que resultados. De esas tardes en las que algunas cosas se intuyen antes de desaparecer. Porque también forman parte de una tarde de toros esas faenas que no llegaron a ser, esos instantes que quedaron suspendidos en el aire, como lo que pudo ser y no fue.