Daniel Luque agranda su idilio con Francia en Mont de Marsan. (Galería de Bertrand Caritey)
La encerrona de Daniel Luque en la Feria de la Madeleine confirmó, el extraordinario vínculo que une al torero sevillano con la afición francesa. En una tarde de máxima responsabilidad, lidiando seis toros de diferentes ganaderías, el de Gerena volvió a demostrar su capacidad para imponerse a registros muy distintos y firmó una actuación de gran peso que se saldó con tres orejas, resultado que pudo ser aún mayor de no fallar con los aceros.
El triunfo se cimentó especialmente en el excelente toro de Juan Pedro Domecq, al que cuajó una faena seria, templada y de gran madurez, premiada con las dos orejas. También dejó una obra de gran inspiración frente al ejemplar de El Parralejo, al que extrajo todo el partido gracias a una tauromaquia variada, imaginativa y muy conectada con los tendidos, paseando un trofeo mientras el público reclamaba con fuerza el segundo.
Con los restantes toros, Luque volvió a mostrar su oficio. Extrajo todo lo posible de un lote desigual, siempre dispuesto a buscar soluciones, sometiendo las embestidas más complejas y aprovechando el fondo de los animales que ofrecieron opciones. Especial mérito tuvo su labor frente al sexto, de Fuente Ymbro, antes de perder un posible trofeo con el descabello.
Más allá del balance numérico, la tarde reafirmó el momento de plenitud que atraviesa Daniel Luque y su condición de máxima referencia del toreo en Francia, donde volvió a ofrecer una actuación de gran dimensión artística y técnica en una de las citas más esperadas del verano taurino galo.