El gran desfase

Natural de Mario Vilau al primer novillo de Talavante.

La novillada que abrió la Feria de Hogueras de Alicante arrojó un balance numérico de seis orejas y las salidas a hombros de Mario Vilau, Olga Casado y Javier Cuartero. Sin embargo, todo el mundo acabó hablando de los utreros de Talavante.

 

Por Álvaro Acevedo / Foto: @TOROSALICANTE

Ayer desistí de hacer una crónica de la novillada que abrió la Feria de Hogueras en Alicante, pues me hubiera visto obligado a repetirme en cada uno de los seis capítulos de la misma. Podemos matizar todo lo que queramos, pero la conclusión final siempre hubiera sido idéntica: el desfase entre la manera de embestir y la manera de torear era tan flagrante, que ni las seis orejas que se repartió equitativamente la terna pudo maquillar la evidencia. Utilizando un símil deportivo, venía a ser como cuando decimos que el PSG juega a otro deporte que por ejemplo el Oviedo.

Esta disonancia no es desde luego nueva ni exclusiva de novilleros con más o menos rodaje, porque el problema no es tanto la falta de oficio como la escasez de talento. Es decir, lo que le paso ayer a los chavales lo sufren muchos matadores de toros, incapaces de estar a la altura de determinado tipo de embestida por una cuestión de concepto. En efecto, hay veces que toro y torero juegan a cosas distintas.

Y es que, cuando frente a unas embestidas con tanta clase y entrega, se impone una tauromaquia basada en el recurso técnico, sólo lícito para toros problemáticos, entonces más que torear, el torero lo que hace es cambiar al toro de sitio, moverlo de un lado a otro. Hay varios desajustes que se suelen repetir: el toque fijador (innecesario pues el novillo ya está fijo en el engaño) que desplaza la embestida, en vez del uso útil de los vuelos; la muleta puesta como una pantalla en vez de muerta en el piso (dice Álvaro Núñez que hay toros que se van para el desolladero sin saber el color del vestido de su matador); el brazo cumpliendo la función que corresponde a la muñeca; el cuerpo retorcido, la cintura escayolada y los brazos rígidos, como si los codos no existieran. Así además es casi imposible torear con ritmo, de manera que el torero pierde el temple y el pase es un visto y no visto.

Viendo ayer a Mario Vilau me acordé de lo que un ganadero le dijo a un gran torero en el campo: “Mientras más lejos lleves a la becerra, peor estás toreando”. El catalán abusó de un trazo lineal con el cuerpo volcado hacia delante, demasiado preocupado de llevar lejos a un novillo que ya se rebosaba por sí mismo. Aun así, tres veces que le dejó la muleta muerta a dos palmos del hocico del animal, sin toques bruscos, dibujó los tres mejores naturales de la faena. Toreó muy ligado y muy quieto, es cierto, pero la embestida del primer ejemplar de Talavante, el de más calidad de los seis, fue más bonita que sus muletazos. Se vio más embestir que torear.

Lo de Javier Cuartero fue aún más evidente. Su primer enemigo (es un decir) fue un verdadero carretón y tuvo tantas ansias de pegarle pases, de querer hacerlo todo a la vez, que quizá no se diera cuenta de la velocidad de sus muletazos, de su falta de ajuste y de la brusquedad de los toques. El novillo a punto estuvo de ser indultado, desenlace habitual cuando (repetimos la frase) se ve más embestir que torear. En este caso, de manera escandalosa.

En cambio, Olga Casado fue la única que por momentos armonizó su toreo a la embestida de su lote. Especialmente en su primero (con el otro no estuvo bien) pegó muletazos muy notables con la mano izquierda, ya que con la derecha carece de soltura y le cuesta más. Lo logró a partir de un toque suave, muy leve, un dibujo lento en redondo, acompañando con el pecho, y un remate detrás de la cadera. Olga toreó en fases concretas de su primera faena mejor y desde luego más bonito que sus compañeros, si bien me escama lo que le cuesta coger oficio pese a lo placeada que está. Así es complicado pensar en empresas mayores.

Y hablando de empresas mayores, no sé si Alejandro Talavante pensará en lidiar corridas de toros, aunque me han dicho que mientras siga en activo su intención en principio es continuar echando exclusivamente novilladas. Sea como fuere, en el campo bravo a media docena de ganaderos que son unos genios. Éste además es figura del toreo.   

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