Y en la parte seria, Manuel Escribano
Derechazo de Escribano al segundo de su lote.
Seria y centrada tarde del de Gerena, al que el presidente le escamotea la Puerta Grande. Absurda oreja para Colombo frente a un toro con un cuerno roto. Actuación gris de Pepe Moral.
Por Álvaro Acevedo
Pamplona. Lunes, 13 de julio. Penúltima corrida de Los Sanfermines. "No hay billetes ". 6 toros de Miura bien presentados, la mayoría sosos y deslucidos, aunque sin excesivo peligro. El 6° fue muy noble. Manuel Escribano, oreja y vuelta tras petición; Pepe Moral, silencio y silencio tras aviso; y Jesús Enrique Colombo, oreja tras aviso y ovación de despedida tras dos avisos.
Con Pepe Moral desconectado de la pelea y Jesús Enrique Colombo dedicado a pegarle pases a las peñas, el único torero en el que merece la pena detenerse es Manuel Escribano. Su actuación a nivel general fue muy profesional desde el recibo a sus dos toros de Miura con largas cambiadas frente a chiqueros, hasta sendas estocadas por arriba y de muchísimo mérito la segunda, con el toro encampanado.
Sus dos faenas fueron un dechado de capacidad y firmeza, pisándole el terreno a sus enemigos con gran seguridad, como si enfrente tuviese dos eralas. Las complicaciones de sus toros quedaron en segundo plano ante la solvencia del torero, muy por encima del primero, al que se impuso en la distancia corta arrancándole una oreja; y magnífico frente al cuarto, un toro muy alto al que fue capaz incluso de embeber hasta llevarlo largo y toreado en las últimas series de una faena honesta y seria. Cuando cayó el miureño sin puntilla la Puerta Grande estaba ya conquistada, pero el presidente obvió la petición entre el desconcierto de la mayoría.
Porque para más inri, ese mismo presidente había concedido apenas veinte minutos atrás una de las orejas más ridículas que se han regalado en Pamplona en los últimos años, con Jesús Enrique Colombo como beneficiario. El tercer miura, tras compartir palos Colombo con Escribano, se chafó un cuerno contra un burladero, y aunque no terminara de caérsele, era obvio que el animal estaba claramente disminuido. En esas condiciones, el venezolano se dedicó a descararse con las peñas provocando palmas hasta límites insoportables, todo ello sin pegar ni medio pase y matando luego de bajonazo trasero que increíblemente le valió una oreja de las más piojosas que he visto nunca.
Repitió numerito frente al excelente sexto, porque después de unos naturales al fin decentes aunque horribles desde un punto de vista estético, volvió Jesús Enrique a las andadas con una proporción de tres guiños a los tendidos de sol cada media sardineta. En una faena le tocaron Gallito y en la otra Manolete, que por suerte para ellos no han resucitado a la hora en la que se sucedían los acontecimientos.
Pepe Moral fue el tercero en discordia, y se las vio con sendos toros muy castigados en varas y a la postre afligidos. Apuntó en determinados momentos la clase de su mano izquierda, pero hasta en la manera de entrar a matar se nota que no es ni la sombra del del año pasado.