TOREO Y CASTA, LA SÍNTESIS DE LA FIESTA

Derechazo de rodillas de Talavante al quinto toro de Santi Domecq.

Soberbia tarde de Morante, completa faena de Talavante y momentos magníficos de Ortega ante una encastada y muy toreable corrida de Santi Domecq.


Por Álvaro Acevedo / Foto: @TOROSALICANTE

Alicante.  5° festejo de abono. Tres cuartos de entrada. 6 toros de Santi Domecq, desiguales de presencia, encastados y muy toreables. El 5° fue el mejor para el torero.  Morante de la Puebla,  oreja y oreja con petición de la segunda; Alejandro Talavante,  ovación y dos orejas tras aviso; y Juan Ortega, ovación y oreja.

Talavante salió a hombros y Morante se negó a hacerlo, saliendo de la plaza por el callejón. 

Saludó en banderillas Javier Ambel.

La lidia del primer toro de la tarde fue interesantísima. Como salió suelto, Morante le echó el capote abajo y una vez recogido lo lanceó con enjundia. Metió los riñones en el caballo, al que cogió por los pechos, y Germán González se agarró en un puyazo tremendo. Ahormado el bravo, quitó el maestro por gráciles pero ajustadas chicuelinas, respiró el de Santi Domecq en banderillas y llegó al último tercio pidiendo los papeles de torero.

Por fortuna tenía enfrente a Morante de la Puebla. Apatarracado, se ayudó por alto para destroncarlo por arriba y luego lo pasó con la derecha con sabor y dispuesto. Dos muletazos fueron cumbres pero había que estar muy vivo porque el toro se vencía y además tenía pies. La gente se asustó en un molinete de ajuste asfixiante, y cuando se puso con la mano izquierda y el toro quiso cogerlo. La faena fue una bonita pugna entre el pique del toro y el arte del torero, culminada con una tanda en redondo ganando siempre un paso hacia adelante, corrigiendo así la arrancada a veces vencida del animal. La estocada fue canónica, haciendo la suerte con magistral limpieza y hundiendo la espada hasta la mano. Oreja de ley y ovación al toro de Santi Domecq en el arrastre por eso, por ser un auténtico toro.

La historia del segundo fue más liviana. El toro era bonito, noble, codicioso y un punto rebrincado. Más incómodo por el pitón izquierdo, casi agarra a Talavante una vez que se le quedó corto y le hizo hilo. Visto lo visto, Talavante centró su faena en la mano diestra, con la que toreó ligado y con estilo, y con la facilidad que le es propia. No hizo bien la suerte de matar -el toque a los hocicos fue demasiado brusco- y pinchó. 

El momento más intenso de la tarde llevó la firma de Juan Ortega, porque el tercero de la tarde, muy bonito,  embistió como un tejón al capote del sevillano, y éste le aguantó el pulso en un ramilletes de lances agobiantes, con el colorao queriéndose comer el capote y Ortega haciendo una de las cosas más difíciles de hacerle a un toro, el toreo ligado a la verónica. Cuando remató aquellos tremendos lances con la media, la plaza rugió de pasión.

La faena de muleta tuvo momentos intensos: un trincherazo, tres redondos fundido con el toro, un cambio de mano rodilla en tierra, unos naturales reduciendo a su enemigo... pero por encima de todo,  lo que se vio fue a un torero entregado, muy de verdad, y a un toro bravo que quiso más que pudo tras una lesiva vuelta de campana. El de Santi humilló mucho pero se trompicó más de una vez por su excesiva codicia al perseguir la muleta, y a Juan le costó conjuntar la faena. Perdió la oreja con la espada.

Tras la merienda, Morante estuvo magistral con otro colorao noble y con chispa. Agarrado a las tablas lo pasó por alto cinco veces sin moverse, para luego consumar dos series diestras impecables,  la segunda iniciada con una trincherilla; y luego con la izquierda en una sola serie pero magnífica, honda y mandona. Como quiso repetir pero el toro se puso remiso, lo alegró con dos molinetes rodilla en tierra ligados a unos redondos a pies juntos muy pintureros; y cuando volvió a intentar el natural y el toro volvió a negársele, resolvió esta vez con unas manoletinas armoniosas, porque todo lo que toca este genio lo convierte en oro. La estocada al segundo intento redujo el premio a una oreja.

En cambio a Talavante le dieron las dos del quinto tras una estocada que asomó un poquito por el lado, así que Alejandro salió en hombros en solitario porque Morante, no sé si molesto o avergonzado de cómo están esos palcos presidenciales de España, se quitó de en medio por el callejón. Alejandro vio pronto la nobleza y calidad del toro, así que lo dejó sin picar y no lo toreó de capote, fiándolo todo al último tercio. 

Acertó de pleno. Arrancó su faena de rodillas y toreó luego con calidad por la izquierda, elegante,  engarzando perfectamente los pases, ralentizando la embestida en los remates por bajo. Y con la derecha,  sometiendo más a su alegre oponente en una serie poderosa, de mano baja, que le dolió al animal. Luego, con un ojo en el toro y otro en el público, unos pases por alto sin moverse y unas arriesgadas bernadinas antes de que el toro se le pusiera difícil para igualar, lo que dificultó la suerte de matar. De ahí lo defectuoso de la estocada que mucha gente no vio, y el presidente se conoce que tampoco.

La tarde se cerró con otra oreja tras pinchazo y excelente estocada de Juan Ortega tras otra labor de nuevo sobrada de entrega, no sé si demasiada, que comenzó a gran nivel en redondo y acabó más tropezada de la cuenta frente a un toro repetidor, incansable, y con ese puntito de nervio que tanto incomoda a los toreros y tanto emociona al público. Que por cierto es el que paga mientras todos los demás cobran.

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