Competencia y los tres a hombros
Gran faena de David de Miranda a un toro de mucha clase y triunfo de peso de Borja Jiménez. Tomás Rufo, muy dispuesto y firme, tampoco se queda atrás.
Por Álvaro Acevedo / Foto: @TOROSALICANTE
Alicante. Lunes, 23 de junio. Media entrada. 6 toros de Victoriano del Río, desiguales de presencia, muy toreables y alguno como 3° y 5°, con mucha clase. Borja Jiménez, palmas y dos orejas; David de Miranda, vuelta tras petición insuficiente y dos orejas; y Tomás Rufo, oreja y oreja.
La terna salió a hombros.
Parte facultativo de Fernando Sánchez: herida de unos 5 centímetros a nivel inguinal de la cicatrizada por segunda intervención tras la cornada de hace un mes que ha sangrado tras la contusión costal.
Parte facultativo de Andrés Revuelta: Contusión en rodilla y tobillo derechos; y en muñeca y mano izquierda con dolor en tabaquera anatómica y en cara antelateral del tobillo, pendiente de estudio radiológico.
Borja Jiménez y David de Miranda, dos toreros que amenazan la zona noble del toreo, llegaban a Alicante como a todos sitios, con la lupa puesta sobre ellos para darles estopa si se resbalaban. Esquivaron ambos los palos con sendas faenas de peso en una tarde con el defenestrado por algunos Tomás Rufo aguantando muy bien el tirón. La foto final de la terna a hombros hizo justicia a una notable y competitiva tarde de toros.
Colaboró en la causa la corrida de Victoriano del Río, con varios toros de buena clase pese a unos primeros tercios en los que no se definieron. Luego, casi todos llegaron a la muleta mejor de lo que embistieron a los capotes y en banderillas. Porque la corrida dio guerra a los toreros de plata. Luis Blázquez fue perseguido y empitonado por el cuarto toro al entrar en el burladero, aunque sin consecuencias; y el sexto hizo presa por partida doble, primero con Fernando Sánchez y luego con Andrés Revuelta, ambos valentísimos.
En la muleta fue otra cosa, medida de motor pero noble y con calidad. La excepción fue el segundo, mansurrón y áspero; y el mejor, el quinto, con casi seis años y derrochando calidad. Ambos cayeron en el lote de David de Miranda, torpe y desdibujado con el malo (salvo en un valentísimo quite por gaoneras a pies juntos, quieto como un poste); y sencillamente espléndido con el bueno, al que le hizo una faena redonda de principio a fin. Iniciada con unos bonitos estatuarios, tuvo después pulso, gusto y valor a raudales ya en su último tramo, cuando se dejó tocar el cuerpo con los pitones sin que se le alterara ni un músculo de su cuerpo. Ahí, en esa serenidad, es cuando se calibra si el valor es de verdad o no pasa de ser un arranque de arrojo, que también vale pero que no es lo mismo.
La plaza sucumbió al onubense, que además antes había toreado a lo grande con la mano izquierda. Muy derecho y a medio compás, amanoletado pero no perfilero, David dibujó series a placer, lento, cimbreando la cintura, enganchando suave con los vuelos y rematando detrás de la cadera. Y gustándose en todo lo que hacía incluso con la mano derecha, con la que muy en corto alcanzó momentos excelentes. Centradísimo con el toro de principio a fin, pisó el ruedo con una seguridad pasmosa, sabiéndose amo y señor de la situación. Los de pecho fueron también magníficos, así como una arrucina ajustada y despaciosa, y unas mondeñinas en las que, entre toro y torero, no cabía una brizna de aire. Después de media estocada en buen sitio, cortó las dos orejas con más peso de lo que va de feria.
Justo antes, Borja Jiménez también había desorejado al burraco corrido en cuarto turno tras una estocada perfecta y sin puntilla que, de haberla dado en Sevilla o en Madrid, lo tendría hoy como máximo triunfador de la temporada. Este toro fue otra cosa, muy falto de celo por el lado izquierdo y mejor, sin ser nada del otro mundo, por el derecho. La firmeza y apuesta del torero fue crucial desde los primeros pases de rodillas con el toro aún sin definirse, y luego cuando lo empapó en su muleta para llevarlo con temple y mando en tandas muy notables, siendo la última, arrebujado con el toro, muy profundo, de un calado superior. Cuando a un toro medio se le cortan las dos orejas, es porque el torero tiene ya un nivel de figura.
El que abrió plaza fue noble, un poquito soso, pero yo creo que cogió fríos al torero y al público. Hubo muletazos estimables sin que aquello cuajara. Me gustó mucho más el tercero, medido de poder pero de una nobleza y calidad exquisitas. Tomás Rufo se montó en lo alto apabullándolo con un toreo muy en corto, atornillado en la arena el de Talavera frente a la increíble bondad del animal, y con el público entregado a la actitud del torero. Además, antes de ese toreo de parón había engarzado un buen puñado de muletazos limpios y despaciosos. Una buena versión de Rufo afeada con una estocada defectuosa. Cortó sin embargo una oreja y otra le arrancó al sexto, el toro que había mandado a sus banderilleros a la enfermería, y con el que se peleó bien y mató mal pero rápido, arañando esa oreja final que le unía a la ansiada Puerta Grande. Nadando a contracorriente, cada salida a hombros hace falta como el comer.