Diosleguarde pone la raza en otro pinchazo de La Quinta
El salmantino, que confirmó la alternativa, tiró de decisión y sinceridad para salvar su compromiso. Pobre juego de los “santacolomas” de la familia Conradi en tarde de silencios para El Cid y Álvaro Lorenzo.
Por Alfonso Santiago / Foto: Plaza 1
Madrid. 16 de mayo. 8ª de la Feria de San Isidro. “No hay billetes”. 5 toros de La Quinta, desiguales de hechuras y caras, en general, de poco juego. El 1º se movió codicioso, pero sin clase y justa entrega; exigente y complicado el 6º; sosos y de poca raza los otros. 1 (2º, lidiado como sobrero) de José Manuel Sánchez, noblote, sin emoción. El Cid, silencio y silencio; Álvaro Lorenzo, silencio y silencio; Manuel Diosleguarde, que confirmó la alternativa, ovación y ovación.
Al finalizar el paseíllo se guardó un minuto de silencio en memoria de Joselito.
Hace una semana, un muy buen toro de La Quinta salvó in extremis el honor de la ganadería y ponía todas las miradas en la segunda comparecencia de la familia Conradi en San Isidro. En esta ocasión, lamentablemente, no hubo ni tan siquiera un toro que viniera a demostrar lo mucho bueno y bravo que se guarda en esa casa ganadera. La decepción por la falta de raza y de fondo de los lidiados en el Aniversario de la muerte de Joselito el Gallo fue indisimulable, sumiendo la tarde en un ambiente plomizo y aburrido, lo peor que pude pasarle a una ganadería como esta.
Conforme fue transcurriendo el festejo, el que abrió plaza nos fue pareciendo mucho mejor, porque, al menos, ese toro con el que confirmó su alternativa Manuel Diosleguarde tuvo movilidad y nervio para venirse pronto, y aunque lo hizo sin terminar de romper por abajo y con la entrega justa, lo cierto es que sí le sirvió al salmantino para presentar sus credenciales. Lo hizo con soltura y buen aire al torear a la verónica, y luego en una faena en la que quiso con sinceridad. No estuvo mucho tiempo en la cara del toro, lo que es de agradecer en estos tiempos de trasteos sin fin, pero Manuel fue capaz de concretar su labor por el pitón izquierdo en dos o tres buenas tandas en las que tiró para adelante del toro. Diosleguarde puso lo que le faltó al de La Quinta, pero también supo sacar partido de lo que le ofrecía. Un espadazo tendido dio paso a una fuerte ovación.
Después de este primer capítulo, la corrida entró en un devenir anodino y sin visos de remontar. A El Cid le echaron para atrás el toro, quizá, con mejores hechuras. Además humilló mucho, pero esa buena condición estuvo reñida con su poca fuerza, por lo que volvió a los corrales. En su lugar salió un sobrero de José Manuel Sánchez cuyo tipo estaba en las antípodas del que se había marchado tras los cabestros. Tuvo nobleza el torancón, y Manuel lo pasó con templanza y sin excesivo ajuste, lo que se tradujo en una falta de conexión total con los tendidos. Suelto de carnes y amplio de cara, el cuarto se rajó casi desde el mismo momento en el que El Cid le puso la muleta por delante. Total, que allí no pudo pasar nada.
Tampoco pasó con Álvaro Lorenzo, que no tuvo opciones de triunfo. Lo que fue una lástima, porque apetecía mucho verle. Sin embargo, junto a la pulcritud y suma facilidad con la que pasó a sus dos toros, y aun viendo que poco se podía hacer, se echó en falta un poquito más de nervio, si me apuran, hasta de mala leche para demostrar el enfado por estrellarse con semejante lote.
Con el pescado casi vendido, Manuel Diosleguarde salvó su compromiso, precisamente, adoptando el papel que le correspondía: el de embestir si el toro no lo hacía. Y a fe que el que cerró plaza fue el más agrio y agresivo, pero su manera de plantarle cara tuvo enjundia y verdad. Ya le llegará la ocasión, y ojalá sea pronto, de torear un toro como este torero sabe y quiere, pero viendo que hoy no tocaba, Manuel tiró la moneda. Pena que, después de media en buen sitio, el descabello se enredara. Hay que echar más cuentas a este torero.