El espejismo de Palha y el peaje de la sangre de Luis Gerpe
La firmeza de Francisco José Espada y el oficio de Sánchez Vara se estrellan contra un encierro vacío de casta en una tarde de sol radiante y amargo desenlace médico.
Por David Jaramillo / Foto: Plaza 1
Madrid. Domingo, 26 de abril. Alrededor de 1/3 de entrada. 5 toros de Palha y 1, el 5º, de Couto de Fornilhos. Deslucidos, descompuestos y vulgares por su falta de raza y fondo. Sánchez Vara, palmas y silencio; Francisco José Espada, división de opiniones al saludar en ambos; y Luis Gerpe, silencio y herido.
Parte médico de Luis Gerpe: “Herida inciso contusa en región parietal derecha. Herida inciso contusa en mentón. Traumatismo en hemitórax derecho. Puntazo con hematoma en 1/3 superior cara interna de muslo derecho. Pronóstico reservado”.
El sol radiante que bañó hoy Las Ventas parecía el aliado perfecto para la estrategia de la empresa: desplazar los hierros de sello "torista" fuera del abono para oxigenar la taquilla dominical. El plan funcionó en el cemento, con más de un tercio de entrada y un ambiente de expectación real, pero se hundió en la arena. Lo que debía ser una cita de poderío con los toros de Palha se convirtió en un ejercicio de supervivencia frente a la vulgaridad. Según se pudo ver en el ruedo, el emblemático hierro portugués despachó una corrida descompuesta y vacía, una colección de "ladrillos" que nunca permitió levantar el edificio del lucimiento. La tarde, que empezó con la promesa de la emoción, terminó con el sabor metálico de la sangre en la enfermería.
Sánchez Vara abrió fuego con la solvencia de quien no tiene nada que demostrar pero sí mucho que jugarse. Se fue a porta gayola para recibir a un primero que pronto enseñó sus cartas: un animal complicado, de embestida remisa, que ni quiso cercanías ni ofreció franqueza en la distancia larga. El alcarreño intentó someterlo por abajo, buscando ese mando que fijara una condición deslucida, pero la faena se perdió en un terreno de nadie, sin que el tendido llegara a tomarse en serio la lidia. Con el cuarto, un ejemplar que se limitó a ir y venir sin el más mínimo celo, el torero volvió a tirar de recursos. Banderilleó con soltura, pero muleta en mano se encontró con el muro de la falta de casta, fondo y fuelle. Fue un esfuerzo sordo e inocuo.
La verdad de la función la puso Francisco José Espada. Ante el segundo, un toro vulgar y sin clase alguna, el fuenlabreño se plantó con una firmeza que helaba el ánimo. Hubo una honestidad brutal en su forma de presentar la muleta, siempre planchada, tragando arrancadas imprevisibles que a menudo terminaban arriba por la propia condición desclasada del animal. No hubo brillo estético porque el de Palha no lo permitía, pero sí una exposición que Madrid sabe valorar. Tras un espadazo soberbio, de ejecución impecable, la división de opiniones reflejó la eterna lucha entre el purismo y la emoción. En el quinto, un remiendo de Couto de Fornilhos que fue pura fachada, Espada volvió a la carga. Tras tres capotazos de seda de Iván García (lo mejor de la tarde), el matador prefirió el valor emocional al técnico. Se jugó el tipo en terrenos de compromiso absoluto, buscando el impacto en lugar del trazo, intentando que el público sintiera lo que el toro se negaba a ofrecer.
El cierre, sin embargo, trajo la tragedia. Luis Gerpe ya había pasado por el tercero mostrando una electricidad que, lejos de ayudar, condicionó su labor ante un toro noble pero que exigía un mando firme para no soltar la cara. Pero fue en el sexto donde el destino le pasó factura. Salió Gerpe sin sitio ante un animal bronco y orientado que no perdonó el titubeo. Al final de una serie de derechazos, el de Palha le echó mano de forma dramática. La voltereta y la caída fueron pavorosas, dejando al torero con heridas en el rostro y un traumatismo torácico que obligaron a su traslado inmediato a la enfermería con pronóstico reservado. Sánchez Vara tuvo que despachar al marrajo mientras el silencio se adueñaba de una plaza que entendía, una vez más, que la mística de los hierros legendarios es una moneda al aire que hoy salió cruz. Fue un final amargo para una tarde que prometía sol y entregó sombras.