El Mene, para cerrar el año

Triunfo y muy buena impresión del toricantano el día de su alternativa.

Amargo final de temporada de un incomprendido Morante de la Puebla.

Sin opciones Diego Urdiales, en tarde de saldo ganadero.

 

Por Nícola Bonazzi / Foto: Prensa Plaza de toros de Zaragoza

Zaragoza. Sábado, 17 de octubre “No hay billetes”. Toros de José Vázquez, Zalduendo, Victoriano del Río, Garcigrande, Alcurrucén y Carmen Lorenzo. Morante de La Puebla, ovación tras petición y bronca; Diego Urdiales, aplausos y silencio; y El Mene, que tomaba la alternativa, oreja y saludos.

Acudimos al coletazo de la temporada con ese sentimiento de añoranza y agradecimiento que acompaña a todos los acontecimientos que ponen término a algo bonito, y la temporada taurina que termina hoy ha sido, indudablemente, algo muy bonito. Recibió El Mene al toro de su alternativa, serio, bajo, bien hecho, con una larga de rodillas y cuatro verónicas pausadas. No le sobraban las fuerzas al de José Vázquez y fue protestado en varas. Guardó la plaza un silencio absoluto y emocionante durante la ceremonia de alternativa.

Bonito el comienzo de faena de El Mene llevándose el toro a los medios, donde compuso unas templadas tandas de derechazos, breves por las condiciones del toro, que tenía clase pero las fuerzas muy justas. Cambió de mano El Mene, por el izquierdo el toro protestaba más, sin que el nuevo matador le hiciera caso en una muestra de valor seco impresionante. A base de colocación, ligazón, ajuste y un concepto clásico admirable resolvió las dificultades del toro, terminando con la mejor tanda por el pitón derecho rematada con un cambio de mano de gran belleza. Pinchó arriba y cobró luego una estocada efectiva y de ejecución muy pura, aunque un filo trasera, que le valió la oreja.

Fue devuelto el segundo de la tarde, al que tanto Morante como sus banderilleros le habían señalado problemas de vista. El primer sobrero era un horrendo camión de José Vázquez, atracado de carne, alto, basto, impropio de cualquier plaza de primera. Desentendido totalmente de los engaños después del tercio de varas, el presidente lo cambió se supone por flojo, aunque solo se hubiese caído una vez por resbalar.

Alto, sin remate pero aún así mejor hecho de los que reemplazaba, fue protestado de salida el segundo sobrero, de Román Sorando, y estuvo claro desde el primer momento que el toro no le gustaba a Morante, que mandó a Juan José Domínguez que se encargara de recibirlo y lidiarlo. Mandó picarlo tres veces Morante entre las protestas del público, que jaleaba los capotazos de Juan José Domínguez en una actitud hilarante francamente reprochable hacia Morante. A veces de verdad no nos merecemos la suerte que tenemos de vivir en la misma época del Genio de La Puebla.

Y entre el grito de gente que le decía “torea” (a Morante, sí), el Genio se puso a torear. Un comienzo de faena soberbio con tres derechazos pegado a tablas, y una trinchera monumental. Se llevó el toro a los mismos medios Morante e instrumentó una faena sobre la mano izquierda, echando las bambas al hocico y tirando del toro en series largas, rematadas con pases de pecho ampulosos. Tomó luego la muleta con la mano derecha Morante, y por allí el de Sorando embestía con la cara más alta, pero no le importó al de La Puebla, que le obligó a humillar a base de temple y ajuste, adornando su obra con un kikirikí barroco, bellísimo. La estocada fue algo caída y el personal no fue capaz de hacerse perdonar su comportamiento previo, no alcanzando una petición mayoritaria para premiar una faena absolutamente merecedora de una oreja. Saludó el Genio, visiblemente cabreado, una ovación de gala.

Con volumen, ofensivo por delante el tercer toro, que se mostró complicado desde el inicio. Protestó en varas, distraído también en banderillas. Empezó Diego Urdiales su faena en tablas con ayudados por bajo, luego se fue a los medios toreando por el pitón derecho al de Victoriano del Río, que pasaba sin demasiada entrega, saliendo siempre del muletazo con la cara alta. Se dio cuenta enseguida Urdiales que por el pitón izquierdo el toro embestía más humillado y con más entrega. La primera serie fue larga, recolocándose el matador hasta tres veces, dando sin embargo naturales profundos de uno en uno. Volvió a la derecha el riojano y el toro había cambiado, poniéndose más brusco y geniudo, buscando los tobillos de su matador, que le sacó pases con raza. Una estocada algo atravesada después de pinchazo arriba dejó el premio en una ovación.

Con hechuras muy propias de Garcigrande salió el cuarto, alto, algo basto. Peleó discretamente en varas. Inexplicablemente, siguió la actitud jocosa de la plaza hacia Morante de la Puebla, con gritos de ole apenas Juan José Domínguez echaba el capote al toro. Hay un límite para todo, y un matador no tiene por qué aguantar que gran parte del público se ría de él jaleando toda la tarde a un banderillero, que también termina con ser objetivo de esta tomadura de pelo. Así Morante salió con la espada de verdad y mató al toro después de machetearlo por bajo. La gente se cabreó, claro. Digo yo, que se tenía que cabrear consigo misma por reventar la última faena de la temporada (y Dios quiera que sea solo de la temporada) de este genio incomparable.

Largo, muy en el tipo de la casa el quinto, de Alcurrucén. Salió suelto de los encuentros en el caballo y se paró en banderillas. No lo vio claro Diego Urdiales, por su parte el toro pasaba con sosería y con la cara arriba. Compuso la faena de pases de uno en uno, por la derecha. No apostó por el toro, creo sinceramente que hizo bien. Tampoco por el izquierdo el toro embistió. Diría que entraba en el embroque del pase saliéndose enseguida, a mitad del muletazo. Se fue rápidamente a por el acero Urdiales. La estocada fue baja. Fue silenciado.

Salió en sexto lugar un obús de Carmen Lorenzo al que El Mene recibió con faroles y una airosa revolera. Lo llevó al caballo con un galleo por chicuelinas. Fue dos veces al caballo, donde Pedro Iturralde le picó con acierto, dejando al toro muy entero.

No embestía con franqueza el toro, y tuvo que ir haciéndolo El Mene. Después de un frustrado inicio por estatuarios le cambió de terrenos yéndose a los medios. La primera tanda fue de probatura, después se puso a torear con la derecha y fue prendido por el toro en una voltereta angustiosa. Se levantó sin mirarse y cogió la pañosa con la izquierda, dando una serie de gran mérito, con los vuelos, adornada con un kikirikí muy arriesgado. Se fue por la espada El Mene, sin alargar demasiado la faena. La última tanda fue rica de adornos de gran clasicismo, una trinchera, un cambio de mano, una pase del desdén y otro kikirikí. Los pinchazos le impidieron abrir la puerta grande, pero nos fuimos con un sabor de toreo caro, apoyado en un valor seco, que nos brindó El Mene, un matador que ya deseamos volver a ver.

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