Odiar a un torero
Recibimiento hostil a Marco Pérez el día de su confirmación de alternativa. El salmantino se esforzó pero terminó superado por el ambiente. Mala tarde en general de toros y toreros.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Prensa Plaza 1
Madrid. Sábado, 3 de octubre. 3ª de la Feria de Otoño. Lleno total. Toros de Victoriano del Río, desiguales de presencia y de escaso juego en general salvo el 1º, un buen toro. Emilio de Justo, silencio tras aviso y silencio; Víctor Hernández, silencio tras aviso y silencio; y Marco Pérez, fuerte división al saludar y pitos de despedida.
Buena lidia de Antonio Chacón. Saludó en banderillas Marco Prieto.
Los soldados del sector reaccionario de Las Ventas hay días que lo tienen claro desde antes del paseíllo, y hoy era uno de ellos. Venían a destrozar a Marco Pérez en su confirmación de alternativa y sólo tuvieron que esperar a que cogiera la izquierda. O la derecha, da lo mismo. Salió el primer toro y le dieron una ovación nada más asomar por los chiqueros. Arremangado de cuerna, yo diría que fue el único toro bien hecho de los seis que trajo Victoriano del Río, a estas alturas quizá los seis que le quedaban para Madrid. Como con el capote no hay pico ni crúzate que valgan, los vistosos y muy logrados quites protagonizados por Emilio de Justo (gran media verónica) y Marco Pérez –este en su turno y luego en la réplica a su compañero– se recibieron calurosamente, sin silbidos que matizaran el veredicto. Tampoco el excelente inicio de faena del confirmante, por bajo a una y dos manos, fue censurado por los que se creen que saben, pero fue coger la izquierda y al segundo natural ya estaban pitando por fuera de cacho o por fuera de juego, yo ya no sé.
A partir de ahí el ambiente fue irrespirable, una protesta continua que el joven pretendió frenar con mucho movimiento, sin que hubiese tiempos muertos entre los pases. Fue peor todavía la cosa, con Marco muy acelerado, dejándose enganchar continuamente la muleta y muy mecánico todo. Yo creo que desquiciado ante semejante recibimiento. Después de una estocada en todo lo alto que sin embargo provocó derrame, salió a saludar en medio de una tremenda división de opiniones. Si sólo fue para provocar me parece bien, porque la pura verdad es que el toro se le fue.
A Marco le pitaron en el segundo natural y a Emilio de Justo en la segunda tanda. A Víctor Hernández, en la cuarta. Lo primero es odio, lo demás es el Madrid de toda la vida en los días ásperos, que son la mayoría. El otro toro con clase fue el segundo pero la bravura no le acompañaba, así que lo mismo hacía el avión que salía suelto. Unos muletazos iniciales de Emilio tuvieron más acople en redondo, pero luego ahí se quedó la cosa. El extremeño está espeso. Con su segundo la faena cogió vuelo porque el toro tuvo ímpetu y humilló mucho en dos series poderosas, de mucho mando, pero luego perdió la fijeza y la raza como por arte de magia. Negra. El torero quedó descolocado ante tan repentino cambio, sin ideas.
Tampoco mejoró el panorama con Víctor Hernández, más bien todo lo contrario. El tercero era un toro muy feo y sin embargo le aplaudieron al aparecer. Fue rebrincado y molesto, pegando tornillazos en todos los pases que le dio Víctor Hernández, voluntarioso y sin brillo posible. El quinto no humilló nada y Víctor volvió a quedarse quieto en una faena larga, tediosa. Yo creo que mantiene el valor pero ha perdido el misterio.
La corrida era un muermo pero de allí no se movía nadie, faltaba el niñato de Salamanca y había que darle leña al mono hasta que hablara inglés. Desarrolló movilidad y peligro el sexto, que por momentos desbordó a Marco. Pese a todo se batió el cobre con decisión y sin perder la cabeza. Al marcharse de la plaza le pitaron cruel, morbosamente. No debió venir a Madrid ni a heredar.