Si el torero es bueno, todo parece más sencillo

Talavante, doblándose con el quinto toro.

Estupenda actuación de Talavante frente a dos toros mansos y encastados. Apuntes de toreo caro de Juan Ortega, que no conectó con los tendidos. Enésima tarde gris de Manzanares.

 

Por Álvaro Acevedo / Foto: Prensa Lances Maestranza

Sevilla. Viernes, 25 de septiembre. 2ª de la Feria de San Miguel. “No hay billetes” en tarde de calor infernal. Toros de Puerto de San Lorenzo y La Ventana del Puerto, impecables de hechuras y de juego variado. Tuvieron mucha emoción dos mansos encastados lidiados en 2º y 5º lugar. Manzanares, silencio en su lote; Alejandro Talavante, oreja y ovación tras dos avisos; y Juan Ortega, silencio y silencio tras aviso.

Los toros de Talavante fueron lo que antiguamente se conocían como mansos en bravo. Aquerenciado el primero de su lote durante diferentes fases de la lidia, sin embargo cuando se arrancaba lo hacía galopando alegre y con emoción. La embestida no era sencilla, tenía chispa y nervio, pero Talavante es un torero privilegiado que convierte en sencillo lo complejo: tiene clarividencia, estilo, flexibilidad y valor. Domina los avíos como quiere y posee un amplio conocimiento de los toros.

Es difícil encontrar un solo fallo en esa primera labor, iniciada con un precioso toreo ayudado con el que sujetó al toro en la muleta; y seguida con dos series de preciso acople con la derecha, sin pausas pero templadas, de una ligazón exacta. El pase de pecho con el abrochó la segunda fue un cartel de toros. Al coger la izquierda el toro volvió a huir a tablas, pero Alejandro no se inquietó. Allí en su terreno, confió en el mando de su muleta y lo condujo a favor y en contra de su querencia con una serenidad pasmosa, siempre en la distancia exacta, ganándole un paso cuando quería irse y perdiéndoselo cuando apretaba. Un toreo en círculo final, limpio y vistoso, precedió a una estocada arriba inapelable. Faena justa. Oreja merecida.

El quinto fue en esencia lo mismo, pero mucho más agresivo. Muy bien armado, imponente por delante, dio guerra en los primeros tercios y llegó a la muleta mansurrón pero comiéndose la muleta. Talavante le paró los pies doblándose por el mismo pitón, y enseguida se hizo con su enemigo en una gran serie de redondos, impidiendo que le tocara la muleta pese a su descompuesto cabeceo. La remató con un cambio de mano, trincherilla y pase del desdén, todos de exquisito gusto y suavidad pese al temperamento de su rival.

Salvo la siguiente tanda, en la que el castaño le ganó claramente la acción enganchándole la muleta, el resto de su labor continuó por los mismos derroteros que al principio. Dos soberbias series de temple cristalino al natural, con la muleta tersa y planchada, unos pases cambiándose la muleta de mano muy aplaudidos y una poderosa tanda de nuevo con la derecha, sometiendo a su enemigo con una técnica portentosa, con un valor oculto tras su inteligencia. Todo por supuesto en la querencia del toro, que refugiado en tablas seguía peleando con nervio pero sin ser capaz de arrugar al torero, que a punto estuvo de ser prendido en un conato de desplante que el toro no le permitió. Finalmente acobardado, el animal se puso a la defensiva a la hora de matar y Talavante dejó media de escaso efecto, una mala rúbrica a una importante faena. Cambió al menos una oreja por hasta dos avisos.

Sin triunfar, Juan Ortega dejó cosas buenísimas en sus dos toros. Unos lances templados al tercero y un bellísimo y sedoso galleo con el capote a la espalda antes de que en la muleta el animal se desfondara en el último tercio, y en el que Ortega sólo pudo dejar muestras de su torería en el principio de su labor. Luego completó una faena sobria, muy clásica, y con detalles torerísimos frente al sexto, muy toreable y un punto soso. Los naturales, aunque algo inconexos, tuvieron mucha categoría, pero el público aquí no entró en la faena, quizá porque cinco tardes sin que pase gran cosa, unidas a las del año pasado, son demasiadas tardes. Estos excesos siempre conviene analizarlos.

Lo de Manzanares viene a ser lo mismo pero multiplicado por cien y ya sin posibilidad de arreglo. La combinación de dos toros muy nobles pero sin demasiadas ganas de pelea junto a un torero muy aseado pero sin demasiadas ganas de torear provocó la ampliación de la interminable lista de faenas irrelevantes que suma el alicantino en los últimos trienios. José Mari está aburrido y la gente no digamos.

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Crónica fotográfica de la 1ºcorrida de la Feria de San Miguel, por Maurice Berho

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