Ruge Huelva

Daniel Luque lancea al quinto toro, de Santiago Domecq.

Tarde redonda de Daniel Luque, que sale a hombros con un David de Miranda que se juega la vida frente al sexto de la tarde. Morante, de vacío con un lote nefasto.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Aritz Arambarri

Huelva. Lunes, 3 de agosto. Última de Las Colombinas. “No hay billetes”. Toros de Domingo Hernández (1º), José Luis Pereda (2º), Juan Pedro Domecq (3º), Cayetano Muñoz (4º y 6º) y Santi Domecq (5º) que fue el mejor con gran diferencia. Morante de la Puebla, silencio y pitos; Daniel Luque, oreja y dos orejas; y David de Miranda, oreja y dos orejas.

Daniel Luque y David de Miranda salieron a hombros.

Las Colombinas se cerraron con una corrida de cinco hierros, pues la alarmante falta de toros en el campo -en parte también porque a las figuras les sobran tres cuartas partes de las ganaderías- obligan a este tipo de inventos. Desconozco los motivos, pero esta fórmula nunca termina de resultar, y si bien hoy se cortaron seis orejas el encierro en líneas generales dejó bastante que desear.

No valió el manso de Domingo Hernández que abrió plaza, por mucho que Morante lo encelara con su proverbial serenidad en unos redondos magníficos antes de matarlo fácil, sin casi empujar siquiera la espada. El cuarto, de Cayetano Muñoz, salió ya con el gafe a cuestas: en el pasillo de chiqueros rompió una puerta y estuvo a punto de herir a uno de los operarios, y luego no tuvo un pase no por peligroso, sino lastrado por su invalidez. Se enfadaron con el torero en vez de con el presidente que lo mantuvo en el ruedo, y hubo gente que le gritó a Morante ya durante el resto del festejo, lo que me hizo recordar aquellos bonitos tiempos en los que los morantistas cabíamos en un cuatro latas.

Tampoco sirvió el segundo, de Pereda, pequeño pero avispado, que le buscó las espinillas a Daniel Luque en los primeros pases, y que cuando el torero le pudo, se rajó descaradamente. Por el mérito y voluntad de la faena, y una estocada efectiva, le dieron al sevillano una oreja.

El quinto, de Santi Domecq, fue el mejor de la tarde por noble, fijo y templado, y además tuvo enfrente a un gran torero como Daniel Luque, circunstancia que también ayuda. El de Gerena lo toreó cómo y cuanto quiso, primero con gusto, relajado de hombros y suelto de muñecas por redondos y naturales. Y cuando el animal se fue apagando, desplegando toda su variedad y dominio de las embestidas, distancias y terrenos, en una faena muy completa y clarividente rematada de perfecto volapié. Con otras dos orejas cerró su magnífica actuación en Las Colombinas.

Por supuesto en la salida a hombros le acompañó David de Miranda, el ídolo de la tierra. Su primer toro, de Juan Pedro Domecq, tuvo un comportamiento prometedor en la primera fase de su lidia. Lo aprovechó el de Trigueros para lancearlo con temple y gusto a la verónica, y para quitar en los medios por gaoneras a pies juntos. Entre que el toro se le venció y que el torero no movió un músculo, en los tendidos hubo amagos de taquicardia.

Otro cantar más desentonado fue la faena de muleta, de inicio espectacular por estatuarios pero de poco fuste en el toreo en redondo y por naturales, con el cuerpo por un lado, la muleta por otro y el toro por donde Dios quiso. Mientras mantuvo la movilidad aquel desajuste medio se disimuló, pero cuando el animal perdió fuelle y ya no bastaba con pasarlo sino había que traerlo y llevarlo, la descoordinación se hizo más evidente. David debería torear más derecho y con el compás más cerrado, más amanoletado. Ganaría en personalidad y estética, que unidas al valor que le sobra, lo convertirían en un torero mucho mejor. Por supuesto todo este rollo le importa tres narices a sus paisanos, que le pidieron la oreja tras pinchazo y estocada, para que la pasease luego mientras le cantaban "Por la Bahía".

Todas estas cuestiones técnicas las olvidé incluso yo mismo tras su temeraria faena al toro que cerró feria, un burraco de Cayetano Muñoz con movilidad pero descompuesto sobre todo por el lado izquierdo, por donde soltó mucho la cara. El onubense lo llevó con quietud y firmeza por el pitón derecho, el más claro de los dos, y arriesgó muchísimo por el otro en naturales que no podían ser limpios, pero a los que les sobraban agallas y emoción. No conforme con esto, se pegó un arrimón de espanto en el epílogo de su brava faena, provocando hasta tal punto a su enemigo con los muslos, que éste le lanzó un gañafón a la entrepierna que pudo tener consecuencias fatales. Con la taleguilla rota y sin saber el público si estaba o no herido, siguió arrimándose como si no tuviese para comer antes de tumbar a su oponente de una demoledor estoconazo. Le dieron las orejas y el rabo porque cuando David de arrima y ruge Huelva, aquello no hay quien lo pare.

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