Toreros fiables

Muletazo de Daniel Luque.

Daniel Luque y Borja Jiménez no fallan tampoco en Logroño, cortando una oreja por coleta. El magisterio del de Gerena y el poderío del de Espartinas, lo más destacado del cierre de la feria.

 

Por Álvaro Acevedo / Foto: BMF Toros

Logroño. Miércoles, 23 de septiembre. 4ª y última de feria. Un tercio de entrada. Toros de Fuente Ymbro, desiguales de presentación y juego. Daniel Luque, ovación y oreja; Borja Jiménez, oreja y silencio; y Diego San Román, silencio y silencio tras aviso.

Buenos puyazos de Javier García “El Jabato” y Eduardo Reyna.

 

La tarde empezó enrarecida. Una pancarta quejándose con sorna del microclima bajo el que se dan los toros en Logroño merced a una cubierta que no se abre, recorrió los tendidos entre los aplausos de la gente. Todo dentro de un orden, hasta que a un espectador le dio algo y la gente lo achacó a este lugar cerrado donde corre menos aire que en el fondo de una mina, así que mientras Daniel Luque se la jugaba con la mano izquierda el público silbaba sin que el torero comprendiera los motivos. Mató de excelente estocada, pero la faena ya se la habían cargado los elementos.

Evacuado el enfermo por los sanitarios, salió el segundo y Borja Jiménez compitió en quites con el mexicano Diego San Román, que había dado unas valerosa saltilleras replicadas por chicuelinas de buen aire a cargo del de Espartinas. El toro seguía sin fijar a esas alturas, pero parecía noble. Borja lo cambió por la espalda tres veces antes de una serie ligada y de mucho poder por el lado derecho que le sirvió para hacerse con el toro. A partir de ahí, un trasteo ligado, firme y vibrante frente a un toro que se movía con cierta nobleza pero a su aire, sin querer que lo molestaran. Estocada tendida, descabello certero y oreja de esas que cortan los toreros con oficio y responsabilidad.

En el siguiente turno, a un Diego San Román muy dispuesto le costó sin embargo cogerle el pulso al buen pitón izquierdo del tercer toro, sufriendo además algún que otro atragantón por el otro, que era el malo. El mexicano construyó una faena deslavazada, con algunos naturales de cierto buen temple, pero dentro de un conjunto con muchos altibajos. Con la espada se le fue la mano.

El contraste con la comparecencia posterior de Daniel Luque fue llamativa, pues este sabía exactamente lo que había que hacer en cada momento. Que iba a haber desquite tras lo sucedido en el primer toro se vio casi desde el principio, porque el cuarto fuenteymbro era noble y Luque no se lo dejó ir. Casi como en un tentadero, lo acarició primero por naturales y le limó ciertas asperezas del otro pitón, por el que además basó su faena, dando la sensación de que el pitón bueno no le motivaba, que era demasiado sencillo para él. Luego ya en la distancia corta hizo lo que le dio la gana, como si tuviera enfrente una añoja, y ejecutó la suerte de matar rozando la perfección.

A sus manos fue a parar la segunda y última oreja de la tarde, porque Borja pinchó al quinto, un toro difícil de equilibrar por mal andado y calamocheante, pero que cuando el torero le midió la fuerza de los toques lo agradeció, logrando ahí el de Espartinas, en la parte central de su labor, un par de series muy notables a un toro que iba siempre a regañadientes.

Tampoco San Román alcanzó premio en el sexto, reservón a la par que humillador y haciendo cosas raras con la cara y con la vista que complicaron las cosas al mexicano. Con una faena de nuevo valerosa pero de escasas luces, se cerró una Feria de Logroño que pasará a la historia por un nombre y un apellido: Diego Urdiales.

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