Sabor, maestría y sabotaje

Natural de Diego Urdiales.

Magnífica tarde de Diego Urdiales, al que le quitan la Puerta Grande tras su soberbia faena al cuarto toro. Ofuscado Roca Rey. Aarón Palacio, con la suerte de espaldas. Corrida de Juan Pedro sin estilo.

 

Por Álvaro Acevedo / Foto: BMF Toros

Logroño. Lunes, 21 de septiembre. 2ª de feria. Más de ¾ de entrada. Seis toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación y sin clase ni estilo. El único que humilló fue el 2º. Diego Urdiales, oreja tras aviso y oreja con fortísima petición de la segunda y gran bronca al presidente por no concederla; Roca Rey, oreja con petición de otra tras aviso y silencio; y Aarón Palacio, silencio tras aviso y silencio.

Hasta para el torero que te toque como paisano en tu tierra hay que tener suerte en este mundo. Al menos dos generaciones de aficionados riojanos han crecido viendo torear a Diego Urdiales, que no es lo mismo que ver torear a cualquier matatoros de la vida. El caso es que en Logroño da gusto ver toros, no es que desdeñen otros conceptos pero cuando el toreo bueno surge la gente lo huele. Créanme: si en vez de Urdiales nace otro, lo mismo esto está lleno de recortadores potenciales.

La tarde que nos regaló el de Arnedo fue sensacional. Pausado con el capote, lanceando con sabor, impuso luego su toreo encajado y natural a los dos toros de su lote, ambos sin clase, y lo hizo con tal sapiencia y armonía, que las embestidas feas parecieron bonitas, que les dio ritmo a toros que no lo tenían. Su faena al que abrió plaza, un toro suavón, manejable pero deslucido por su poca entrega, fue precisa y templada, tapando con el buen aire de su toreo la vulgaridad del toro. Como para matar se puso incómodo, le quitó la querencia con un tirón a los medios, y allí mismo lo tiró sin puntilla de una limpia estocada en la yema. Magistral.

Por el temperamento del enemigo, más mérito e intensidad tuvo todo lo que le hizo al cuarto, desplegando un valor limpio de alardes, pensando en la cara del toro, sin atropellar la razón. Técnicamente impecable, toreó ligado y acompasado con la derecha, y al natural, alivió primero las embestidas con unos muletazos periféricos, marcándole el camino al áspero toro de Juan Pedro, que ni humillaba ni quería coger los vuelos del engaño, siempre yendo fuerte y perdiendo a veces el equilibrio del propio genio que gastaba. Pero una vez metido el toro en la muleta, Urdiales fue ajustándose el toro a su cuerpo, y con los pies muy quietos y el cuerpo muy bien plantado, cuajó series excelentes, asoleradas, imponiendo su temple pese a la brusquedad del toro. La última serie totalmente de frente fue soberbia, con la plaza rendida a su hondura y sabiduría. Otra estocada perfecta y petición estruendosa de dos orejas que se quedó en una, me temo que porque el presidente sabe poco y el asesor sabe menos. Le sabotearon a Urdiales una Puerta Grande incuestionable.

Urdiales fue el torero de la tarde porque Roca Rey no estuvo fino y Aarón Palacio se llevó un lote nefasto. Unos valerosos pases de rodillas por la espalda en el inicio y un arrimón demagógico al final es lo único que se puede rescatar de la obtusa faena que completó el peruano ante el mejor toro de la tarde, desaprovechado escandalosamente a base de latigazos con la derecha, tirones con la izquierda y enganchones por todos lados. No sólo le dieron una oreja, sino que incluso le pidieron la segunda antes de consumar un naufragio de proporciones oceánicas con el muy incómodo quinto.

La corrida de Juan Pedro fue en general paupérrima, y en particular el lote de Aarón Palacio no tuvo un pase. Recibió con dos faroles de rodillas y unos lances muy bonitos a su primer toro; y con una arriesgada larga en toriles saltándole el toro por encima, más largas en el tercio y verónicas de mucha categoría al sexto. Echaban las palmas humo ante el talento y ambición del joven torero, pero sus dos faenas se fueron diluyendo porque el tercero se quedaba cortísimo y rebañaba; y el sexto, no paraba de gazapear y medir al torero, que estuvo valentísimo, metiéndose al público en el bolsillo con un taquicárdico inicio de faena de hinojos, pero a la postre, estrellado contra un muro de descastamiento y mal estilo. Lo mejor, un suave y medido quite por tafalleras al primer toro de Roca Rey pese a las advertencias previas de carácter disuasorio. Este muchacho quiere ser torero.

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