David de Miranda impresiona a Bilbao
Monumental exhibición de valor y aguante del onubense, en una faena además templada y limpia. Le negaron injustamente la Puerta Grande, cortando una oreja al igual que Castella y Marco Pérez.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Aritz Arambarri
Bilbao. Viernes, 28 de agosto. Penúltima de las Corridas Generales.1/3 de entrada. 6 toros de Domingo Hernández, el 3º como sobrero, en general discretos de presencia y de variado e interesante juego excepto el manso y rajado 1º. Destacaron 2º, 4º y especialmente el 6º, excelente. Sebastián Castella, silencio y oreja; David de Miranda, ovación y oreja con fuerte petición de la segunda y dos vueltas al ruedo; y Marco Pérez, ovación y oreja.
David de Miranda es un torero de un valor tremendo que además exhibe sin esfuerzo. O sea, es un valor natural, nada que ver con el arrojo, que es más vistoso pero más ficticio. El toro de su debut en Bilbao se movió con alegría, mejor por el lado derecho, pero fue muy bien llevado por el onubense, que cada vez torea con más pulso. Arrancó por estatuarios, cuajó una buena serie con la izquierda, toreando derecho, sin doblarse, y un par de ellas templadas con la diestra, una de ellas ligada a un natural a ralentí. Más en corto el toro ayudó menos y se atascó la cosa, pero una última serie de redondos recuperada la distancia mejoró el tono. Cerró con valientes manoletinas, sin moverse, como durante toda la faena, pero falló al matar, algo raro en él.
Pero la tarde quedó marcada por la faena de enorme dimensión que consumó frente al quinto, un toro protestado de salida porque aunque tenía cara estaba muy vareado. Nada claro en los primeros tercios, poco debió importarle a este onubense que parece tener hielo en vez de sangre. Arrancó su faena de manera gallarda, con ayudados de rodillas muy toreros, y ya en pie podemos decir que asustó al miedo. Con una serenidad escalofriante soportó todas y cada una de las embestidas, a veces poderosas y fuertes, y otras inciertas, con el toro desparramando la vista y los pitones a la altura del fajín. Ni se inmutó David y desengañó a su enemigo con un aguante descomunal, toreándolo con limpieza y despaciosidad, perfectamente acoplado por ambos pitones, dándole las pausas precisas, el ritmo exacto, la distancia justa.
Su faena fue una apoteosis de valor y clarividencia, de más a mucho más, con un último tramo escalofriante en el que se dejó llegar los pitones a los alamares a toro alzado entre la conmoción del público, impactado ante un vapor tan desnudo, tan sereno, tan de verdad. Las bernadinas finales olieron a cloroformo. Y también la estocada, en la que el toro le marcó el vientre con la punta del pitón. Indiscutible faenón de Puerta Grande revalorizado además por las dificultades del toro, un honor que le sabotearon desde el palco de manera criminal. Con una oreja dio dos clamorosas vueltas al ruedo.
El primer toro y el tercero bis, que sustituyó a un inválido, fueron mansos de solemnidad, abantos de salida y huyendo de caballo a caballo, pero la diferencia es que uno no quiso pelea en la muleta y el otro sí. Por tanto Sebastián Castella no pudo hacer más de lo que hizo -si acaso, matarlo antes- pero Marco Pérez sí que tuvo opciones frente a un toro muy serio que se dejó torear. Marco lo aprovechó perfectamente. Puede que su estilo no enamore pero el chaval tiene una cantidad de recursos técnicos gracias a los cuales se le resisten pocos toros. Eso es también porque anda bien de valor y más todavía de raza. Su faena, firme, ligada y vistosa tuvo una serie por la izquierda templadísima, tirando con un tacto magnífico de su oponente. La espada se le atascó.
La suerte que no tuvo Castella en el primero se la devolvió com creces el destino en el cuarto, colorao ojo de perdiz, listón, axiblanco y con una mancha más clara en el lomo. Presentaba el trapío muy justo para Bilbao pero tuvo clase en la muleta y fue bravo en el caballo, tercio en el que hirió a un monosabio mientras que un extranjero con pinta de tener más de un cable suelto mostraba su alegría por el percance del hombre. La policía se lo llevó.
Sebastián me gustó en los dos pilares del toreo, la verónica y el natural. De salida, al menos cuatro lances tuvieron un aire bonito, volando bien el capote y bajando las manos. Con la muleta comenzó al revés, como cada vez que un torero se lía a pegar pases por la espalda, pero como la gente aplaude yo entiendo que los toreros insistan en ello. Toreó más con la mano derecha y lo hizo bien, pero una serie al natural tuvo una elegancia llamativa. Su siguiente intentona por ese lado fue tardía y muy encima del toro, no entiendo el motivo, pero en general la faena estuvo bien conjuntada y concluyó con el tan orejero toreo de cercanías. Mató un poco a capón pero con efectividad, y paseó la primera oreja de la tarde. Merecida, pero igualar numéricamente esta faena a la de David de Miranda fue una broma.
En sexto lugar salió el toro de la tarde, un magnífico ejemplar de Domingo Hernández al que Marco Pérez exprimió a placer. Su faena fue abundante, variada, con fases de gran toreo fundamental en su primer tramo, llevando al toro largo y por abajo, ligada con precisión milimétrica y con tanto oficio como si llevara diez años de matador de toros. Algo más amontonada en su última fase, necesitó además un pinchazo antes de la estocada. Cortó una oreja pero el toro era de dos. David de Miranda es de momento el torero de la Semana Grande.