Damián Castaño se hace querer
Meritoria y comunicativa actuación de Damián Castaño, con el público a favor. Las iras, para Antonio Ferrera. Discreta presentación y juego de la corrida de Dolores Aguirre.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Aritz Arambarri
Bilbao. Martes, 25 de agosto. 2ª de las Corridas Generales. 1/3 de entrada. 6 toros de Dolores Aguirre, mal presentados por su desigualdad y de poco juego. El de mejor estilo en la muleta, el 1º, y el más encastado, el 2º. Difíciles 3º y 5º. Bravo en el caballo y rajado en la muleta el 4º. Sin fuerzas ni raza el 5º. Antonio Ferrera, división al saludar, siencio y pitos. Damián Castaño, vuelta con protestas, ovación y vuelta tras petición.
Antonio Ferrera y Damián Castaño son dos toreros que no paran, para lo bueno y para lo malo. Quieren hacer de todo pero el reposo es un concepto que no suele entrar en sus esquemas mentales, si bien cuando consiguen serenarse ganan muchísimo. A ellos en cambio les tira más lo otro y su hiperactividad entretiene al público, eso es cierto, pero muchas veces da la sensación de que se les va la fuerza por la boca, especialmente en el caso de Damián, cuyos chillidos son espantosos.
A mí me gusta más Ferrera, aunque en Bilbao tuvo una tarde que acabó malamente y aquí además el que jugaba en casa era Castaño. La gente lo quiere porque ha tenido tardes importantes especialmente con toros de esta misma divisa de Dolores Aguirre, y esta vez ha estado muy cerca de repetir la hazaña, es decir triunfar con estos toros duros de pelar a base de hacer de tripas corazón y ponerle a sus faenas toda la ilusión del mundo. O sea, lo quieren y él se hace querer.
A su primero lo protestaron por chico de salida y lo aplaudieron por bravo en el arrastre. Más que bravo, lo que tuvo fue mucha casta y poder llegando a la muleta con la boca cerrada y engallado, con ganas de guerra. Se la dio a su manera Damián en una faena de más a menos, con una buena primera serie de naturales para ir perdiendo fuelle mientras el toro cada vez se crecía más. Dio la impresión de que el esfuerzo que hizo le pasó factura en cada tanda, a cual más pródiga en recursos y escasa en asentamiento, y siempre muy pendiente de la gente, hasta el punto de rematar las series y verse sorprendido por el toro, que quería seguir embistiendo mientras él andaba mirando al tendido. Tras una muerte espectacular, ovacionaron al toro y al torero, dando éste una vuelta al ruedo bastante forzada.
Lució en varas a su segundo, que se arrancó bien al caballo y empujó en el peto con fijeza, a diferencia de sus hermanos. El toro tuvo quince arrancadas nobles pero terminó aburridillo buscando las tablas, y Castaño, comunicativo y pinturero, lo toreó animoso, por momentos con buen estilo, con algún natural desmayado muy bonito y una serie final en redondo ligada y limpia, haciendo la noria. Si el toro le aguanta diez muletazos más y Damián le mete la espada le corta la oreja, pero ninguna de las dos cosas sucedieron.
La rozó en el sexto, el toro más difícil de su lote, pero con el que se peleó muy bien a la vez que le contaba a los bilbaínos con sus gestos lo malísimo que era el de Dolores. Y en verdad que lo era, pero sucede que el toreo de recursos de Damián, ganándole al toro el paso para delante y tocándolo con fuerza al pitón contrario está más legitimado ante ese tipo de toro que lo quiere coger. La pugna tuvo emoción y mérito, y por eso le pidieron la oreja tras estocada defectuosa, pero el presidente no se ablandó.
Si el cariño fue para el salmantino, las iras se descargaron para Ferrera yo entiendo que de manera injustificada a raíz de la suerte de varas del quinto, un toro con pinta de buey y pobre de cara y al que aplaudieron de salida supongo que porque pesaba 657 kilos. Recibió tres puyazos como la mayoría de sus hermanos, no porque le hiciera falta sino porque los toreros se empeñaron en lucir una corrida que fue de todo menos brava. Y como del peto salió el animal tullido y llegándose a echar hasta dos veces durante la faena, el extremeño pagó el pato como si el picador lo hubiese asesinado bajo el peto, que no fue el caso. La pitada fue de campeonato.
Antes, entendió bien al mejor pitón de toda la corrida, el derecho del toro que abrió plaza, y dándole distancia a su oponente lo toreó eléctrico pero con mando en tres series ligadas que fueron las de mejor acople de la tarde con bastante diferencia. Cuando cambió al pitón izquierdo, por el que el toro no iba, la faena pegó un bajón que ya no hubo forma de remontar. Para compensar, el segundo de su lote fue el peor del encierro, bronco y orientado, pero la experiencia del torero le permitió torearlo sobre las piernas sin perder la compostura. Para mí fue lo mejor de su actuación; y lo peor, ese capote verde brillante con el que todavía no le he visto pegar un lance bueno. Con el azul tampoco.