Hablemos del toreo de Borja Jiménez en el triunfo de Marco Pérez
Natural de Borja Jiménez a su primer toro de El Parralejo.
Dos enormes faenas del sevillano quedan emborronadas por el mal uso de la espada. Feliz presentación con Puerta Grande para Marco Pérez y entregado regreso de El Fandi, ante un público abundante y festivo.
Por Irene Martín Moya / Foto: Tauroemoción
Plaza de toros de La Malagueta. 6ª de abono. Dos tercios de entrada. Corrida de la Juventud. Toros de El Parralejo, desiguales de presentación pero de muy buen juego. El Fandi, oreja y oreja con petición de la segunda; Borja Jiménez, silencio tras aviso y vuelta tras leve petición; Marco Pérez, dos orejas y silencio tras leve petición.
Con toda la lógica del mundo, el torero más joven de la terna de la Corrida de la Juventud fue el triunfador. Marco Pérez desorejó al toro de su debut en La Malagueta e hizo que El Fandi -no deja de ser sorprendente que estuviera en este cartel con 26 años de alternativa- tuviera que apretarse los machos. Ni uno ni otro, con sus triunfos en la mano, lograron hacer sombra al toreo de Borja Jiménez, a quien se le sigue atascando la espada. Corrida importante de El Parralejo: desiguales en presentación pero todos dieron opciones para el deleite de un público muy entregado y con ganas de premiar. El respetable lo es, pero hablemos de las dos faenas de Borja Jiménez tras la arrolladora presentación de Marco Pérez.
Cuesta arriba pero anovillado fue el tercero, con el que Marco Pérez debutó en La Malagueta con una larga cambiada de rodillas, verónicas y luego chicuelinas para llevarlo al caballo. Brindó a El Fandi e inició su labor con un pase cambiado por la espalda en el centro del ruedo, atrayendo al público. Tras un par de series por el derecho, con la zurda el toro se quedó más parado y el debutante empleó esos tiempos para mirar al público. Insistió por ese pitón -casi queriendo emular la serie anterior, pero el toro tuvo menos empuje- con la figura erguida, dándole juego a la muñeca y dejándose llegar los pitones. De vuelta al derecho ya el animal prácticamente no se movía y sus adornos quedaron muy deslucidos. El desplante entre los pitones sin muleta puso al público en pie, y tras una estocada entera paseó dos orejas.
Justo antes, Borja Jiménez había lidiado un toro con poco cuello y cara, pero que mostró movilidad y entrega. Hubo tres series por el derecho muy ligadas antes de torear al natural, ya en el centro del ruedo, corriendo la mano, pero sin obligar en exceso a su oponente. Por ese lado surgió el toreo más artístico de su faena, ralentizando el muletazo y provocando los olés del público. Cambió la espada y dejó una última tanda con la zurda ya sin música y vendiendo el muletazo de uno en uno, enganchando la embestida por con la pierna contraria adelantada, y llevándola atrás de la cintura. Pinchó en un primer intento y en el segundo la estocada le hizo guardia, pero siguió dando naturales. También falló con el descabello repetidamente, desapareciendo cualquier opción de premio.
El quinto, acapachado de cuerna, también metió la cara bien en el capote. Se estiró Borja a la verónica pero le enganchó en un par de ocasiones, y luego el de El Parralejo recortó en banderillas. Tras brindar al público, citó en los medios para un pase cambiado por la espalda, pero tras ese inicio espectacular llegó lo de más rotundidad de la tarde. Porque las series por el derecho fueron inimitables por la profundidad del muletazo y el control de las distancias. Le bajó la mano por el izquierdo tanto que el toro pisó la muleta. La humillación del animal se conjuntaba a la perfección con un torero entregado pero sin perder las formas, vistoso pero sin alharacas, que abrochó su gran faena con un toreo al natural de muchos quilates. Volvió a pinchar y pese a ello afloraron algunos pañuelos, dando finalmente una vuelta al ruedo que suplió a lo que podía haber sido un premio muy importante.
El Fandi, muy espoleado por la juventud, se fue a la puerta de chiqueros a recibir al cuarto de la tarde. Tras la larga cambiada, dejó lances en redondo, exprimiendo la embestida del toro hasta el final. Si los hermanos tuvieron movilidad, éste fue el que más se desplazó y, además, lo hizo humillando. Un quite por lopecinas rematado de rodillas mantuvo al público enganchado. Borja Jiménez dio juego a la rivalidad con una verónica, cuatro chicuelinas y la media, antes de que el granadino protagonizara otro tercio de banderillas marca de la casa. Tras ocho años de ausencia en La Malagueta, el granadino volvió a brindar al público y comenzó la faena de rodillas en el centro del ruedo. La extraordinaria condición del animal, con una embestida encastada, le permitió firmar una faena poderosa y entregada. El toro fue con todo, teniendo más calidad por el derecho. El Fandi buscó la comunión con los tendidos y no faltaron los muletazos de adorno. Entendamos que era uno de esos toros que te ponen a funcionar, pero El Fandi ya no necesita de eso, aunque él arreó como si aún le quedaran cosas por demostrar en su dilatadísima trayectoria. Dejó una estocada caída y el público pidió las orejas con ahínco a gritos de “torero, torero” y luego “otra, otra”.
Con una larga cambiada, verónicas y revolera había recibido al primero, con más cuerpo que cara. En banderillas dejó un par por dentro, otro por fuera corriendo hacia atrás y un tercero al violín, clavando reunido y arrancando la ovación del público. Hubo brindis al respetable tras hacer un recorte porque se le vino el toro. Inició de rodillas; ejecutó una serie por la derecha y otra por la izquierda por donde protestó más; se fue de vuelta al mejor pitón, ya con el toro venido a menos, adornando el inicio de la serie con un molinete de rodillas y el final con desplantes de rodillas entre los pitones del animal, de frente y de espaldas. Pinchó antes de la estocada tendida y paseó una oreja.
Antes de la faena de muleta del sexto se escuchó una voz en el tendido, “qué buena tarde, ganadero, qué buena tarde”, y no le faltaba razón. Este último tuvo más genio que bravura y echó la cara arriba. Tuvo más teclas que tocar y se hizo complicado por su embestida rebrincada. Marco Pérez pidió paciencia para torearlo de la misma manera que toreó al anterior, pero no podía ser igual; y si bien por el derecho logró ligar los muletazos, la cosa quedó más desdibujada por el otro pitón en su único intento al natural. Pinchó antes de la estocada final, saiendo a hombros de la plaza.