Daniel Crespo, como hace justo un año
Daniel Crespo, con el primero de su lote.
Tres orejas para el gaditano, que además cuajó a un gran toro de El Freixo. Cal y arena de Morante, que vuelve a colgar el “no hay billetes”.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Aritz Arambarri
El Puerto de Santa María. Sábado, 8 de agosto. "No hay billetes". 6 toros de El Freixo, desiguales de presencia y juego. El 3° fue excelente. Morante de la Puebla, oreja y ovación tras aviso; José María Manzanares, ovación y ovación; y Daniel Crespo, dos orejas y oreja. Salió a hombros.
Gran puyazo de Manuel Jesús Espartaco.
Tercera tarde de Morante y tercer “no hay billetes” en taquilla. Esto, y no otra cosa, es lo que siempre se ha conocido por llenar las plazas. Lanceó airoso al toro que abrió festejo y las chicuelinas del quite fueron ajustadísimas pero toreadas, no como un quiebro latiguero, que es lo que hacen otros. El inicio de faena fluyó a una mano con media muleta, andando para delante con una facilidad pasmosa, un toreo al paso rítmico y magistral. La primera serie fue de una languidez absoluta, acompasando la muleta al buen estilo del toro, que se fue apagando por momentos. Un trincherazo poderoso abrió la segunda tanda, ya con la derecha, bonita y a la vez honda, ejecutando un toreo reunido e inconexo, porque al toro le costaba. Aflojó aún más en la siguiente serie al natural, pero enseguida un grácil molinete abrió un ramillete de bellos redondos, y luego, una giraldilla la ligó a un circular. Un abaniqueo al paso cerró su labor antes de una estocada en la que ejecutó a la perfección la suerte de matar. Sólo por ello mereció la oreja.
Más complejo, merced a la irregularidad de sus embestidas, fue el siguiente toro, de mala vista, mansurrón y de mucha clase. Sin engancharlo se venía al cuerpo, pero cogida la cara por delante tenía una embestida excelente aún saliendo suelto más de la cuenta. Manzanares tardó en cogerle el sitio, se lo redondeó demasiado, sufrió alguna colada por estar mal colocado y esperarlo con la muleta a la altura del cuerpo, pero al final logró enjaretarlo en tres tandas de buenos muletazos, dos diestras y una con la izquierda. A la gente le gustó mucho el torero porque vio al toro peor de lo que era. A mí no tanto, porque vi al toro mejor de lo que pareció.
El gato al agua se lo llevó Daniel Crespo, un torero recio y a la vez con expresión. El año pasado dio una gran tarde de toros en su tierra y regresaba por tanto por méritos propios. Lo cierto es que estuvo tranquilísimo, sin que le pudiera la presión. Su labor con el tercero, un toro magnífico, fue notable tirando a sobresaliente. Lo recibió con unas poco habituales cordobinas flexionando la pierna contraria, seguidas de unos lances soberbios, asentado y cargando la suerte. Un quite por gaoneras tuvo verticalidad y quietud. Con la muleta brilló especialmente con la mano izquierda, logrando naturales de mano baja en los que jugó perfectamente la muñeca, acariciando por momentos la suave embestida del animal. Los remates a una y dos manos tuvieron un gran nivel por temple y estética. Y las bernadinas finales, muchísimo riesgo. La estocada sin puntilla fue demoledora. Cortó dos orejas incontestables.
Apoyada la espalda en las tablas, Morante pasó a una mano al cuarto toro de El Freixo hasta seis veces, sabiéndose en los tendidos que cualquier extraño del enemigo contra la barrera hubiera sido fatal. Con el público rugiendo, unos lances ganando terreno terminaron de someter al bravo, aliviándolo con una serpentina de remate con la que acabó la lucidez del maestro. En efecto, dos puyazos mandó José Antonio que le dieran al toro, y ahí empezó la cosa a torcerse. Pasado claramente de castigo y tras un inicio errático y trompicado otra vez junto a las tablas, fue exigido demasiado por Morante con un toreo ligado en redondo muy atosigante, así que entre unas cosas y otras el animal se vino abajo para terminar poniéndose a la defensiva. Mal con la espada, pitaron al toro e hicieron saludar al torero, pero lo cierto es que el animal mereció otra lidia y otro trato. Hace mucho que no escribo esto pero sí, Morante estuvo mal.
De tamaño chasco ya no se recuperó la noche. Vociferante y en plan pegapases, Manzanares volvió con el deslucido quinto a su versión más tosca en una faena no sólo irrelevante, sino también más larga que un día sin pan. Y Daniel Crespo toreo igual de decidido pero de forma más mecánica al sexto, manejable pero no con la calidad del otro. Con una oreja esta vez cariñosa, redondeo su contundente y merecido triunfo antes de que se lo llevaran a hombros.