Azpeitia ‘Grave’

Emilio de Justo, en su faena al cuarto de la tarde.

Brillante corrida de Murteira Grave, que mantiene su idilio con Azpeitia. Tres toros magníficos, Puerta Grande para Emilio de Justo y excelente debut de Víctor Hernández. Otro faenón de Borja Jiménez malogrado con la espada.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Aritz Arambarri


Azpeitia. Viernes, 31 de julio. 2ª de feria. Lleno. 6 toros de Murteira Grave de buenas hechuras excepto el 6°, que además fue el peor. Extraordinario el 4°, premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre; de gran clase el 3°; y bravo y repetidor el 5°. Muy toreable el 1°. Incómodo el 2°. Emilio de Justo, silencio y dos orejas. Salió por la Puerta Grande; Borja Jiménez, silencio y ovación; y Víctor Hernández, oreja y ovación.

Como en Azpeitia el que se lo gana repite, al inicio de la tarde Joaquim Grave y Borja Jiménez recogieron los respectivos trofeos al mejor toro y al triunfador de la feria de 2025. El torero no lo recibirá el año que viene porque pinchó a los cuatro toros que mató en el ciclo, pero es muy posible que el ganadero portugués vuelva a llevarse el premio al toro de la Feria de Azpeitia, y ya van unos cuantos.

Ello, tras lidiar en cuarto turno a "Bogotá ", un derroche de bravura y nobleza, repetidor, entregado, pronto, alegre, incansable y fijo. Frente a él volvimos a ver el Emilio de Justo de los mejores tiempos en una faena redonda, de esas que dan moral a los toreros. Dedicada a Samuel Navalón, que veía la corrida en el callejón, la arrancó con unos poderosos pases por bajo castigando a su oponente, atemperando su casta. Pero el brío iba acompañado de nobleza, que es lo que pasa cuando el toro tiene bravura en vez de genio. Emilio se vació en una faena en la que, al igual que su oponente, lo dio todo. Citó al toro de largo y muy asentado lo llevó lejos, primero en limpias series de redondos perfectamente ligadas y abrochadas con grandes pases de pecho; y después ya con la mano izquierda, atornillado el torero en la arena para ejecutar naturales soberbios, en series emocionantes e intensas, toreando a conciencia, con una entrega absoluta. Y tras otro abanico de naturales, ahora con la mano derecha sin la espada de ayuda, una estocada trasera, dos orejas bien ganadas y una no menos merecida vuelta al ruedo al toro en el arrastre.

Pero si este toro fue un espectáculo, la calidad del tercero me pareció algo especial. No era sólo la nobleza, sino el estilo y el ritmo al meter la cara. La faena de Víctor Hernández hizo honores a la embestida. Tres estatuarios precedieron a otros tres ayudados ahora ya abriendo el compás y toreando por bajo, sencillamente a placer. Enseguida, un toreo en redondo con la muleta planchada, muy despacio; y tres naturales fantásticos, lo mejor que hemos visto en Azpeitia desde un punto de vista artístico. Inconmensurables de pureza y calidad, los abrochó con una trincherilla sublime. Luego, no sé si quizá demasiado pronto, un tremendo toreo de cercanías exprimiendo la nobleza del animal y unas luquecinas finales que a mí me parece que sobraron. La espada cayó delantera, se amorcilló el toro, descabelló un par de veces Víctor y ahí se le escapó la Puerta Grande. Una oreja en vez de dos.

La otra gran faena de esta completa tarde de toros llevó la firma de Borja Jiménez y la consumó frente al quinto murteira, una máquina de embestir. El diestro de Espartinas le formó un taco porque le dejó siempre la muleta puesta y lo llevó perfectamente toreado con ambas manos, sin dejarse tocar la muleta, ligando con una precisión excelente y, cada vez que pudo, con un trazo curvo, muy en redondo, gracias al cual terminó de imponerse a la bravura de su oponente, con fuego y nobleza a raudales pese a no humillar tanto como sus hermanos. Por todo ello fue finalmente capaz de reducir la embestida del gran toro de Murteira Grave, imponerle su velocidad. O sea, torearlo en vez de pegarle pases. Con el dedo entablillado y la mano suturada tras el percance de ayer, tres pinchazos antes de la estocada lo dejaron sin Puerta Grande otro día más.

El resto de la tarde fue de menos fuste, aunque con sus cosas de interés. Dos toros preciosos de lámina, casi ensabanaos, abrieron la corrida, siendo el de Emilio de Justo noble y con un poquito de temperamento,  por eso punteaba si tocaba las telas. El extremeño se esforzó con la mano diestra y no lo vio claro ni con la izquierda ni con la espada. El de Borja se defendió mucho, más por poca fuerza que por mala condición. Y el demasiado regordío sexto, que estaba en principio de sobrero hasta que hubo de tirar de él pues se desgració el que era titular en una pelea en los corrales, embistió brusco y corto, pero Víctor Hernández se puso en el sitio y terminó desengañándolo en una faena más valiosa que vistosa. Además de un concepto muy puro, este torero tiene un valor tremendo y dicen que mucha humildad para aprender. Si es así llegará lejos.

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