Unos las firman y otros las torean

Samuel Navalón con el sexto toro de Loreto Charro.

Triunfal debut de Samuel Navalón en Azpeitia, sustituyendo a Marco Pérez. Cortó tres orejas, mientras que se fueron de vacío un magistral Daniel Luque y un notable Borja Jiménez de nuevo sin espada.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Aritz Arambarri

Azpeitia. Jueves, 30 de julio. 1ª de feria. Casi lleno. 6 toros de Loreto Charro, dispares de presencia y de juego variado, aunque todos toreables. Destacaron 2°, 3° y sobre todo el 6°. Daniel Luque, ovación y gran ovación tras aviso; Borja Jiménez, silencio tras aviso y palmas; y Samuel Navalón, oreja y dos orejas. Salió por la Puerta Grande junto al hijo de la ganadera.

Cuando un torero está en racha todo fluye y sale bien, y lo que para él resulta fácil, para sus compañeros cuesta un mundo. Samuel Navalón entró por la puerta de la sustitución y salió a hombros con tres orejas, mientras que Daniel Luque y Borja Jiménez, estando ambos muy bien toda la tarde, se fueron de vacío por unas u otras razones. No sé si en todo esto influye que Navalón torea con la frescura y alegría del que aún es pobre y no tiene nada que perder.

En la primera carrera salió Daniel Luque a parar al toro que abrió plaza, signo evidente de que venía a por todas. Lo lanceó con soltura y buen estilo, lo midió mucho en el caballo y pidió el cambio. El toro parecía entero, pero en las dobladas iniciales ya se hizo con él. Lo llevó primero en línea recta, abriéndole los caminos, como dicen ahora, y se abandonó en el remate, un bonito pase ayudado. En ese nivel hubo un natural excelente en la única serie que dio con la izquierda, por las tres del otro pitón. El toro fue brusco y probón, pero Daniel lo fijó con mucha técnica y le hizo una faena meritoria, aunque de más a menos. Media en la yema y gritó "está muerto", cayendo fulminado a los diez segundos. 

Al otro literalmente no lo picó, pese a lo cual tiró para delante a duras penas. Flojo y deslucido, y además incierto por el lado izquierdo, sólo la sabiduría de Luque le hizo embestir en una faena trabajadísima y a la postre con dos series excelentes en redondo, con gusto y a ralentí; y otra en el mismo aire pero por naturales ayudados. En ese tramo final el toro al fin sacó lo bueno que llevaba dentro. La estocada, trasera, demoró la muerte de la res y se enfrió la gente.

El segundo tuvo otro aire, algo medido de poder pero noble y con clase. Borja Jiménez lo llevó cosido a su muleta en una faena de nota alta, muy firme de plantas, segurísimo y ralentizando la embestida. Como por el derecho se fue más largo explotó ese pitón en series por momentos excelentes y rematando con un toreo en la distancia corta con la misma seguridad y quietud que tuvo su toreo fundamental. Pero fue coger la espada y descomponerse. Sin verlo por ninguna parte, terminó tras muchas probaturas entrando a matar cerradísimo en tablas y muy cerca de chiqueros. Que lo iba a pinchar lo sabía hasta el apuntador, pero que rondara la decena de pinchazos antes de descabellar indica que el problema es a veces más mental que técnico.

Aunque de forma menos escandalosa, también arruinó otra faena de triunfo frente al quinto de la tarde. Ésta tuvo otro cariz, porque si Borja se había llevado antes un toro muy bueno, de igual forma pechó con el más complejo de la tarde, brusco y acostándose de manera flagrante por el pitón derecho. El de Espartinas se impuso a él a fuerza de valor y capacidad, desengañándolo con un toreo poderoso, se mano baja y pies quietos. Especialmente intensas fueron sus tandas en redondo, pero en general la faena tuvo un interés notable, el que se deriva de un torero dispuesto de verdad frente a un toro también de verdad, de los que transmite emoción al tendido. Dos pinchazos con corte en la mano incluido tiraron por tierra todo lo que llevaba conquistado.

Samuel Navalón no me gustó con su primer toro, que tuvo la virtud más importante que puede tener un toro para torear bien: la humillación. Pero el joven, tras un arriesgado inicio de rodillas, lo quiso ayudar tanto, tan por fuera y tan en línea recta todo, que lo toreó mal. Un arrimón y una estocada, ambos inapelables, le valieron para seguir sumando. 

Otro cantar fue lo que le hizo al sexto, un faenón con todas las letras propio de un torero nuevo con la hierba en la boca, lanzado y arrollador. El burraco de Loreto Charro fue un gran toro que puso broche de oro a un encierro interesantísimo, con toros de nota muy alta, y con él, Samuel se explayó en series con ambas manos mandonas, ligadas y limpias, impecables con la derecha, aún mejores con la izquierda, bajando la mano y apretándose en ocasiones con el toro. Ése palo es el que tiene que buscar, aparte de sus inicios espectaculares para enganchar al público y sus finales orejeros arrimándose al toro. De todo hizo y todo bien, rematando su triunfal debut en Azpeitia con una estocada contraria hasta la mano. Venía sustituyendo a Marco Pérez, pero unos las firman y otros las torean.

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