Algo es algo: primera Puerta Grande de la Feria

Pase cambiado del torero peruano al segundo de la tarde.

Un vistoso Roca Rey le corta las orejas a un gran toro de Juan Manuel Criado. Oreja para un resuelto Tomás Bastos. Pablo Aguado da los mejores muletazos de la tarde.

Por Álvaro Acevedo / Foto: Lances de Futuro

Santander.  Viernes, 24 de julio. "No hay billetes". 6 toros de Juan Manuel Criado, el último como sobrero, justos de presencia y de variado juego. El 2° fue excelente. Muy nobles y algo apagados, 5° y 6°. El único áspero, el 4°. Roca Rey, dos orejas y silencio tras aviso. Salió a hombros; Pablo Aguado, silencio y ovación; y Tomás Bastos, que tomaba la alternativa, ovación tras petición y oreja.



Al fin llegó la primera Puerta Grande de la feria en corridas de toros, fruto de la conexión entre un ejemplar excelente de Juan Manuel Criado y la que está considerada (al margen de un Morante fuera de concurso) como primera figura del toreo actual, Andrés Roca Rey. Pero si esta es la primera, mejor no pensar cómo será la segunda.

Porque la faena de Roca Rey tuvo como principales puntos de interés unos estoicos estatuarios iniciales, un puñado de pases por la espalda, tres circulares cambiándose la muleta sin rectificar la posición y unas bernadinas finales antes de la estocada. Y todo esto me parece muy bien, pero a ese torete que fue un auténtico carretón embistiendo hay que majarlo primero en el toreo fundamental. Y la verdad, yo no vi ni de lejos esa dimensión en dos series en redondo y otras dos con la izquierda de toreo tan ligado y mandón, como superficial y ligero. Es decir, un torero del status que posee Roca Rey está obligado a torear a ese toro muchísimo mejor.

Luego se peleó con el quinto, que tuvo temperamento, en una faena construida a trompicones, muy valerosa, de mucha raza, pero con una falta de limpieza y claridad de ideas impropias de un torero con más de diez años de alternativa. Andrés no es que no progrese, sino que va para atrás digan lo que digan sus panegiristas, corifeos y demás gentes sin criterio.

Así las cosas, los muletazos con los que salpicó la tarde Pablo Aguado supieron a gloria. No en su primero, lastimado tras una vuelta de campana y condicionado por su falta de poder; pero sí en el quinto de la tarde, noble y apuntando clase. De su irregular faena surgieron varios redondos y naturales, un cambio de mano, un trincheracito y unos ayudados finales rodilla en tierra, con un gusto, una cadencia, un ritmo y una torería a años luz de todo lo anterior. Y eso la gente lo agradece, pero yo lo que quería era que Pablo Aguado le cortara a ese toro las dos orejas. Para eso hay que conjuntar la faena, no puede construirse a base de pinceladas, por muy artísticas que sean. Si mata le hubiesen dado una.

Sí se la concedieron a Tomás Bastos en el sobrero que cerró la tarde, e incluso ya le habían pedido otra en su primero. Aquí hizo bien el presidente en no acceder a lo que hubiese sido un obsequio en toda regla. El toro de la ceremonia fue deslucido, Tomás apuntó cosas pero lo único verdaderamente aplaudido fueron unas bernadinas. Después de eso y un descarado bajonazo no se puede dar una oreja en Santander y ni siquiera en Santoña.

Al sobrero, noble y un punto apagado, lo toreó con soltura, cierto buen estilo con ambas manos y una facilidad inusual en un torero nuevo, evidenciando que ha llegado muy preparado a la alternativa. Pero para funcionar en esto y no ser uno más deberá evolucionar artísticamente y por supuesto mejorar con la espada. Si de verdad tiene afición, puede que quizá lo consiga. 

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