Tres toreros y una escalera
Natural de Víctor Hernández al tercer toro de la tarde.
Orejas para Juan Ortega y Víctor Hernández, éste con un gran ejemplar de La Ventana del Puerto. Tres toros impresentables y una faena de peso de Morante.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Lances de Futuro
Santander. Miércoles, 22 de julio. 5° festejo de abono. "No hay billetes". 3 toros de La Ventana del Puerto, bien presentados, siendo el 3º excelente; y 3 de Puerto se San Lorenzo (4°, 5° y 6°), impresentables e incómodos. Morante de la Puebla, silencio y ovación tras petición; Juan Ortega, oreja y silencio; y Víctor Hernández, oreja tras aviso y ovación.
Templada lidia de Jorge Fuentes. Gran tercio de banderillas de Marcos Prieto.
La corrida fue una escalera en cuanto a presentanción, con algunos toros indignos de una plaza como la de Santander. Por lo que sea, las cuadrillas echaron los toros con trapío por delante y los que no lo tenían, después, de manera que la gente salió de la plaza con mal sabor de boca, que es lo que pasa cuando te dan gato por liebre y encima no lo disimulan.
El primero de la tarde fue una mala combinación de aspereza y falta de fuerzas. Acometió a la defensiva y metiéndose por dentro, pero Morante le tragó como si no le quedaran otros tres toros en la feria. Se mascó la voltereta varias veces antes de matarlo de pinchazo y estocada limpia, hasta la mano.
En un toro de Morante pasamos más miedo que en toda la temporada de otros toreros. Ello viene al caso tras su manera de pasarse por la barriga los pitones del anovillado ejemplar lidiado en cuarto turno, agresivo, temperamental, nada claro. Era chico, pero como también era fiero y Morante se jugó el tipo, la gente pasó por alto su escasísimo trapío. Unos ayudados por alto lo castigaron por arriba antes de cogerle la izquierda y luego la derecha para ejecutar un toreo de bragueta, ligado, de pies quietos, rematado por debajo de la pala del pitón para someter a su oponente.
Luego, con unos adornos se lo llevó a los medios, y al ver que el viento le daba guerra, siguió con pases por alto hasta la zona de chiqueros, en la que otras dos tandas a base de cojones y firmeza, una por cada lado, culminaron la faena más importante de la tarde. Colocándose con esa pureza es imposible torear mal. La estocada, trasera pero cobrada con gran mérito ante un toro que se desigualaba escarbando, dio paso a una muerte lenta, demasiado lenta, para estos tiempos modernos. Si valoramos al torero en función del toro que tiene delante, hemos de reconocer que al que mejor estuvo fue al que no le dieron la oreja.
Juan Ortega anda últimamente de otra manera, yo creo que con la misma voluntad que antes pero ahora por fin saliéndole las cosas. Su primer toro, burraco y fino de estampa, tuvo cosas buenas, cierta alegría y buen estilo por el lado derecho sin terminar de desplazarse. Como por el otro lado se aburría y atosigaba haciendo un poquito de hilo, Juan planteó la faena por la diestra tras una tanda fallida al natural. Su trasteo tuvo cierta originalidad, pues iniciaba las series con un pase de adorno antes del toreo fundamental. Así, la primera serie la abrió con una dosantina y la siguiente, con un pase de las flores. Además cerró su bonita labor con una tanda de arrucinas ligadas, pero cuando de verdad crujió la plaza fue en un puñado de redondos lentísimos y profundos, lo medular de su faena. La oreja cayó tras petición clamorosa pese a una estocada delanterilla y baja.
El tercero fue el toro de la tarde por todo: por trapío, por bravura y por clase. Víctor Hernández es un torero con valor y buen concepto, pero debió cuajar al toro con más rotundidad. El hieratismo de su figura impactó al público en un quite con el capote a la espalda, en el inicio de faena por estatuarios y en las bernadinas finales, tras las que resultó volteado por perderle la cara al animal. Pero luego en el toreo en redondo y por naturales, aquello no terminó de rematarse. Con la derecha le falta arrastrar la muleta y torear con los vuelos; y con la izquierda, al menos en esta ocasión, toreó con muy buen trazo y estilo, pero a veces un poquito por fuera y sin reducir la embestida, que es cuando brilla de verdad el toreo. En síntesis, que esa tanda rotunda que estábamos esperando no llegó. Tras estocada baja y descabello paseó una oreja. El toro era de dos.
Tras la faena antes referida de Morante, salieron dos toros zancudos y flacones que parecían vacas viejas, y más o menos así embistieron, siendo peor el sexto. Con uno Juan Ortega se puso más pesado de la cuenta, y con el otro, Víctor Hernández se pudo llevar hasta alguna voltereta de esas que son imperdonables en tales circunstancias. La de Santander será la gran feria del norte, pero en Bilbao no salen estas cosas.