Un funeral hubiera sido más digno
Fotos: Joaquín Arjona / Lances de Futuro
La trágica muerte de Ricardo Ortiz marca una triste y deslucida Corrida Picassiana.
Destacan la mano izquierda de Fortes y la naturalidad de Pablo Aguado. “No hay billetes” en la despedida de Lances de Futuro de la Malagueta.
Por Álvaro Acevedo
Málaga. 4 de abril de 2026. Lleno de “No hay billetes”. 4 toros de El Puerto de San Lorenzo y 2 (1º y 6º) de El Pilar, correctos de presencia, manejables y faltos de raza. Los de mejor estilo, 3º y 4º. Con más temperamento el 5º. Fortes, ovación tras petición y vuelta. Juan Ortega, ovación y silencio. Pablo Aguado, ovación tras aviso y silencio.
En memoria de Ricardo Ortiz, el paseíllo de la Corrida Picassiana se hizo sin música, sólo acompañado por las palmas de la gente que había llenado la Malagueta. Un solo de oración sonó antes de que los toreros rompieran filas y la emoción embargó a toda la plaza. Sin embargo, un funeral en el ruedo hubiese sido mucho más digno que celebrar este festejo en el que tanto glamour, tanto “no hay billetes”, tanta televisión y tanto político en el callejón chupando cámara y micrófono, colisionaban desde un punto de vista moral con lo que había sucedido allí mismo horas antes: la muerte, en las astas de un toro, de un compañero de los que estaban haciendo el paseo a las 6 de la tarde.
El festejo -en tales circunstancias, lo de “festejo” es una forma de hablar- no rompió nunca, tuvo momentos de esperanza en forma de buen toreo, pero la tarde parecía sentenciada por el destino. La imagen de un torero por la Puerta Grande hubiese sido grotesca, porque no era día de salir a hombros, ni de triunfar, ni siquiera de torear.
Cuatro toros de El Puerto de San Lorenzo y dos de El Pilar conformaron el sexteto elegido, y aunque hubo quien se empeñó en hacernos ver que aquello fue poco más o menos como la de Dolores Aguirre del otro día en Madrid, nada más lejos de la realidad. En general la corrida tuvo nobleza y le faltó raza, algún toro se violentó cuando los toreros se dejaron tocar la muleta, y si hay más tino con la espada hubiera caído alguna orejita. Con tres toreros de tan buen estilo es absurdo pensar que no vimos nada, pero el tedio y la tristeza se fueron apoderando de la tarde hasta apagarse como se apaga la vida, a veces más rápido de la cuenta.
Fortes tuvo un lote noble, el primero más simplón, diciendo poco, pero cuando el malagueño le cogió la distancia, la media distancia, y no se dejó tropezar las telas, el toro pareció mejorcito. La faena al cuarto tuvo más calado y el toro, más entrega. Con la mano izquierda lo cuajó en diez o doce muletazos de mucha clase, con hondura y ajuste. Al que no toreó lo mató bien, y al que toreó, lo mató mal.
Aguado, bastante peor a sus dos toros, pinchando caído y delantero. Anda en buen momento con los avíos y si le cogiera el sitio a la espada, otro gallo le cantaría. Apuntó lances estupendos aunque les cueste rematarlos. Ese momento del embroque, con naturalidad y lentitud, es de muchos quilates. Con la muleta tiene el problema de que se trae la muleta con el cuerpo cuando gira, no la deja puesta entre pase y pase. Así es difícil ligar, pero como torea con sabor y delicadeza, de dos en dos y hasta de uno en uno le basta. El tercer toro tuvo muy buen aire y Pablo le pegó dos series muy buenas con la izquierda, una a medio compás y otra con los pies juntos. Me gustó, pero yo esperaba una tercera.
Juan Ortega salió empanado y no terminó de espabilarse. Desde que salió su primer toro pareció torpe de piernas y la mala impresión se confirmó cuando, llevando al de El Puerto de San Lorenzo al caballo, perdió pie quedando a merced del animal, que le tiró varios derrotes a Dios gracias sin terminar de hacer presa. Este toro valió poco y el quinto, que embistió mejor en los capotes, acabó endemoniado a fuerza de enganchar la muleta. Un buen torero no se puede dejar tropezar tanto las telas. Con éste, un quite precioso por delantales y un fantástico inicio muletero rodilla en tierra parecían augurar algo grande, pero la faena fue un desastre. Y la celebración de la Corrida Picassiana, un sinsentido. Descanse en paz Ricardo Ortiz, matador de toros.