Lo que ha unido el toro, que no lo separe el hombre…

La Feria de Abril nos deja en el cuadro de honor a cuatro nombres, Morante, Roca Rey, Borja Jiménez y David de Miranda, que deberían compartir cartel a partir de ahora durante el resto de la temporada. Otros toreros jóvenes también llamaron con fuerza a la puerta de las empresas.

 

Por Álvaro Acevedo / Fotos: Maurice Berho

No hay feria perfecta, pero dos premisas incuestionables se han cumplido en Sevilla. Por un lado, el triunfo de las dos primerísimas figuras del toreo. El de Morante fue histórico y el de Roca Rey, apelando a la heroica, pero en cuanto a legitimidad no creo que pueda discutirse ninguno. El hecho de que además cayeran heridos dota aún de más grandeza a sus respectivas trayectorias en particular, y a la Fiesta en general.

El segundo, que en ese cuadro de honor se unen, por derecho propio, dos toreros que se han ganado sobradamente no ya su puesto en las ferias, sino en los carteles estelares de las mismas. David de Miranda fue el único que abrió la Puerta del Príncipe; y Borja Jiménez hubiese sido el único en abrirla dos veces si no marra (reiteradamente) a la hora de matar.

David de Miranda, único torero del ciclo en abrir la Puerta del Príncipe.

Lo del sevillano y el onubense no es flor de un día. Borja tiene tres puertas grandes de Madrid y dos de Bilbao en el último trienio, y si la de Sevilla no se ha unido a su palmarés ha sido por el ya citado fallo en la suerte suprema. La Puerta del Príncipe de David es la segunda en dos años, y ya en su día, es verdad que hace mucho, abrió la Puerta Grande de Las Ventas.

Detrás de ellos, más por sensaciones que por la rotundidad numérica de su éxito, se sitúa Víctor Hernández, torero de la nueva hornada que tuvo un gran debut, aunque eclipsado por la actuación memorable del Genio de la Puebla. Y de esta generación pero más joven todavía aparece Aarón Palacio, que cortó una oreja de muchísimo peso en una tarde de menos glamour. Luego está el caso de Rafa Serna, que arrancó quizá la oreja más costosa de toda la feria por el trapío y la exigencia del toro que tuvo delante, un pavo tremendo de Fuente Ymbro. Y sin cortar orejas gustó mucho Álvaro Lorenzo; y las sensaciones que dejó Fabio Jiménez fueron de torero carísimo pese al lote nulo al que se enfrentó, con un natural que valió más que muchas tardes de toros juntas.

Fabio Jiménez, toreando al natural en su presentación en Sevilla.

No vamos a pedir milagros a las empresas. A Serna le costará un mundo abrirse paso, aunque en otras épocas un torero con el valor y la capacidad que demostró en circunstancias tan difíciles tendría ya un puesto asegurado en los Sanfermines. Y qué decir de Fabio… Es el torero ideal para que se vaya haciendo a fuego lento pues la calidad que tiene es fuera de lo común, pero pensar que va a torear siquiera media docena de corridas a modo es una auténtica quimera. Tendrá que madurar poco a poco, en efecto, pero a fuerza de banquillo y tentaderos, que también están carísimos, por cierto.

¿Qué sucederá con Víctor Hernández y Aarón Palacio? Al primero le costará menos entrar en las ferias aunque su explosión definitiva dependerá de Madrid. Y el segundo, pese a que no está en San Isidro, es un torero al que yo espero que le abran paso siquiera de forma moderada, pues hay demasiados intereses (comisiones, para no utilizar eufemismos) entre los empresarios que apoderan a toreros, que son los que taponan el paso a los nuevos. Esta lista de toreros en manos de los peces gordos del sistema, por cierto, es más amplia que la que oficialmente conocemos.

Aarón Palacio, en el comienzo de su triunfal faena con el sexto toro de Santi Domecq.

Pero regresemos al punto de partida. La Feria de Sevilla ha puesto en evidencia que tanto David de Miranda como Borja Jiménez van a un ritmo demoledor, cada uno a su estilo. Y que uno puso el “no hay billetes” con Diego Urdiales y Emilio de Justo; y el otro, con Escribano mano a mano. No estaban ni Morante ni Roca Rey para poder quitarles méritos respecto a su capacidad de convocatoria.

Ambos se han instalado por derecho propio en la cúpula del escalafón y, detrás de los dos líderes, no hay otro torero con más interés, con más méritos, con más fuerza. Las empresas han de actuar en consecuencia de una santa vez y no dar la espalda a la realidad. Ni siquiera se trata de hacer justicia, sino de aprovechar el tirón de dos toreros que han salido de Sevilla disparados, y que la gente prefiere ver antes que a matadores que vienen de vuelta, algunos en caída libre. De Sevilla ha salido un póquer clarísimo formado por Morante, Roca Rey, Borja Jiménez y David de Miranda. Que lo que ha unido el toro, no lo separe el hombre...

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