Feria de Arles: Daniel Luque sigue siendo el Rey
El torero de Gerena tiene la actuación más importante de la Feria de Pascua ante la encastada corrida de Torrealta. Gran faena de Talavante a un excelente toro de Garcigrande. Sorprende el toreo al natural de El Rafi en la terna de toreros banderilleros.
Por Álvaro Acevedo
Arles tiene algo de plaza del sistema, al modo español. Juan Bautista dirige la carrera profesional de Marco Pérez y confeccionó una Feria de Pascua con un torero de Matilla, otro de Simón Casas, otro de Víctor Zabala, otro de los Chopera, dos de Alberto García, el suyo propio, y un francés y un venezolano para completar la terna de toreros banderilleros. Hemos de reconocer, de igual modo, que la mayoría de toreros de la parte alta del escalafón está en manos de las empresas, así que el que quiera organizar su feria por esa vía lo tiene fácil. Una combinación de ambas no estaría mal.
La Feria de Arles tuvo tres festejos matinales, una corrida de rejones y dos novilladas, una con caballos y otra sin ellos. En el tema de la promoción, Juan Bautista sí tira más para el modelo francés. ONETORO dio las corridas de toros y en sus previas ofreció resúmenes amplios de los festejos mañaneros, en los que llamó la atención el catalán Mario Vilau, que es un proyecto de torero valiente y poderoso.
A Talavante no lo vamos a retirar todavía
Cada tarde tuvo un torero claramente destacado, y el viernes éste fue sin duda Alejandro Talavante. Morante de la Puebla aparte, estamos hasta las narices de la proliferación de figuras con más de veinte años de alternativa y cincuenta corridas de toros anuales. No es culpa de ellos ni de nosotros, sino ley de vida. Pero a Talavante no lo vamos a retirar tan pronto, porque cuando quiere sigue siendo mejor que la mayoría. Faena exquisita a su nobilísimo primero, tanto de pie como en un excelente inicio de rodillas. Sutileza, buen estilo, variedad e incluso ajuste, en una obra de alto nivel. El fallo con la espada le privó de cortar las orejas.
Se las dieron en el quinto por esos comportamientos extraños que a veces tiene el público. Los franceses, al parecer, debieron premiar la insistencia de Talavante, que se enfrascó en un trasteo interminable, de menos a un poquito más, frente a un animal deslucido a la vez que toreable, que es como parecen casi todos los toros en manos de Alejandro. No sé si es una virtud o un defecto.
Por completo, el lote de lo llevó Manzanares, muy bueno para el torero el primero y un bombón de los que salen pocos, el cuarto. Con uno estuvo tosco, brusco y vociferante. Con el otro, más templado y a gusto, pero diciendo poco. Una estocada recibiendo a su primero le valió una oreja muy pobre.
La terciada y excelente corrida de Garcigrande se vio manchada por la devolución de dos de los toros, uno por flojo y otro porque se lesionó en el ruedo. Ambos iban en el lote de Marco Pérez, que se pasó de faena con un buen sobrero de José Cruz. Además, se llevó una fuerte voltereta y falló luego con la espada. El otro, un remiendo de la divisa francesa de Blohorn, fue nulo.
La mala suerte que le persiguió toda la tarde quizá tuviese que ver con las horribles medias negras que llevaba, contó en los micrófonos de ONETORO que por ser Semana Santa. Con el corbatín y las espiguilllas negras se hubiera resuelto lo del luto sin necesidad de estas ocurrencias.
Daniel Luque, absolutismo en Francia
El comienzo de temporada nos ha mostrado a no pocos toreros sin coger el tono, algunos literalmente pidiendo socorro. En el lado opuesto, una minoría quizá encabezada por Daniel Luque, que en Arles dejó claro que su gran tarde en Castellón no fue flor de un día. Enfrente no tuvo cualquier cosa. La corrida de Torrealta fue imponente, con trapío, raza y poder. En particular, el lote de Luque tuvo muchísimo que torear, una buena vara de medir para alguien con la capacidad del de Gerena. En esas circunstancias, o sea, es cuando se ven de verdad los toreros.
Y a Daniel se le vio pletórico. Se impuso al problemático jabonero que abrió plaza y también al encastado segundo de su lote, que vendió cara su muerte. Perfecto en el planteamiento de ambas faenas, concentradísimo, sin un mal paso en toda la tarde, preciso en los toques, terrenos y alturas, con un valor oculto tras su magisterio, sometió a sus toros y conquistó una vez más al público francés, que considera a Daniel Luque como el mejor. No va mal descaminado. Con las dos orejas más rotundas del ciclo por su faena a ese cuarto toro de Torrealta, abrió la Puerta Grande.
Le acompañó Tomás Rufo, si bien la oreja que le cortó al bravo sexto tuvo muy poco peso. Su faena en este jabonero sucio no rayó a la altura de su oponente, que tuvo veinte arrancadas intensas y con recorrido después de una gran pelea en varas. En cambio con el tercero, falto de entrega, listo por el pitón izquierdo, Tomás ofreció una magnífica impresión. Seguro y mandón, le tragó al toro, lo llevó largo y ligado, se recompuso de una voltereta y lo mató por arriba. Aquí, la oreja sí fue de ley.
No les acompañó a hombros Emilio de Justo, que vivió una corrida paralela a la de sus compañeros pues su lote no exigió ni la mitad que los otros. La cara negativa del asunto fue que era más difícil triunfar con ellos, llegaban menos a los tendidos. Le cortó una oreja al tercero aprovechando el temple de su pitón izquierdo y haciendo uso de su gran espada; y no repitió en el quinto porque a su gran nobleza no le acompañaron las fuerzas. Sudó y sufrió menos, pero fue el único que se fue andando.
La sorpresa de El Rafi
Si miramos las estadísticas desde los años 80 por ejemplo, comprobaremos que en un altísimo porcentaje de los casos, cuando hay un torero francés en un festejo del país vecino éste es el que se lleva el gato al agua. Esta vez desde luego no fue porque el público barriera para casa, sino porque El Rafi tuvo una actuación estupenda, incluso sorprendente, pues no teníamos hasta ahora noticias de sus naturales repletos de elegancia y con el torso muy derecho. Exactamente así toreó al sexto de Murteira Grave, un noble animal que blandeó de salida pero que fue a más, embistiendo con mucha clase. Cortó un total de tres orejas, porque además con la espada estuvo tan bien como con la muleta. Fue la revelación de la Feria de Pascua.
Mejor aún había sido el quinto, impecable de hechuras, bravo, fijo, comiéndose la muleta. Jesús Enrique Colombo parece un deportista vestido de torero, y como tal se empleó en una labor sobrada de esfuerzo, bien trabajada, y que tuvo como rúbrica uno de sus tremendos cañonazos a estoque.
Colombo es una fuerza de la naturaleza y lo demostró también en banderillas. La terna -Escribano abrió plaza con la suerte de espaldas- compartió tercios en sus primeros toros en este modelo de corrida que Alberto García ha llamado “Banderilleros de Oro”, y que reúne a una serie de toreros que cogen los palos, algunos con más años que un barco. Yo no digo nada, pero “Las Chicas de Oro” fue una famosa serie de televisión…
Fotografías de André Viard, Melanie Huertas y E. Vielzeuf