Morante inventa la verónica a portagayola
Insólita genialidad del maestro de la Puebla, en tarde de no hay billetes. Talavante y David de Miranda, a hombros.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Mauricio Berho
Marbella. Sábado, 13 de junio. "No hay billetes". 6 toros de El Freixo pobres de presencia y de muy buen juego en líneas generales excepto el 1º, que parecía enfermo. Al 3° le dieron la vuelta al ruedo en el arrastre. Morante de la Puebla, silencio y oreja; Alejandro Talavante, oreja y dos orejas; y David de Miranda, cuatro orejas.
Con el debido respeto a los triunfadores de la tarde, lo de hoy en Marbella pasará a la historia por la nueva genialidad de Morante, la invención de la verónica a portagayola. Andaba el público calenturiento perdido con la faena de David de Miranda al tercero de la tarde, un toro magnífico pero ni merecedor de la vuelta al ruedo en el arrastre que le dieron, ni por supuesto del indulto que le pidieron. Lo que más me gustó de David es que no hizo mucho caso a la gente y tumbó al toro de El Freixo de una fenomenal estocada.
Lo había parado por excelentes delantales y se echó luego el capote a la espalda en el quite, muy derecho. En ese aire vertical arrancó su faena con unos estatuarios que pusieron a la gente en pie, para luego construir una faena desigual, con una gran serie de naturales dentro de un conjunto lleno de desajustes técnicos, especialmente con la mano derecha, aunque jaleado con clamor por un público rendido a su valor y quietud.
A las dos orejas que le concedieron tras desenfrenada petición se sumaron luego las del sexto, un toro con raza y embestida humillada con el que le costó mucho tiempo entenderse, o sea, cogerle la velocidad y la distancia, acertar con los toques y la colocación. Sólo muy al final, tras practicar un valeroso toreo de parón, fue capaz de dibujar unos naturales de frente de buen pulso, lo mejor con diferencia de su decidida pero amontonada labor.
Le acompañó a hombros Alejandro Talavante, que cortó tres orejas. Sin que casi le asomaran las puntas de los pitones cuando lo mirabas de lado, pensé de repente que su primero, una cosita, era ideal para la reaparición no ya de un torero, sino de un periodista. Luego ya se puso a hacer un poquito de hilo en el último tercio y se me quitó la idea, porque ya no estoy yo para estos sustos. El torillo, o sea, sirvió mucho pero no fue tan fácil como se podía esperar. El quinto tuvo alegría y buena embestida, aunque costándole un poquito humillar.
Alejandro jugó al toro con los dos, siendo la faena del quinto más variada, ligada y completa. Unos pases cambiados de rodillas, algunos naturales de buen trazo y tres circulares en uno inverosímiles fueron lo mejor de una faena y de una tarde que como calentamiento de lo de mañana puede valer. En Madrid esperamos más.
Morante, decíamos al principio, se sacó una genialidad de la manga tras padecer la embestida enfermiza del toro que abrió plaza, y al que le había dado unas chicuelinas en las que derrochó gracia torera, una virtud de la que casi no se habla, y que da Dios a unos pocos elegidos. Manolo González, el grandísimo torero sevillano al que se homenajea este año en Marbella, la poseía a raudales además de valor a espuertas.
Y con un valor de ese calibre, Morante se puso pegado al tercio a muy pocos metros de la puerta de chiqueros cuando sonaron los clarines que anunciaban la salida del cuarto toro de la tarde. Y nada más aparecer en el ruedo, el genio lo citó para torearlo a la verónica desde la primera arrancada, en contra de la querencia, por primera vez en la historia de la tauromaquia. ¿Era consciente el público de aquel suceso? La mayoría desgraciadamente no.
Luego el de El Freixo tuvo muchísima clase pero se acobardó más de la cuenta, y la faena de José Antonio, pausada, de regusto, plagada de detalles, tuvo mala rúbrica con los aceros. Mientras sus compañeros salían a hombros, se marchaba caminando el creador de la verónica a portagayola. Aquí estaba todo inventado hasta que llegó este genio.