Nacho Torrejón, último triunfador de la primavera en Sevilla

El toledano le cortó la oreja al mejor utrero de una discreta novillada de Bohórquez. Muy buenas maneras de Manuel Olivero y entrega de Sergio Rollón.

 

Por Álvaro Acevedo / Foto: Mauricio Berhó

Sevilla. Jueves, 11 de junio. 6 novillos de Fermín Bohórquez (el 5º como sobrero) en general muy deslucidos excepto el noble y templado segundo. Manuel Olivero, ovación tras aviso y silencio; Nacho Torrejón, oreja y ovación; y Sergio Rollón, silencio en ambos. Los tres se presentaban en la Maestranza.

Los novilleros, cada uno a su estilo, hicieron todo lo que pudieron frente a un encierro de Fermín Bohórquez sin peligro, pero de juego muy discreto en general. Lo de Manuel Olivero fue llamativo, un muchacho que no torea nada y que tiene unas maneras estupendas. Todo lo que quiso hacer fue por derecho, sin ninguna triquiñuela, muy en torero.  Siempre bien colocado, fue capaz incluso de mejorar la incómoda embestida de su primero, que fue a más gracias al temple del chaval.

Ya con el capote había apuntado cosas interesantes, pero con la muleta, desde un inicio sentado en el estribo torerísimo y un molinete abelmontado, causó una impresión muy grata.  Hubo muletazos de gran lentitud, un valor sin alardes, y un final de faena muy notable, con una serie en redondo limpia y ligada; y dos de naturales, una de compás abierto y otra a pies juntos, de mucho sabor.

No mató bien pese a tirarse muy recto y recibir incluso una voltereta en el primer pinchazo, todo lo contrario que Nacho Torrejón, que tumbó al novillo de su debut de una perfecta estocada. Antes, aprovechando la templada nobleza del animal, toreó con ambas manos exhibiendo un estilo muy depurado, con gran sentido del temple, sutil en los toques y un excelente trazo. En redondo rayó a un muy buen nivel, pero sus naturales destacaron por su gran calidad.  La última tanda, muy de frente, gustándose, fue elegantísima. La oreja, incuestionable.

En la lidia de esos dos novillos estuvo lo más interesante del festejo, porque los demás prácticamente no dieron opciones. El tercero pegó muchos cabezazos y Sergio Rollón sólo pudo estar voluntarioso y con ganas. El cuarto llegó a la muleta hecho un marmolillo. Olivero se había salido hasta los medios pegándole lances, algunos de ellos de muy buen aire, pero con la muleta no tuvo la más mínima opción de construir una faena. Lo mató de una gran estocada. Merece regresar.

El quinto, muy bonito, fue devuelto por inválido y en su lugar salió un sobrero manso y huidizo al que Torrejón le robó algunos muletazos sueltos muy estimables a favor de querencia. Y al sexto, que tampoco sirvió, Rollón lo toreó de nuevo con mucha voluntad, muy firme con la mano izquierda y tirándose por derecho con la espada. Nadie diría que hace pocos meses estuvo al borde de la muerte.

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