Zaragoza, acorralada entre políticos y taurinos

Juan Antonio Sánchez Quero, presidente de la Diputación de Zaragoza

Entre pliegos infames, traiciones, venganzas, recursos y medidas cautelares, pasa el tiempo y la plaza de toros de la Misericordia sigue sin empresario. Ya se suspendió la Feria de San Jorge e inquieta lo que pueda suceder en El Pilar.

 

Por Álvaro Acevedo

En la canallada de la subasta de Zaragoza encontramos de repente un resquicio de luz, la otra cara de la moneda. Lo bueno de que no se pidiera otra cosa que no fuese dinero era que el requisito de la experiencia (una serie de años gestionado plazas de primera, da igual si bien o muy mal) no entraba en las obligaciones del nuevo gestor, y eso abría el abanico.

Se supo que Raúl Gracia “El Tato” e Ignacio Ríos, cada uno por su lado, se habían presentado a la subasta, y a mí me pareció una decisión excelente. Primero, porque era ahora o Dios sabe cuándo. O sea, venirles a ellos con la historia de que esto es malísimo para la Fiesta y que hay que pelear para que la Diputación redacte otro pliego… al que ellos no iban a poder presentarse, yo diría que no cuela.

Y segundo, porque atendiendo al perfil de ambos confiaba mil veces más en ellos que en cualquier UTE entre esas que llaman “casas grandes”, supongo que por lo de la ampliación de las familias, con todos sus miembros dedicados a lo mismo. ¿Acaso no está Raúl Gracia capacitado para gestionar la plaza de su tierra? ¿Quizá es que la conoce peor que Ramón Valencia o Rafa García Garrido? ¿No creen que puede estar mejor al tanto de los gustos del público de su ciudad que cualquier otro empresario? ¿De cómo debe ser el toro de Zaragoza? ¿De sus festejos populares? ¿De la proyección de los nuevos valores de la zona? ¡Si hasta el coso de la Misericordia fue su casa desde que tenía 4 años!

En cuanto a Ignacio Ríos, yo diría que este joven zaragozano acumula incluso más méritos. Veinte años en el barro o en la polvareda, según lloviera o hiciese sol, organizando festejos en plazas de tercera y portátiles, habiendo sido capaz de contratar a todo tipo de toreros, desde Morante a Roca Rey; desde Urdiales a Juan Ortega; desde Talavante a Diego Ventura. Ningún escándalo ensucia una trayectoria marcada por la seriedad y la independencia. Ignacio Ríos no se pone en manos de ningún acaparador de toreros para confeccionar sus carteles; y el hueco que se ha hecho en el panorama empresarial, aunque todavía modesto, no emana de ninguna herencia familiar. De él sí que podemos decir que salió de la nada, que partió de cero. Nadie de la cúpula de ANOET gestionaría la plaza de su tierra con más cariño, con más entrega y afición.

La experiencia, o sea, no es más que el concepto en el que se amparan los empresarios más poderosos para hacer de las ferias grandes una especie de club privado. Si Ignacio Ríos por ejemplo quisiera acceder a ese club a corto plazo, tendría que ser en el mejor de los casos como mayordomo de alguno de los señoritos. La subasta de Zaragoza era una venganza de Juan Antonio Sánchez Quero, presidente de la Diputación, enojado por los recursos que le interpusieron a un primer pliego de naturaleza coercitiva, alejado del sentido común, garantista hasta la sinrazón. El bandazo a la otra orilla -convertir el concurso en una subasta económica sin más requisitos ni garantías- tendría consecuencias imprevisibles, pero no necesariamente negativas. Hubiera sido curioso, y quizá esclarecedor, conocer cómo un empresario “sin experiencia” era capaz de gestionar una plaza de esta dimensión.

¿PELIGRA LA FERIA DEL PILAR?

Entre las inquietudes más peregrinas estaba incluso la de que una asociación antitaurina pujara por la plaza y dejara a Zaragoza sin toros. Hombre, esta gente que habla del hermano toro anda de la cabeza fatal pero no creo que se llegaran a estos extremos. Sin embargo, la frase “teniendo estos taurinos para qué queremos antitaurinos” quizá adquiera ahora su máximo sentido. En efecto, si la irresponsable y parece que desesperada pareja formada por Matilla y Ramón Valencia no se hubiera saltado el pacto que acordaron en ANOET para no presentarse al primer concurso, hoy no estaríamos en esta situación, inquietante pero susceptible de empeorar.

Porque, una vez que el Tribunal Administrativo de Contratos Públicos de Aragón (TACPA) ha acordado la suspensión cautelar de la segunda y no creo que última licitación atendiendo a los recursos de Nautalia S.L. y Tauroemoción, la posibilidad de no llegar a tiempo para organizar la Feria del Pilar está cada vez más latente. Por un lado, si tenemos en cuenta los plazos legales de la justicia y demás procedimientos administrativos. Y por otro, si observamos las posturas cada vez más enconadas entre la cúpula de ANOET y Sánchez Quero. Parece que el presidente de la Diputación de Zaragoza va a acudir al Tribunal Superior de Justicia de Aragón (TSJA) para que retire esas medidas cautelares, pero en cualquier caso es muy probable que el TACPA estime los recursos de Rafael García Garrido y Alberto García, con lo cuál habría que volver a empezar el procedimiento.

¿Será diligente en la redacción de un nuevo pliego el presidente de la Diputación Provincial de Zaragoza? Hay elecciones en menos de un año y dicen que a Sánchez Quero le quedan dos telediarios. Cuidadito porque éste puede morir matando y de paso echarle la culpa a los taurinos. Lo peor de todo es que en parte no le iba a faltar razón.

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