FERRERA ENTRE LA JUVENTUD

Derechazo de Antonio Ferrera en su segundo toro

Magistral faena del extremeño y gran esfuerzo de Juan de Castilla e Isaac Fonseca, que cortó la única oreja de la tarde. Corrida dura de José Escolar.

Por Álvaro Acevedo

Pamplona. Sábado, 11 de julio. 7° festejo de abono. "No hay billetes". 6 toros de José Escolar, muy bien presentados y difíciles en todos los tercios. El 1° fue imposible. Antonio Ferrera, silencio y silencio tras aviso; Juan de Castilla, silencio y ovación; Isaac Fonseca, silencio y oreja.

Corridas como ésta de José Escolar vienen bien para ejemplificar lo que son las segundas marcas. O sea, hay que ser muy desahogado para pretender equiparar esto con lo de Victorino. No es que neguemos el interés que generó en determinados momentos, pero el estilo de la corrida dejó muchísimo que desear, a medias entre el peligro y la falta de celo, sin ningún toro queriendo coger la muleta de verdad.
Mencion aparte merece el primero de la tarde, manso y desentendido hasta límites exasperantes. Ferrera lo mató como pudo,  o sea, mal y tarde, pero se recompuso para dejar una faena magistral a la hora de la merienda.
Antes, Juan de Castilla e Isaac Fonseca lo habían intentado con los primeros toros de sus lotes. El colombiano, tirando de recursos para anteponerse a su oponente, para ganarle la acción y superar su peligro; el mexicano, dubitativo frente a un toro que embistió bien al capote pero desarrolló sentido en la muleta. La verdad,  no había pasado nada notorio.
Cambió la decoración con la paciente y templada faena de Antonio Ferrera al cuarto toro, al que fue encelando en la muleta a base de aguante y valor. Desparramando la vista, el de Escolar acometió incierto y con la cara alta, pero Antonio lo fue metiendo en la canasta y logrando naturales magníficos, inesperadamente largos y en redondo, con una maestría callada, esta vez sin alharacas. Varios pinchazos enturbiaron la faena de más poso y sapiencia de la tarde.
Yo creo que este cincuentón de más de cuarenta cornadas puso a cavilar a los chavales. Y entonces Juan de Castilla se fajó con el encastado pero complejo quinto en una faena que empezó fuerte, muy dispuesto, y en la que en su tramo intermedio pajareó más de la cuenta hasta que se quedó en el sitio y el toro le echó mano. Eso es lo que tiene tirar la moneda. Sin calar pero lesionado de un pie, volvió a la carga, se batió el cobre con bravura pero pinchó,  mermado físicamente. Se marchó a la enfermería en medio de una gran ovación.
A Fonseca en cambio la moneda le salió de cara. Jugándosela con el sexto en unos pases de rodillas de infarto, se ganó el favor de la plaza y luego se enredó en un trasteo entregado y hábil, o sea, buscando la oreja y evitando la enfermería. Una estocada excelente firmó su victoria sobre la última alimaña de la tarde 

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