PAMPLONA ES TAN ESPAÑOLA COMO LA PUEBLA DEL RÍO

Natural de Morante

Tarde deslucida y politizada por una minoría. Morante, por encima de su lote, hace lo mejor de la tarde. Borja Jiménez pierde un nuevo triunfo con la espada pero no convence.  Detalles de Pablo Aguado.

Por Álvaro Acevedo

Pamplona.  Viernes 10 de julio. 6° festejo de abono. "No hay billetes". 6 toros de Álvaro Núñez, desiguales de presencia y faltos de bravura en general excepto el 2°. Morante de la Puebla, ovación en ambos; Borja Jiménez,  silencio en su lote; y Pablo Aguado, silencio y ovación.

Una minoría que odia a su país,  simbolizada en un par de peñas ondeando una pancarta que rezaba PUTA ESPAÑA, PUTA SELECCIÓN, sucumbió ante la mayoría de la plaza, tan navarra y española como por ejemplo Indurain.  El paseíllo discurrió por tanto en medio de una descomunal bronca, pero al salir el toro todo volvió a su cauce: o sea, los que quieren la independencia cantaron en perfecto castellano y la cuadrilla de Morante puso banderillas rojigualdas. 
Antes, el maestro le dio tres chicuelinas y una media sublimes, con abismal diferencia, lo mejor de lo que va de feria.
Con la muleta acompañó sin molestar una embestida insípida, dócil pero floja. La faena no pudo tener intensidad, pero qué bonito lo hizo todo, y qué tres naturales maravillosos dio para cerrar su faena. Tras pinchazo hondo le ovacionado fuerte.

También salió a saludar tras matar deficientemente a su segundo, un toro deslucido al que toreó por lances enjundiosos, un soplo de brisa fresca en estos sitios donde abunda la reolina. No hubo forma de que el animal ayudara, aunque a base de aguante hizo milagros en una faena de valor y clase. En una tarde sin triunfo, pegó más naturales que otros en toda la temporada. Y como siempre,  se pasó el toro más cerca que ninguno.

El toro más chico de lo que va de feria, sin remate ni trapío para Pamplona, lo lidió Borja Jiménez en segundo turno. Tras una larga cambiada y lances airosos, a pies juntos y por chicuelinas, quitó Pablo Aguado acariciando a la verónica. El toro tenía galope y nobleza, Borja lo brindó a la gente y lo toreó de rodillas en el centro del platillo. Unos cambios por la espalda y luego unos derechazos sin levantarse le pusieron a la gente de cara. 

Ya en pie toreó primero por derechazos ligados y ligerillos, sin tacto, y despues en dos series de templados naturales, pulseando la embestida, conducida con mando y largura. Mejor por ese lado toro y torero, le vi sin embargo en general presionado, sin soltarse. Tres pinchazos sin puntería le quitaron un triunfo seguro.

Volvió a echarlo todo a perder ahora con cinco agresiones fallidas antes de la estocada final para pasaportar al quinto. El toro fue manejable y templado, y Borja lo toreó resuelto y gustándose en el toreo accesorio, más acoplado en la primera parte de la faena; y mecanizado después. No sé si atorado o ansioso por cortar orejas, pero con menos sello que en otros momentos.

Lidiándose el tercer toro, correspondiente a Pablo Aguado, alguien sacó a pasear una bandera de España en la grada, mientras los que ondeaban ikurriñas en un lugar que jamás ha sido del País Vasco parecían indignarse. Pese a la presión de algún "demócrata" proeuskaldun, la bandera se quedó en su sitio, sobre la barandilla de la grada, y la plaza casi entera rompió en una ovación.

Este tercero sacó el aire de toda la corrida, toreable, corto de clase y sin querer empujar los avíos de verdad. Aguado toreó muy bien con la izquierda, esperando que el toro metiera la cara y llevándolo arrastrando lo justo la muleta para que no latigueara pero a le vez sin obligar en exceso al toro, que tomó mejor esos naturales. Con la derecha fue al contrario,  la mano muy alta y una barbaridad de enganchones. El enigma es por qué toreó tanto por el lado por el que lo hizo mal, y tan poco por el que lo hizo bien.

Con la tarde vista para sentencia, Pablo no pudo obrar el milagro de cortarle la oreja al sexto. Le aguantó con la derecha en una gran serie inicial, pero luego el toro se paró descaradamente, muy bajo de raza. Acabó de estocada una tarde que apuntó sin disparar, dejando un aire final de notable decepción.  Lo arregló por la noche Mikel Merino, tan español como Morante de la Puebla.

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Galería del 10 de julio en Pamplona.

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