PALMAS POR HUELVA EN PAMPLONA
Natural de David de Miranda
Intensa y valiente faena de David de Miranda, que sale a hombros con un Roca Rey al que le regalaron otras dos orejas. El mejor toreo fue de Talavante, mal con la espada. Floja y noblota corrida de Victoriano del Río.
Por Álvaro Acevedo
Pamplona. 5° festejo de los Sanfermines. "No hay billetes". 6 toros de Victoriano del Río, desiguales de presencia, dóciles y sosos. Alejandro Talavante, silencio en su lote; Roca Rey, dos orejas y silencio; y David de Miranda, silencio y dos orejas.
Puerta Grande para Roca Rey y David de Miranda.
Le cantaron "El Rey" a Andrés Raúl Roca Rey Valdés nada más salir el segundo toro de la tarde, una cosita insignificante al lado de lo de otros días. Lanceó fácil y latiguero, fue a hacer el quite y el toro se fue al picador de la puerta, recibiendo el segundo puyazo, pero David de Miranda desistió de entrar en su turno, así que Roca Rey, con el camino expedito, se echó el capote a la espalda. Unas saltilleras pusieron la plaza al rojo vivo. Decidme: ¿Diego Puerta la hubiera permitido?
El toro era de dulce, desrazado y flojo, una pava con cuernos, y hasta Viruta se gustó lidiándolo. El peruano brindó a la turba muy ceremonioso, lo cambió de rodillas por la espalda tres veces, y cuando abrochó con el pase del desprecio aquello era un desmadre. Luego se acabó la historia, porque el toro no decía nada y el torero menos. Lo pasó con la derecha en un par de series irrelevantes, así que ante la indiferencia general optó por un breve arrimón y a matar. Dos orejas surrealistas por un conato de faena inexistente.
El quinto, otro animal feble y boyancón, valió poquísimo y Roca Rey le dio unos breves pases, la mayoría enganchados, antes de quitárselo de en medio a la primera. Con éste comenzó con tres pases volanderos de rodillas entre el clamor general, pero apenas veinte minutos antes había toreado Talavante también genuflexo aunque muchísimo mejor, por redondos limpios y ligados, sin que nadie le hiciera caso.
Sus dos faenas fueron limpias y la del cuarto toro además con varias series de mucho calado artístico y escasa respuesta popular. Fue con diferencia el que mejor toreó y peor mató de la terna.
La tarde parecía sentenciada al salir el sexto, tras pasar David de Miranda sin pena ni gloria en el toro de su debut, rajado a los cuatro pases. Pero éste que cerraba plaza, con más temperamento y fuerza, sirvió para que David de Miranda se jugara la vida en un tremendo arrimón final después de pasárselo por la faja con ambas manos con quietud, valor seco, limpieza y ajuste en una faena intensa rematada con estocada desprendida hasta la mano.
Sonaron las palmas por Huelva y al torero le dieron las dos orejas, pero comparando esta faena con la de Roca Rey en su primero, quizá hubiera sido justo concederle además el usufructo de un balcón en la calle Estafeta.