Cristian Pérez se gana otra repetición

Estocada de Cristian Pérez al primero de su lote.

El albaceteño, que reaparecía en Madrid tras su grave cornada de marzo, cortó una oreja en una noche de esfuerzo y sustos. Alejandro Peñaranda firmó la mejor faena del festejo, pero perdió premio con la espada. Firme y sin opciones Juan Pablo Sánchez.

Por Alfonso Santiago / Foto: Plaza 1

Madrid. Sábado, 20 de junio. Corrida nocturna. Algo más de un cuarto de entrada. 4 toros de Valdefresno y 2 (1º y 6º) de Couto de Fornilhos, de muy desigual presencia y remates. Destacó el 6º, noble y de mejor condición; y la movilidad enrazada del 2º. Deslucidos el resto. Juan Pablo Sánchez, silencio y silencio; Cristian Pérez, oreja y vuelta, tras aviso en ambos; Alejandro Peñaranda, silencio y ovación tras aviso.

La misma entrega que demostró Cristian Pérez, se la devolvió multiplicada la afición de Madrid. El regreso del albaceteño después de su escalofriante cogida el Domingo de Ramos, donde confirmó alternativa y unas enormes ganas por abrirse paso, le conferían en este cartel todo el protagonismo. Y así se lo hizo saber la gente al recibirle con una fuerte ovación nada más deshacerse el paseíllo.

Esa actitud de aliento hacia Cristian se mantuvo de principio a fin y sin reservas, lo que supo aprovechar el de Hellín para estar a punto de abrir la puerta grande. Dos pinchazos en el quinto se lo impidieron, pero de haber entrado la espada como lo hizo al tercer intento, estamos seguros de que la oreja que le faltaba para ver la calle Alcalá en hombros hubiese caído tal y como se acogió su valerosa actuación.

Porque fue en ese quinto donde se obró el milagro de salir con bien de una tremenda voltereta que le dejó KO nada más comenzar la faena. La violencia con la que le cogió el toro, y el tremendo porrazo al caer a la arena, le dejó inerme y sin conocimiento. Así se lo llevaron a la enfermería, de donde salió apenas unos minutos después sin chaquetilla y con los puños de la camisa arremangados. La plaza se caía. Y más cuando Cristian no volvió la cara nunca ante un toro mansote y muy brusco, sin clase alguna, con el que se puso por los dos pitones para robarle con encomiable actitud los muletazos. En los remates de algunos de ellos se veía cogido de nuevo al torero, lo que imprimió mayor dramatismo a su obra y a su tremenda voluntad. Las manoletinas finales se vivieron con la misma tensión. Pero el acero se llevó el premio.

Ya lo había conseguido en el segundo, con el que también estuvo a punto de ser herido al intentar un arriesgado quite por saltilleras. Ofreciendo el cuerpo en el cite, con el capote escondido totalmente por detrás, no sacó la tela rosa hasta el último milímetro de tener al toro encima, por lo que llegó el susto. Tras ello volvió al mismo sitio para ejecutar de la misma guisa otras dos saltilleras que levantaron al público de sus asientos. El brindis a los médicos en agradecimiento a lo que ocurrió en marzo dio paso a una faena en la que la movilidad enrazada del toro de Valdefresno no siempre fue encauzada con el mando que necesitaba, pesando mucho más la actitud, el arrojo y las ganas de Cristian en una faena que, de no haber tenido las connotaciones que estaba teniendo para él la corrida, seguramente no hubiese obtenido el mismo reconocimiento. Lo que sí hizo superiormente fue matarlo de una soberbia estocada que le valió la oreja. Y, con ella, la bien ganada repetición en esta plaza antes de que termine la temporada.

Tras la guerra que libraron Cristian y el quinto toro, la nobleza y el buen aire que tuvo hasta que duró el cornalón sexto de Couto de Fornilhos, y la asentada, templada y estupenda manera como lo pasó con la muleta Alejandro Peñaranda, fueron un remanso de paz y de buen toreo. Tras la tensión, se agradecía que la tarde también tuviera este contrapunto. El de Iniesta lo citó con metros por delante, se la dejó puesta y empujó la embestida muy bien por el pitón derecho, con gusto en algún cambio de mano, en algunos remates, en varios pases de pecho. Inteligente también por el lado izquierdo, por donde el toro tuvo menos continuidad, pero con paciencia y buena colocación, el trazo de algunos naturales fue muy bueno. Como lo fue el final a dos manos. Pena que tras un pinchazo y una entera algo atravesada, fallase mucho con el descabello. Al mansísimo y difícil tercero, colorado de capa y con hechuras de vaca vieja, no pudo pegarle un pase y estuvo muy habilidoso para quitárselo de en medio con rapidez y oficio. A este torero también apetece volverle a ver.

Pocas opciones tuvo el mexicano Juan Pablo Sánchez, que se mostró solvente y con oficio, especialmente con el primero de la tarde, un animal que no paró de gazapear y que apenas humilló durante los primeros tercios, pero al que Sánchez supo atemperar y fijar la embestida doblándose en un buen inicio de faena, y en dos series en redondo en las que obligó al de Couto a seguir el engaño por abajo, lo que parecía un milagro por todo lo que el animal había hecho hasta ese momento. Luego ya vino a menos en sus acometidas y con ello la faena. No hubo lugar a casi nada ante el cuarto, con el que lo intentó, pero la brusquedad del carbonero no fue el mejor aliado para que Juan Pablo se marchara a México con buen sabor de boca. 

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