Puerta Grande para un dispuesto y poderoso Román
El valenciano desoreja a un bravo toro de Victorino Martín a base de mando, disposición y poderío. Morenito de Aranda y Fernando Adrián no pasan de voluntariosos.
Por Álvaro Acevedo / Foto: Plaza 1
Madrid. Sábado, 6 de junio. Penúltima de la Feria de San Isidro. “No hay billetes”. 6 toros de Victorino Martín, desiguales de presencia y juego. Destacó el bravo 3º y el humillador 4º. Morenito de Aranda, silencio tras aviso en ambos; Fernando Adrián, algunos pitos y silencio tras aviso; y Román, dos orejas y silencio. Salió por la Puerta Grande.
Román no perdió un instante cuando el tercer toro de la tarde se le vino fuerte junto a las rayas de picar, que era el terreno donde el valenciano comenzaba su faena. Dos pases de tanteo y en el tercero ya estaba con la muleta puesta para torear con la derecha en una primera serie crucial, porque en ella impuso su dominio sobre el toro con unos muletazos llenos de mando, quietud y limpieza.
Pero a su disposición le acompañó la clarividencia, que es lo que pasa cuando los toreros están seguros de sí mismos, con valor. Román se quedó en el sitio para ligar, sin titubeos, muy bien colocado, y cuando el toro apretó mucho le perdió un solo paso mientras los pitones pasaban veloces y cerca de la taleguilla. Fueron dos series emocionantes y llenas de firmeza en las que Román no le cambió el pitón al toro ni en los pases de pecho, pues en el último derechazo se cambiaba la muleta por detrás y remataba por el mismo lado.
Por el otro, el de Victorino tenía guasa, pero estábamos en Madrid y había que coger la izquierda. Fue el segundo momento clave de su triunfal faena, porque Román no se puso de mentira, sino dispuesto a lo que fuese. Cuando remató aquel puñado de naturales a cara o cruz tenía ya la oreja en su mano, pero como quería más soltó la espada y dibujó una última tanda diestra, ahora sin la ayuda del estoque, que hizo que el público se le entregara definitivamente en justa correspondencia a como él se había entregado con el toro. Una gran estocada volcándose sobre el hoyo de las agujas multiplicó la petición, y las dos orejas del bravo toro de Victorino fueron a parar a su esportón.
La tarde se centró en aquellos diez minutos soberbios. Morenito de Aranda se empeñó en torear al primero de su lote por el pitón más difícil, que es la mejor forma de estropear también el otro lado; y consiguió pases buenos sueltos frente al cuarto en un trasteo desigual, amontonado, con demasiados toques bruscos, perjudiciales frente a un toro que arrastró el hocico, que embistió mucho y que tuvo temple. Otra cosa fue el lote de Fernando Adrián, muy atosigante e incómodo su primero, con el que se esforzó sin encontrar la comprensión de los tendidos; y noblote y diciendo poco el quinto, frente a un torero que dijo menos todavía. El sexto se desentendió pronto de la pelea y Román hizo bien en no perder el tiempo. La Puerta Grande le estaba ya esperando...