Duros como una (juan) pedrada

Bronca y difícil corrida de Juan Pedro Domecq y gran esfuerzo de Clemente. El francés hace una importante faena al quinto toro pero termina siendo volteado y lesionado en el codo.

 

Por Álvaro Acevedo / Foto: Plaza 1

Madrid. Viernes, 5 de junio. 25ª de la Feria de San Isidro. "No hay billetes". 5 toros de Juan Pedro Domecq y 1 sobrero de Montalvo (2°), dispares de presencia, broncos, sin clase ni entrega. Uceda Leal, silencio en su lote; Clemente, silencio y cogido; y Pablo Aguado, pitos y silencio.

Gran tercio de varas de Manuel Jesús Espartaco.

Clemente fue el torero que estuvo más cerca de imponerse a una corrida de Juan Pedro Domecq muy dura, que ofreció un muestrario de derrotes y cabezazos de todos los colores. Con otro hierro, los toreros crucifican la ganadería para varios trienios y a los toristas les hubiera parecido encastadísima. En realidad, lo que desarrolló fue un genio y una falta de clase flagrantes, haciendo imposible un toreo que no fuese de orden defensivo.

Clemente no había terminado de dar el paso con el sobrero de Montalvo, que se movió mucho y sin entrega, pero con el que el francés no terminó de comprometerse. Le dio pases sí, pero fue todo muy cerebral, demasiado aliviado, sin la entrega que exigía el compromiso. Mas la decoración cambio radicalmente en su faena al quinto de la tarde, feo de estampa, venido arriba en el último tercio y que se dejó meter mano mejor por el pitón derecho. Aquí Clemente fue otro, ejecutando un toreo de mucho más ajuste, más embraguetado, dejándole la muleta puesta a su oponente y tirando de la embestida con firmeza y mando. ¿Fue mejor este toro que el otro? No lo creo, sino más bien que el torero se puso en el sitio y desengañó al de Juan Pedro en dos series bravías con la diestra, muy poderosas. Por el izquierdo cogía moscas pero al francés no le importó, y tras arrancarle unos naturales de enorme mérito, se confió al cruzarse demasiado en corto y con la muleta retrasada, y el toro, muy vivo, lo sorprendió y por supuesto no lo perdonó. La cogida fue violentísima y la sensación de cornada fuerte planeó por toda la plaza. No la llevaba, pero a ver qué pasa con esa lesión de codo.

Respecto a Uceda Leal y Pablo Aguado hoy sí podemos decir sin ningún tipo de reservas que sus toros fueron a contraestilo, es decir, toros broncos para toreros templados. El sevillano quiso y lógicamente no pudo con el primero de su lote, una máquina de pegar gañafones; y llegó ya desmoralizado a su encuentro con el sexto, con Clemente en el hule y la corrida, imposible de enderezar.

Y en cuanto a Uceda Leal, tenemos ante nosotros el ejemplo de cómo la mayoría sólo es capaz de ver lo evidente. Será criticado, pero ninguno de los cuatro toros que ha matado en San Isidro le ha dado la más mínima opción de desplegar su toreo, que es un toreo de estilo depurado y mucho empaque. De lo que no hay.

Hoy su lote fue complejísimo, fiero, áspero y orientándose a medida que se desarrollaban las faenas, peor su primero que el otro. Uceda les cogió la mano izquierda a sus dos enemigos, y casi sin toques para no violentarlos más de lo que ya estaban, quiso tirar de ellos y en contadas ocasiones lo consiguió, especialmente en su segundo, al que le pegó tres o cuatro naturales casi imposibles. Pero los milagros no duran jamás una faena entera, y el toro le negó después cualquier posibilidad de triunfo. Como hay gustos para todo, habrá quien celebre la lidia de estos seis toros sin el menor atisbo de ritmo, de entrega, de calidad. No se cayó ninguno, es cierto, pero porque lo que no embiste no se puede caer. He aquí otro tipo de juanpedrada: qué cosa más malísima…

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